Fotos: Roberto Márquez
Texto: Juan Carlos Villafranco
Redacción Diario Co Latino
La molienda, que fue sustituida por los ingenios, sigue endulzando la vida de los salvadoreños, pero principalmente a todos aquellos que su principal disfrute es el azúcar.
La producción artesanal, que nuestros antepasados ocupaban para endulzar sus alimentos y bebidas se originaba en las moliendas conocidas popularmente como “trapiches”.
Hoy en día, estas moliendas mueren lentamente en el abandono y las pocas que han quedado se mantienen gracias a los artesanos, quienes perseveran en el oficio de la producción de la melaza, dulce de panela y otros derivados que datan desde la época colonial.
¿Cómo se obtienen estos productos? Al caer la noche, una “yunta de bueyes” inicia el trabajo de la molienda, cuando en el trapiche comienzan las vueltas interminables de los dos bovinos atados, mientras el delicioso jugo se desliza entre enormes piñones que aprisionan los manojos de caña hasta dejar el seco bagazo.
Ya en horas de la madrugada, con la leña como combustible, enormes peroles hierven las mieles hasta convertirlas en una energizante melaza de color café, que despide un delicioso espumarajo que corona los depósitos, de donde niños y adultos, con bagazo de caña lo toman, como el turrón de un pastel.
Quizá todos conocemos el dulce de panela o atado, ese es uno de los productos que se resiste a morir, al igual que la molienda, por ese “toque adictivo” a sabrosos platillos típicos como las tradicionales torrejas, las semitas mieludas y muchos más.



