RAQUEL: Emisoras Latinas en vísperas de concluir la cobertura especial de la segunda venida de Jesucristo a la Tierra. Nuestros micrófonos siguen instalados en algún lugar de Galilea y con nosotros, ya casi de despedida, Jesucristo.
JESÚS: La paz contigo, Raquel.
RAQUEL: Lo veo de muy buen humor esta mañana.
JESÚS: Sí, estoy contento. Mucho.
RAQUEL: ¿Y puede saberse el motivo?
JESÚS: Anoche estuve conversando con unos paisanos de un barrio cerca de aquí. Han sufrido mucho, pero se reían. Me invitaron a comer. Forman un grupo, ¿sabes? Están luchando para que las cosas cambien en esta tierra. Me parecía estar con Pedro y Juan y María y…
RAQUEL: ¿Eran cristianos?
JESÚS: No sé, no les pregunté eso. Pero estaban muy unidos. Un solo corazón y una sola alma.
RAQUEL: No quiero cambiarle su buen humor, pero tengo que aprovechar estas últimas entrevistas para una pregunta crucial. Una pregunta que le quema el alma a muchos oyentes.
JESÚS: ¿Y de qué se trata?
RAQUEL: Yo no he querido hacerla por… bueno, para que no digan que los periodistas violamos la intimidad de los entrevistados.
JESÚS: No des tantas vueltas, Raquel. ¿Qué quieres saber?
RAQUEL: Pues verá, Jesús, toda la fe cristiana, toda la religión cristiana, se basa en su resurrección. Que usted resucitó al tercer día. El Viernes lo crucificaron, el sábado no pasó nada, pero el Domingo resucitó. ¿Esto es verdad o lo inventaron los evangelios o es otra metáfora o...? ¿De qué se ríe?
JESÚS: Yo pensé que ibas a preguntarme sobre hijos o amores… Escucha, Raquel. Cuando pasó lo que pasó en Jerusalén, los del movimiento quedaron muy desanimados, derrotados. Y no era para menos. Esa Pascua, cuando entramos en el Templo y expulsamos a los mercaderes, había tanta gente ilusionada… Yo, el que más. Soñamos que Dios ya iba a meter su mano por los pobres. Pero sabes lo que ocurrió. Hirieron al pastor y se dispersaron las ovejas. Fue un golpe muy fuerte para todos.
RAQUEL: Usted murió y… ¿y qué hicieron sus discípulos?
JESÚS: Al principio, según me cuentan, se escondieron. Se encerraron en una casa. Luego, fueron las mujeres las que rompieron el miedo. Mi madre y María Magdalena y Salomé y las otras no se resignaron a mi muerte. Dieron testimonio, anunciaron que yo estaba vivo.
RAQUEL: Pero usted… ¿estaba vivo? Quiero decir, ¿había resucitado de entre los muertos?
JESÚS: Sí. Ellas me resucitaron.
RAQUEL: ¿Cómo que ellas?
JESÚS: Las mujeres.
RAQUEL: Discúlpeme, pero no entiendo nada. ¿El sepulcro estaba vacío?
JESÚS: El corazón estaba lleno. Lleno de fe, de esperanza.
RAQUEL: ¿Qué pasó aquella mañana del domingo cuando María Magdalena fue al sepulcro donde habían puesto su cadáver?
JESÚS: Pasó que el Espíritu de Dios la llenó de fuerza, de alegría. A ella y a las otras mujeres. Y ellas animaron a los hombres, que seguían acobardados. Y salieron a las calles a contar a todo el mundo que el Reino de Dios había llegado, que las cosas pueden cambiar, que van a cambiar.
RAQUEL: Disculpe que insista, pero cuando ellas contaban eso… ¿usted estaba vivo o no?
JESÚS: Claro, Raquel, yo estaba vivo en ellas.
RAQUEL: Ahora soy yo quien le pide que no dé vueltas. ¿Usted resucitó, es decir, la tumba se abrió y usted se levantó y salió del sepulcro caminando, o volando, me da igual, pero su cadáver se transformó en… en…?
JESÚS: Es el espíritu el que resucita, Raquel, no la carne. Es el Espíritu de Dios que nos da la vida el que nos hace resucitar.
RAQUEL: Sí, pero, ¿y su cuerpo?
JESÚS: El polvo vuelve al polvo de donde vino. Y el espíritu renace en la comunidad. Y ahí se multiplica, como los granos de trigo.
RAQUEL: Pero… entonces… usted ahora… ¿qué es?... ¿quién es?
JESÚS: Soy Jesús, Raquel. Y deja de hacerte preguntas. Olvídate de mí, quiero llevarte a esa comunidad que te conté.
RAQUEL: Pero yo lo estoy viendo a usted con estos ojos. ¿O será que…?
JESÚS: Sólo vemos bien con el corazón, Raquel. Aquel domingo ellas me vieron con el corazón. Y ahora, ¡ven a conocer a estos paisanos, yo vivo ahí!
RAQUEL: Bueno, sí, pero… espere que despida el programa… Para Emisoras Latinas, Raquel Pérez.
María y José Ignacio López Vigil, Otro Dios es posible
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