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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Martes, 16 de Marzo de 2010 / 08:44 h

Medio ambiente y salud

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MSP.Dr. Roberto German Tobar Ponce

El hombre sigue siendo, por excelencia, el animal más cruel sobre la faz de la tierra, su malignidad la ejerce principalmente contra sus semejantes y generalmente por motivos económicos, políticos o religiosos, sin dejar fuera de ella a la naturaleza que es víctima predilecta de la codicia humana, tópico a tratar en este artículo. En nuestro país el artículo 117 de la Constitución de la Republica establece que:”Es deber del Estado proteger los recursos naturales, así como la diversidad e integridad del medio ambiente, para garantizar el desarrollo sostenible. Se declara de interés social la protección, conservación, aprovechamiento racional, restauración o sustitución de los recursos naturales, en los términos que establece la Ley. Se prohíbe la introducción al territorio nacional de residuos nucleares y desechos tóxicos”.

Por ello una de las principales responsabilidades del sistema sanitario del país debe ser la protección del bienestar público, mediante el aseguramiento de un ambiente físico y social saludable, que posibilite el desarrollo humano sostenible. Esta responsabilidad es enorme y de una importancia fundamental para la armonía social.


Debo comenzar por señalar que, además de la acción destructora directa del hombre, las inequidades en materia de educación, empleo, salud y derechos políticos, afectan directamente a las personas para que seamos más susceptibles a los impactos ambientales negativos. Otros factores influyentes son la globalización, la reforma del Estado, la privatización de los servicios públicos, la depresión y distorsión del mercado laboral, la urbanización descontrolada y otros actos que van contra la naturaleza y la razón.

Existe consenso que el desarrollo humano sostenible depende tanto de la reducción de la pobreza como de la protección  y promoción de la salud. En las últimas décadas, las desigualdades en materia de condiciones de vida en Latinoamérica se ha ido acentuando, y las relacionadas con la salud ambiental no constituyen una excepción, siendo parte del deterioro de la salud en general.

Todos estamos relacionados y nos relacionamos con todo, con el medio ambiente en que vivimos y con los semejantes con quienes convivimos. Es tan importante la investigación moderna de esta forma de relación humana-naturaleza, que se observan desigualdades importantes no solo en los efectos directos sobre la salud o el acceso a los servicios, sino también en la exposición a riesgos ambientales en cada país y por ende a sus grupos poblacionales.

Se estima que un  23% de todas las defunciones de la población mundial se deben a factores relacionados con el  ambiente, según datos de la OPS, es en los países en desarrollo de un 25% y en los desarrollados de un 17%. La Salud Ambiental se asocia a las determinantes estructurales de la salud, que son:

a) Sociales, (Empleo, educación, violencia y cambio demográfico);

b) Económicos (Distribución de ingresos, pobreza y globalización);

c) Políticos (Democratización, gobernabilidad, transparencia, responsabilidad, legislación y derechos humanos);

d) Ambientales (Agotamiento de recursos, cambio climático, vulnerabilidad y contaminación);

e) Tecnológicos( Acceso a la información); y

f) Biología humana( Genética e inmunología). Dentro de los factores determinantes intermedios tenemos:                      

a) Condiciones de vida deficientes

b) Riesgos y peligros ambientales y

c) Cambios de vida y de comportamiento. De los factores estructurales y de los intermedios nos resulta la esperanza de vida, la mortalidad y la morbilidad de nuestra población. En los países latinoamericanos más de 300 millones de personas viven en las grandes ciudades y esta es una realidad que se presenta especialmente en nuestro país donde ha habido una gran concentración de sectores poblacionales en la zona metropolitana, debido a los lugares de trabajo y de vivienda.

Hay lugares que se han convertido únicamente en ciudades dormitorios, como Soyapango, lo que hace más vulnerables a los pobladores de la zona, pues con el transporte descontrolado se contamina más la ciudad y en consecuencia el daño a la salud es mayor.

Especialmente afectados son los pobladores de las zonas marginales, que viven en zonas de residuos peligrosos, con escaso acceso al agua potable y sin el saneamiento adecuado, sin la eliminación adecuada de desechos, sufriendo la contaminación química, el tabaquismo y los riesgos físicos asociados con el hacinamiento urbano.

El crecimiento urbano ha debilitado la capacidad de las instituciones de dar servicios  básicos de salud, pero la desigualdad en materia de salud ambiental no es característica exclusiva de lo urbano, pues existe gran vulnerabilidad en zonas rurales donde se desarrollan industrias de explotación sumamente contaminantes, como la minería y donde no hay condiciones básicas de salud.

El futuro de la población actual y de las generaciones venideras dependerá de cómo se proceda en la gestión y desarrollo de un ambiente sostenible y saludable.

Debemos responder las siguientes interrogantes: ¿Se encuentran la industria moderna y la actividad económica causando un declive irreversible en el estado del medio ambiente, causando así problemas cada vez mayores para la salud humana? ¿Son los niños y los pobres las víctimas inconscientes de nuestra sociedad mercantilista? ¿Nos encontramos en una “carrera hacia el fondo” que ultimadamente nos llevará al fin de la humanidad? Responder a ello es vital y con ese fin ofrezco una reseña de  evidencia científica disponible relacionada al impacto del ácido cianhídrico, pesticidas, dioxinas, nitrato, radiación, inhibidores endocrinos (alteradores de géneros), y otros con el calentamiento global.

En muchos casos, la ciencia es extremadamente compleja. A finales del siglo XIX la cantidad de dióxido de carbono (CO2) que contenía la atmósfera era aproximadamente de 285 partes por millón, a finales de los años cincuenta después de haber iniciado la quema de petróleo, carbón y gas natural, se reporto un nivel de 315 partes por millón, y en la actualidad se identifican 380 millones de parte por millón, pudiendo tener un incremento de la tasa de 2 partes por millón.

Todo lo anterior es lo que crea el llamado “efecto invernadero”, es decir la emisión de gases que en los seres humanos directamente producen alteraciones por el cambio climático, por el consumo de los derivados del petróleo y el carbón mineral pues  al quemar combustibles fósiles se produce el CO2 durante la combustión y este fenómeno se da especial  en los sectores productores de energía (quema de petróleo) y en el sector de desechos (rellenos sanitarios).

En nuestro país se estima una emisión de 1.6 toneladas de CO2 por habitante, comparado con los países industrializados que era, en 1990, de 13.34 toneladas de CO2 por habitante, esto nos dice que es poco con respecto a los países industrializados, pero sumado a todas las cifras que producen  los países del mundo es contributiva al calentamiento global y por ende somos parte del daño del ecosistema mundial.

Para nuestro país al igual que muchos otros países de Latinoamérica en vías de desarrollo, el cambio climático acarrea un impacto  sumamente negativo en nuestra salud pues ella está directamente vinculada con el medio ambiente en que vivimos. Para muestra podemos ver las estadísticas del Ministerio de Salud Pública: En el 2006 se reportaron 20,636 casos de Dengue, 11,320 casos nuevos hasta el 31 de Octubre de 2007, en la actualidad tenemos una epidemia de dengue y se está disparando el rotavirus causante de diarreas, ambas enfermedades ponen en riesgo a los niños de nuestro país, además se están dando  gran cantidad de infecciones de vías respiratorias agudas, neumonías y conjuntivitis.

Toda alteración del cambio climático es consecuente con la aparición de epidemias, de enfermedades; los criaderos de zancudos son causantes del dengue y la contaminación de las aguas por las industrias y la búsqueda de metales a través de la minería, tal es el caso de los pobladores de Morazán, principalmente por el daño a los mantos acuíferos; otro caso conocido es el de las Baterías Record en Sitio del niño el de las y las Baterías Superior en la zona de San Diego. Nuestra institucionalidad aun no reacciona con la debida diligencia y prontitud, en cambio parece mirar al otro lado cuando se trata de grandes empresas.

El único caso en que se ha condenado a una empresa a sanción penal y a resarcir daños, es el famoso caso de los tóxicos de Suchitoto, donde la comunidad impidió el entierro de varios barriles con veneno y los delincuentes fueron capturados en flagrancia. Se hizo juicio a los responsables y se les condenó, pero ello provocó una reforma a las leyes para proteger a las empresas contaminadoras.

Si bien las inundaciones causan muertes, lesiones, daños severos en las viviendas de los pobladores, así como a la productividad agrícola, son los productos químicos los más contaminantes. El ácido cianhídrico, que se puede encontrar en nuestro medio en el uso de la industria, es un químico incoloro, inodoro e insípido que es utilizado en muchos procesos industriales así como en algunas tareas domésticas.

Desafortunadamente, el ácido hídrico es responsable por la muerte de miles de personas cada año, principalmente como resultado de la inhalación accidental. El cianuro de hidrógeno se produce en grandes cantidades en todo el mundo por la industria química, es usado entintes, explosivos y producción de plásticos, Una concentración de 300 partes por millón en el aire es suficiente para matar a un humano en cuestión de minutos. Su toxicidad se debe al ion cianuro CN-, que inhibe la respiración celular.

b)  Químicos en la agricultura y los alimentos, los químicos que aumentan la productividad significan que más alimentos pueden ser cultivados en menos tierra, lo cual reduce la presión sobre los terrenos silvestres. Mientras tanto los químicos que sirven para la erradicación de hierbas con poco labrado reducen la erosión del suelo cuando la tierra es arada. 

A pesar de estos beneficios observables, ha habido un fuerte movimiento a favor de la regulación de químicos utilizados en la agricultura y los alimentos; debemos saber que algunos de los primeros pesticidas eran altamente tóxicos, al mismo tiempo que muchos de los primeros aditivos alimenticios eran venenosos en las dosis presentes en la comida. Sin embargo, en la mayoría de los casos estos químicos fueron eliminados de la cadena alimenticia a principios del siglo XX principalmente a través de las acciones de presión por organismos ambientalistas.

Como resultado, las preocupaciones se trasladaron a otros asuntos, como el cáncer. Los temores aumentaron en la década de los cincuenta, cuando las pruebas empezaron a demostrar que, dados en concentraciones suficientes, muchos de los químicos utilizados en la agricultura y los alimentos causaban cáncer en roedores.

No obstante, con el tiempo se hizo claro que una gran proporción de todos los químicos, sintéticos y naturales, son carcinógenos. Nuestra obsesión con el potencial efecto carcinógeno de los químicos sintéticos utilizados en la agricultura y la producción alimenticia nos ha distraído sobre el enfoque que debemos tener sobre los alimentos que deberíamos consumir si queremos obtener los micronutrientes que ayudan a mantener saludables nuestras defensas corporales, de tal forma que podamos enfrentar la gran cantidad de ataques que nuestro cuerpo enfrenta todo los días, principalmente debido al ambiente contaminado. 

La evidencia sugiere que comer frutas frescas y vegetales ayuda al cuerpo humano a defenderse del cáncer.  Las dioxinas son una clase de compuesto químico  temido son producidas durante el proceso natural de combustión y como resultado de ciertos procesos industriales. Si bien la exposición a ciertas dioxinas en concentraciones muy altas podría tener consecuencias negativas sobre la salud, “tales concentraciones rara vez son alcanzadas incluso en humanos expuestos y altamente contaminados”.

Ya que los humanos consumen la mayor parte de sus dioxinas de los alimentos que ingieren y debido a que las concentraciones en los alimentos están a niveles que son casi indetectables, además de inofensivos, es muy poco probable de hecho que una dioxina nos esté causando algún daño. Los nitratos se utilizan como conservantes alimentarios, Se ha  demostrado durante los años la relación que hay entre estos aditivos y la formación de nitrosaminas, que son unas moléculas cancerígenas.

La radiación y el  cáncer, Si bien han sido claramente establecidos los efectos perjudiciales de las altas dosis de radiación ionizadora causantes de lesiones en medula ósea de los pacientes, no es el mismo caso con las dosis bajas.

Calentamiento global y la salud humana, uno de los temas favoritos del movimiento ambientalista mundial es el miedo de que los humanos estemos teniendo un impacto generalizado sobre el ambiente que eventualmente regresará a perseguirnos en algún momento futuro no especificado.

Con el fin de concretar un poco más estos conceptos, Un buen ejemplo es la supuesta amenaza de un incremento en la incidencia de la malaria como resultado del calentamiento global pero dicha enfermedad no solo se da en países tropicales; Otro problema de salud humana es responsabilizar al calentamiento global de las muertes relacionadas a cambios en la temperatura, probablemente, muchos de los que mueren ya se encontraban muy enfermos y habrían muerto de todas formas en las siguientes dos o tres semanas, aunque puede ser coadyuvante en el desenlace del fallecimiento,  de hecho, la realidad es contundente en que las temperaturas frías continúan siendo la principal contribuyente a la mortalidad humana .

Latinoamérica se ha convertido en años recientes en un campo de acción de los ambientalistas que buscan disminuir o eliminar algunos  riesgos químicos, pero debemos medir sus consecuencias en las medidas a implementar pues debemos saber que la medicina a dar no sea más dañina que la enfermedad, quizás el ejemplo más lamentable fue lo ocurrido en la década de los noventa en el Perú, donde las autoridades locales siguieron el consejo de organismos extranjeros y redujeron la cantidad de cloro en el agua dispuesta por el gobierno peruano.

Según estos organismos, los cuales a su vez habían sido influenciados por grupos de activistas, el cloro causa cáncer, y existía un riesgo de que buena parte de la población se viera en riesgo. El resultado de dicha acción no pudo ser más desastroso.

En enero de 1991 se declaró una epidemia de cólera en el Perú que le costó la vida a cerca de 20.000 personas en cinco años y afectó a otras 310.000. La epidemia se propagó por 14 países del continente americano hasta llegar a convertirse, según la Organización Mundial de la Salud, en la séptima pandemia más letal de este siglo.

Por eso debemos ser cuidadosos en nuestro accionar contra las perversidades de los mercantilistas al hacer señalamientos, así  también como en el uso de producción de la electricidad por combustión que es causal de daños al sistema respiratorio del ser humano,  el uso de la minería y sus riesgos con los químicos a usar en esos procesos de extracción de los metales preciosos por estas organizaciones mundiales que solo buscan el enriquecimiento y no se apegan a las a leyes del medio ambiente de los países donde laboran, llegando hasta violentar los derechos humanos de la población, y no  la protección de los ciudadanos pues las aguas se contaminan y esto golpea la salud de los habitantes en  enfermedades como a) la insuficiencia renal que tiene una  prevalencia nacional de 274 x 100,000 habitantes en 2008 y b) neoplasias.

En junio del 2005, los ministros de Ambiente y Salud de los diferentes  países de América tuvieron su segunda reunión en Buenos Aires, Argentina, entre los puntos que se consideraron estuvo cómo garantizar un ambiente seguro y saludable “para nuestros niños”. 

En la cumbre ministerial se  adoptaron regulaciones especiales que garantizarían que los niños del presente y futuro se encontraran protegidos de riesgos ambientales a su salud. Sin embargo, quizás la mejor manera de alcanzar este objetivo es permitir el desarrollo económico.

El continente americano ilustra muy bien la transición de la pobreza y la contaminación a la riqueza y la salubridad, Por un lado, Canadá y Estados Unidos son países ricos y desarrollados que hace muchos años hicieron esta transición.

 La gente en esta parte de América generalmente vive muchos años, se beneficia de una economía e infraestructuras totalmente integradas, y tienen pocos problemas ambientales locales como contaminación, aguas sucias, y mala salubridad.

Esto trae beneficios a la salud humana la gente por lo general vive por más años y no tienen que realizar trabajos pesados.

En contraste, los demás países del continente americano  y las naciones del Caribe se encuentran en una etapa temprana de desarrollo. Estos países cuentan con diferentes prioridades y muchos aún necesitan llevar a cabo la transición para convertirse en naciones tecnológicamente sofisticadas y completamente desarrolladas.

Muchos de los países latinoamericanos aún sufren del subdesarrollo, de la corrupción, y de la carencia de instituciones que permitan el crecimiento económico. Algunos no cuentan con instalaciones sanitarias básicas, y mucho menos con las tecnologías médicas sofisticadas que disfrutan los del Norte. Los más ricos son más sanos, limpios y “verdes” 

El desarrollo económico y los aumentos asociados en la riqueza, el incremento en la efectividad de las tecnologías, y las mejoras en la infraestructura han sido los principales motores en el avance de la calidad de vida de millones de niños alrededor del mundo. Más riqueza significa que los niños pueden ir a la escuela en lugar de trabajar en el campo.

Tecnologías más efectivas permiten la erradicación de enfermedades que se transmiten a través del agua. Una mejor infraestructura significa que los niños pueden tener acceso a una variedad de alimentos y medicinas que les permitirán crecer sanos y vivir mejor. La combinación de un aumento de la riqueza y una mejora de la tecnología puede ser una fuerza poderosa para la protección ambiental.

Al inicio del siglo XX, los pueblos británicos eran azolados por nubes tóxicas causadas en gran parte por la quema de carbón en fogatas domésticas. A lo largo de las siguientes cuatro décadas, los dueños de las casas fueron cambiando gradualmente y voluntariamente a plantillas de gas como parte de sistemas de calefacción cada vez más sofisticados. El resultado fue una reducción dramática en la contaminación y en la incidencia de enfermedades relacionadas con ésta.

Al momento en que se aprobó la Ley de Aire Limpio de 1956, la cual obligaba el reemplazo de las fogatas de carbón por plantillas eléctricas o de gas. Conforme un país se hace más desarrollado económicamente y tecnológicamente, con el fin de mejorar su calidad de vida primero enfrenta necesidades inmediatas como la alimentación, la calidad del agua, los servicios médicos básicos, la electricidad y la educación. Una vez que estas necesidades son resueltas satisfactoriamente, el país vuelve su atención a otros determinantes de su calidad de vida, como la contaminación del aire y otros asuntos ambientales. De tal forma, el país especifica sus deseos por un ambiente más limpio a través de diferentes políticas.

El cambio climático afecta el desarrollo económico, lo saben los economistas y los políticos, como el ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, que lo ha denunciado a nivel mundial sin aún encontrar eco ni siquiera en su propio país. No estamos en contra del desarrollo sino a favor de un tipo de progreso que vaya de la mano de la protección del medio ambiente, que respete a la naturaleza, de un desarrollo sustentable como se le define ahora.

Necesitamos ese tipo de políticas, que sin sacrificar el desarrollo económico no dañe el medio ambiente sino, al contrario, lo respete y lo fortalezca, pues sabemos que un mayor desarrollo económico y tecnológico ayuda a convertir esas políticas en realidad. Entre más próspero es un país, más puede enfrentar los costos de investigar, desarrollar e instalar tecnologías más limpias, eso es evidente, sin recursos no se puede proteger al hombre ni a la naturaleza.

Es una tristeza que los gobiernos del mundo no acaben de comprender y ponerse de acuerdo en la necesidad de detener drásticamente el deterioro ambiental acelerado por proteger intereses meramente económicos. Los pobres causan perjuicio por necesidad, como cortar ramas y árboles para leña y quemar suelos para sembrar maíz, pero otros destruyen sin misericordia por codicia. No hay comparación. Termino este artículo, como siempre lo hago, con un mensaje, esta vez de Indira Gandhi quien dijo: “La pobreza es el peor contaminante”, y yo añado que el daño mayor lo produce la pobreza de mente.

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