Capítulo XIX
ESTUDIOS ANTERIORES SOBRE EL TEMA CONT.
Karl H. Marx
El proceso de producción finaliza en la mercancía. El hecho de haberse invertido en su producción fuerza de trabajo aparece ahora como una cualidad material de la mercancía: la cualidad de poseer valor; la magnitud de este valor se mide por la magnitud del trabajo invertido en ella; a esto se reduce el valor de las mercancías y en esto y exclusivamente en esto consiste.
Si trazamos una línea recta de una determinada magnitud, “producimos” (de un modo meramente simbólico, claro está, cosa que desde luego sabemos) en primer lugar, por la naturaleza del trazado, ejecutado con arreglo a ciertas reglas (leyes) independientes de nuestra voluntad, una línea recta.
Si dividimos esta línea en tres segmentos (que, a su vez, pueden responder a determinado problema), cada uno de estos tres trozos seguirá siendo una línea recta, y la línea entera de la que forman parte no se distinguirá en nada, por esta división, de lo que es una línea recta, para convertirse, por ejemplo, en una curva de cualquier clase.
Ni podemos tampoco dividir una línea de una magnitud dada de tal modo, que la suma de estas partes sea mayor que la misma línea indivisa: a su vez, la magnitud de ésta no se halla tampoco determinada por las magnitudes de las líneas parciales, cualquiera que sea el modo cómo de determinen. Por el contrario, son las magnitudes relativas de éstas las que se hallan circunscritas de antemano por los límites de la línea de que forman parte.
La mercancía fabricada por el capitalista no se diferencia en nada, desde este punto de vista, de las mercancías producidas por un obrero independiente, por una colectividad de obreros o por esclavos. Sin embargo, en nuestro caso el producto del trabajo y todo su valor pertenecen íntegros al capitalista. Al igual que cualquier otro producto, éste tiene que convertir la mercancía, mediante su venta, en dinero, para poder seguir manipulando con él; tiene que transferirla a la forma de equivalente general.
Examinemos el producto–mercancía antes de que se convierta en dinero. Este producto pertenece íntegramente al capitalista. De otra parte, como producto útil del trabajo –como valor de uso–, es en su totalidad producto de un proceso de trabajo ya efectuado; pero no así su valor.
Una parte de este valor no es más que el valor, reencarnado bajo una nueva forma, de los medios de producción empleados para producir la mercancía; este valor no se ha producido durante el proceso de producción de esta mercancía, pues lo poseían ya los medios de producción con anterioridad al proceso de producción e independientemente de él, y precisamente como exponentes de él han entrado en este proceso; lo único que se ha renovado y transformado es su forma de manifestarse. Esta parte del valor de la mercancía constituye, para el capitalista, un equivalente del capital constante adelantado por él y consumido durante la circulación de la mercancía.
Antes, existía bajo la forma de medios de producción; ahora, existe como parte integrante del valor de la nueva mercancía producida. Tan pronto como ésta se convierte en dinero, este valor que ahora existe bajo forma de dinero tiene que volver a convertirse en medios de producción, que adoptar su forma primitiva, determinada por el proceso de producción y por su función dentro de él. Pero, la función de capital que este valor desempeña no altera para nada el carácter de valor de una mercancía.
Una segunda parte de valor de la mercancía es la que representa el valor de la fuerza de trabajo que el obrero asalariado vende al capitalista. Este valor se determina, como el de los medios de producción, independientemente del proceso de producción en que ha de ser absorbida la fuerza de trabajo y se fija en un acto de circulación, la compra–venta de la fuerza de trabajo, antes de que ésta entre en el proceso de producción.
Por su función –la explicación de su fuerza de trabajo–, el obrero asalariado produce un valor–mercancía igual al valor que el capitalista tiene que pagarle por el uso de su fuerza de trabajo. El obrero entrega al capitalista este valor en forma de mercancía y el capitalista se lo paga en dinero.
El que esta parte del valor de la mercancía sólo represente para el capitalista un equivalente del capital variable que tiene que adelantar en salarlos no altera para nada el hecho de que representa un valor–mercancía nuevo creado durante el proceso de circulación y consiste exclusivamente en lo que consiste la plusvalía a saber: en inversión ya efectuada de fuerza de trabajo.
Y este hecho no resulta afectado tampoco para nada por la circunstancia de que el valor de la fuerza de trabajo que se paga al obrero en forma de salario revista para el obrero la forma de renta y de que, a través de ésta, se reproduzca constantemente no sólo la fuerza de trabajo, sino también la clase de obreros asalariados como tal, y con ella la base de toda la producción capitalista.
Pero la suma de estas dos partes de valor no forma el valor total de la mercancía. Queda un remanente sobre las dos: la plusvalía. Esta es, al igual que la parte del valor que resarce el capital variable adelantado en forma de salarios, un valor nuevo creado por el obrero durante el proceso de producción. Con la particularidad de que esta parte de valor no cuesta nada a quien se apropia el producto entero, al capitalista. Esta circunstancia permite al capitalista, en efecto, consumirla en su totalidad como renta, a menos que tenga que ceder algunas porciones de ella a otros copartícipes, como la renta del suelo al terrateniente, por ejemplo, en cuyo caso las partes cedidas constituyen rentas de las terceras personas beneficiadas.
Dicha circunstancia es, además, el motivo propulsor que anima a nuestro capitalista a ocuparse de la producción de mercancías. Pero, ni esta mira suya inicial y bien intencionada, la mira de embolsarse plusvalía, ni el hecho de gastársela luego como renta solo o en unión de otras personas, afectan para nada a la plusvalía, como tal. No modifican en lo más mínimo el hecho de que se trata de trabajo cuajado no retribuido, ni modifican tampoco su magnitud, la cual se halla determinada por condiciones completamente distintas.
Ahora bien; si A. Smith quería ocuparse, como lo hace, ya al estudiar el valor de las mercancías, del papel que corresponde a sus diversas partes en el proceso total de la reproducción, era evidente que si algunas partes especiales funcionan como rentas otras funcionan constantemente también como capital, debiendo, por tanto, ser designadas asimismo, con arreglo a su lógica, como partes integrantes del valor de las mercancías o partes en que se descompone este valor.
A. Smith identifica la producción de mercancías en general y la producción capitalista de mercancías; los medios de producción, según él, son de antemano “capital”, el trabajo es de antemano trabajo asalariado; de aquí que “el número de obreros útiles y productivos se halla siempre en proporción a la cantidad de capital empleada en darles ocupación” (to the quantity of the capital stock which is employed in settling them to work. Obra cit., Introducción, pp. 4–5). En una palabra, los diversos factores del proceso de trabajo –los materiales y los personales– aparecen en escena desde el primer momento desempeñando los papeles propios del proceso capitalista de producción.
Así se explica que el análisis del valor de la mercancía se haga coincidir directamente con el problema de saber en qué medida este valor crea, de una parte, un número equivalente del capital invertido y de otra parte un valor “libre”, que no resarce ningún valor–capital desembolsado, una plusvalía. Las fracciones del valor de la mercancía, comparadas entre sí desde este punto de vista, se transforman de este modo, por debajo de cuerda, en “partes integrantes” de él con existencia propia, y finalmente en las “fuentes de todo valor”.
Otra consecuencia que de aquí se deduce es la composición del valor de la mercancía y, alternativamente, su “descomposición” en rentas de diversas clases, por donde las rentas no consisten en valor de mercancías, sino éste en “rentas”.
Pero, del mismo modo que la naturaleza de un valor mercancías qua (25) valor–mercancías o del dinero qua dinero no cambia por el hecho de que funcionen como valor–capital, aquél no sufre tampoco modificación por el hecho de funcionar más tarde como renta de unos o de otros.
La mercancía de que se ocupa A. Smith es ya de antemano capital–mercancía (que encierra, además del valor–capital consumido en la producción de la mercancía, la plusvalía), es decir, mercancía producida por métodos capitalistas, el resultado del proceso capitalista de producción. Hubiera sido necesario, por tanto, analizar previamente este proceso y también, por consiguiente, el proceso de valorización y de creación de valor contenido en él.
Y, como éste tiene por premisa, a su vez, la circulación de mercancías, no es posible exponerlo sin un análisis, previo e independiente de él, de la mercancía. A. Smith, aun en los casos en que, procediendo “esotéricamente”, da en el clavo de un modo transitorio, nunca se refiere a la producción de valor más que con ocasión del análisis de la mercancía, es decir, del análisis del capital mercancías.



