Eduardo Badía Serra
Decía Annah Arendt, la famosa filósofa alemana de mediados del siglo pasado, alumna de Martin Heidegger y de Karl Jaspers, que la política es el espacio público apropiado al interior del cual se hace posible la cooperación entre los ciudadanos; pero agregaba que en la actualidad, este espacio se encuentra amenazado en los ámbitos de la vida por la invasión de la economía. La política, decía, permite distinguir al hombre del resto de los animales, pues aquellos son capaces de ligarse entre si por medio de la palabra y de la acción conjunta, para hacer del mundo, un mundo común.
El hombre, continuaba Arendt, debe trabajar, obrar y actuar, y estas tres condiciones conforman precisamente la condición humana del hombre moderno: Por el trabajo, el hombre sobrevive como especie; por el obrar, el hombre da estabilidad al mundo y lo constituye como un lugar de estadía, habitable; y por el actuar, los hombres se ponen en contacto entre si, en relación entre si, directamente, sin mediaciones.
Es, pues, en la acción, en el actuar, que el hombre se vuelve animal político, pues el diálogo público une a los hombres con un vínculo social que les permite recoger juntos las ocasiones. El diálogo es, así, de acuerdo a Arendt, la fuente de todo poder político.
Como señala la famosa filósofa, este espacio que permite la cooperación entre los ciudadanos, se encuentra amenazado hoy por la invasión de la economía. Ahora, todo el debate se reduce a lo económico. Hay una especie de pan-economismo que no permite que lleguen al diálogo otros elementos distintos de la acción.
Esta es, realmente, una amenaza concreta, porque, como continúa diciendo Arendt, con ello crece el riesgo de que un dominio totalitario consiga crear una determinada situación social y a destruir así la libertad política.
La economía y la política son dos de los cuatro planos estructurales del hombre, precisamente, los planos de los medios, de los medios de los cuales se vale el hombre para lograr sus otros planos, los planos de los fines, esto es, el plano de la cultura y el plano de la participación.
El hombre no está completo si falta alguno de los cuatro, o si alguno niega u oculta a otro, o si, sobre todo, se invierte la jerarquía, como es el caso, en el cual, el plano de lo económico se ha convertido en un verdadero fin de la acción humana. Este pan-economismo que lo cubre todo, es un obstáculo para el logro del desarrollo humano: Lo económico opaca lo político, y por supuesto que anula lo cultural y lo participativo.
El rol del hombre es librar su lucha económica, y nada más. Ello se advierte singularmente en esta cuestión del predominio de la ratio técnica sobre la razón práctica, o, dicho de otra forma, del predominio de la tecnología sobre la moral. Si bien la ciencia y la tecnología lo cubren todo en estos momentos de post-modernidad acelerada, y si con ello aceptamos, como decía Ellacuría, que las ciencias son modos de apropiación de la realidad, hay que admitir que, como él mismo también decía, estos modos no son suficientes. La cultura, decía él, es la forma de la vida, es la forma de encontrarse con la vida.
El presagio del futuro sigue siendo oscuro. La política, al ser devorada por la economía, es incapaz de convertirse en ese espacio público en el que los hombres dialogan, apropiándose así de su naturaleza y de su realidad. Es necesario recapacitar, porque no le debe bastar al hombre sobrevivir por el trabajo ni obrar para hacer habitable su mundo.
Es necesario provocar ese diálogo público que permita que el hombre se vuelva animal político uniendo a la especie con un vínculo social. No vaya a ser que ese pan-economismo vaya consolidando ese estado de cosas proclive a la instauración de un dominio totalitario.
Por eso, yo digo: Pueblo, ¡Rechaza las discusiones ligeras! Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena! Pueblo, ¡Levántate y anda! Pueblo, ¡decídete por el cambio! ¡Anida la esperanza! ¿De política? ¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooo-ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo-ooooooooooooooooooooooooooooo oooooooooooooooooooooooooooooooooooooo oooooooooooooooooooooooooooooooooooooo-oooooooooooooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.



