Al mantener su posición para que se suprima el cargo fijo en las tarifas telefónicas, el FMLN ha sido leal a las mayorías. Pero el resto de la Asamblea Legislativa, con su negación al estilo San Pedro, encontraron más beneficioso salvaguardar el interés de las empresas que priorizar los escasos ingresos del usuario; ya el Ejecutivo, con su inmediata reacción y sus observaciones al Decreto, había iniciado el repliegue.
Y así, todo quedó en una cosmética rebaja, de nueve a siete dólares. Observaciones y reculada, los protagonistas no se han preocupado en desvirtuar el cálculo del diputado Lorenzana, que ha hecho ver que la inversión de la compañía prestadora del servicio se recuperó en los dos primeros años del contrato; son más de 100 millones de dólares recibidos sin justificación cada año, mientras, para el delincuente “marero” si es sorprendido en raterías, sufre cárceles envilecedoras.
Excúsennos el ex abrupto, pero todo apunta a que percibamos una clara señal de que se perpetúa el beneficio de las minorías, esta vez de las transnacionales; y en defensa de sus propios intereses, las demás empresas telefónicas, de capital nacional, nos hacen ver que es absurdo que sea más caro llamar de un fijo a un celular que una llamada a EE.UU. Todo es Claro, en la competencia entre telefónicas, los que se llevan los golpes son los usuarios; aunque para ser justos, hagamos ver las pérdidas de las transnacionales que, de algo así como un millón de líneas fijas, su ingreso anual por ese cobro se reducirá de 120 millones de dólares anuales a sólo 84.
Si no se pudo poner fin al millonario abuso, menos se podrá pedir que devuelvan lo cobrado de más. Está Claro, bastó un par de semanas de conversaciones con los diputados, para hacerles ver su error de proteger un bolsillo pobre — que “no se da nada” — pero seducido por el caché de llamar a los cheros a cada momento. El negocio de Slim, que Forbes coloca como la más grande fortuna, está por encima de los salvadoreños.
No se puede; aunque hagamos esfuerzos por no tirar piedras, el chucho insiste en mordernos los pies descalzos.



