Aunque la impaciencia de las mayorías — poco conscientes de la realidad geopolítica — critican la visita del Presidente Funes a su homólogo en USA, no advierten que el hecho es meramente protocolar, pues cualquier tema que se haya tratado y cualquier acuerdo tomado, son cuestiones decididas muy de antemano.
A la fecha, son meramente rituales en recuerdo de los largos viajes que debían hacer, antes del teléfono y el avión, los jefes de la diplomacia; con las modernas telecomunicaciones, esas visitas son casi siempre pretexto de muchos mandatarios de países pobres, para viajar y comer a expensas del erario nacional: recordemos las grandes comitivas de Flores y Saca en sus inútiles periplos. Y por eso, el ciudadano salvadoreño que está esperando ver cambios radicales, también quisiera ver que se ponga distancia con ARENA y disminuyan los viajes.
Pero el inmediatismo nos hace caer en contradicciones, pues los mismos que protestan por el viaje a USA, se quejan de la inasistencia de Funes en Cancún o se impacientan por no ver señales retadoras de un acercamiento a Venezuela. Los mandatarios de estos países pobres, mal hacen en gastar en viajes; no conocemos la solución, pero sería una buena diferencia con el pasado, si la diplomacia se actualizara y en esas necesarias comunicaciones entre mandatarios, se hiciera uso adecuado de las modernas tecnologías y el dinero se invirtiera en la medicina de los más pobres y no en hoteles cinco estrellas.
Las grandes corporaciones ya tienen reuniones virtuales con personal destacado en varios países donde administran sus intereses; pronto veremos eso a nivel gubernamental. En tanto, de la visita al gran jefe blanco, lo único no presabido fue, que para justificar su Nobel, le jalara la chaqueta al sistema egoísta de El Salvador y recomendara que los avances económicos deben apuntar a que los beneficios alcancen a todos los sectores.
Ojalá una política de austeridad, limitara los viajes en cuanto fuera posible y, lo más importante, nada de grandes séquitos de viajantes inútiles. Si la agenda gubernamental hace necesario algún viaje (aunque para eso es que se tienen Embajadores) el pueblo que paga, debe ser informado del porqué del viaje; el atarrayaso de un masivo permiso asambleístico que inventó ARENA para que viaje interminablemente el Presidente, suena a fraude y debe acabar; es otro cambio que confirmaría el distanciamiento con los viajeros gorrones de ARENA.



