Francisco Lovo Molina abrirá un museo de imprentas antiguas en junio próximo, en San Salvador; en él se podrá apreciar también una interesante colección de máquinas impresoras. Foto Diario Co Latino/Rodrigo Sura
Mirna Jiménez
Redacción Diario Co Latino
Su padre lo obligaba desde los 12 años a que le ayudara en el taller de la imprenta, en un principio no le gustaba.
Pero poco a poco se dio cuenta que atrás de una simple máquina impresora, que hacía ruido todo el día, la humanidad había logrado imprimir cosas tan grandes como la primera biblia en latín, de la cual hoy en día guarda una réplica de ella.
Francisco Lovo Molina recuerda: "Uno cuando está pequeño, pues lo obligan que tiene que ayudar en casa, mi papá me dejaba responsabilidades y yo las tenía que hacer". Ahora Lovo es el propietario de la Imprenta La Tarjeta, con la cual sobrevive él y su familia.
"Fui averiguando que detrás de esto había cosas tan importantes", comenta Lovo, quien se especializó en serigrafía, y desde hace 25 años, recoge piezas antiguas de máquinas impresoras, con la idea de crear un museo que cuente la historia de la imprenta en El Salvador.
La imprenta como tal, le dio vida al renacimiento, se le atribuye la invención al alemán Johannes Gutenberg, y sin embargo, se conoce que ya los chinos imprimían en “tipos” (letras) de madera. Gutenberg unió todos los esfuerzos y mejoró el invento. "Empezamos a recolectar equipo especial de imprenta, hemos venido cuidándolo, ahora queremos lanzar este museo en junio, porque a Gutenberg lo nombraron el Hombre del Milenio en el año 2000", precisa.
De acuerdo al propietario de la Imprenta La Tarjeta, que tiene 30 años de existir, ha empezado a tocar puertas y la gente ha respondido receptivamente, ahora los alumnos de la Universidad José Matías Delgado han empezado a trabajar en el lanzamiento del museo.
"Ellos están haciendo trabajo de campo, y estamos trabajando con ellos en la parte logística e impresión de folletos, con el fin de que la juventud y la gente conozcan la historia", así lo manifiesta este hombre, quien en la adolescencia, fundó su primer negocio.
Lovo Molina, dice que ha viajado a otros países como por ejemplo, México, donde estuvo la primera imprenta en traída a América, las piezas con las que cuenta Lovo, son más que las que tiene el museo. Entre su colección figura una de las máquinas más antiguas, la que logró rescatar de un predio baldío donde había sido enterrada por su propietaria, esta es muy parecida a la que se utilizó en la impresión de la biblia.
"La desenterramos, la dueña me dijo que se había cambiado de casa a un apartamento como no hallaba donde meter la maquinaria la enterró, una parte en un predio, y la otra parte, en su apartamento", describe Lovo Molina.
La máquina de 1830, la adquirió en 2 mil dólares, pero estaba deteriorada, pero el señor Lovo Molina, por el cariño al trabajo, ha ido poco a poco limpiando y pintando estos instrumentos forjadores de imágenes y letras de hierro y de madera, y cree que ya tiene suficientes.
"He ido a otros museos de México y tienen unas dos maquinitas, tenemos más nosotros", dice con orgullo este hombre, experto en tipografía y en diseño gráfico.
Lovo Molina, asegura que todavía los periódicos guardan desde ahí el nombre del titular más importante, «madera», porque al principio estas letras llamadas también tipos eran de este material.
Otra de las piezas data de 1870, Lovo Molina cree que algún día estas dos en mención, funcionaron en El Salvador, esta la fue a recoger hasta San Miguel. "Vení a traer esta babosada", le dijo un amigo", pero como conocedor del valor histórico, ni lento ni perezoso la fue a recoger y la pulió. "Hemos visto que los jóvenes están interesado en este proyecto, y muchos colegas se han manifestando en ayudar, porque el museo sería sin fines de lucro".
Lovo Molina, asegura tener todo el proceso en las piezas que ha logrado recolectar, para tallar con fidelidad la historia sobre la imprenta, y asimismo, hacer labor social a través del conocimiento de algo que todos conocemos, pero no sabemos desde donde proviene. "Aquí se ponía la tinta con una espátula y se movía así", expresó mientras nos muestra unas maquinitas pequeñas hechas de madera que las está preparando para el lanzamiento de lo que se convertiría en el primer museo acerca del funcionamiento de la imprenta.
Actualmente, Lovo Molina tiene un negocio de todo tipo de servicios; la empresa tiene cerca de 75 empleados, el museo estaría ubicado en la Colonia Dina, 28ª Calle Poniente #2127, para lo cual, se ha mandado a hacer ladrillo especial para el piso esculpido con letras.
Este empresario, todavía conserva la empresa que inauguró su padre, la que se llama Germinal, donde muchos que llegan a trabajar a este lugar aprenden a manejar la maquinaria en el taller.
En el museo habrá gente que conoce el tema y están colectando también información, pues en El Salvador muchos desconocen sobre este invento que le ha dado luz al mundo.
"Nunca se termina de aprender, va variando, lo viejo se hace nuevo, uno de pronto ve todo esto fantástico; claro, he visto nacer y desaparecer imprentas, porque hay siempre cosas nuevas", manifiesta.
Orgulloso del trabajo que ha realizado desde hace 40 largos años, Lovo Molina también ha incluido a sus tres hijos en la herencia que le dejó su padre, y que se ha vuelto para él, una verdadera razón para vivir y hacer labor para los demás.
Originario de San Miguel, él siente que en El Salvador hace falta mucha ayuda para los jóvenes, que están faltos de valores, de conocimiento, y por ello ha empezado a imprimir oraciones a Dios y literatura como la Oración a la Bandera Salvadoreña, cuyo autor es David Joaquín Guzmán.
"He imprimido la Oración a la Bandera Salvadoreña, la voy a regalar al Ministerio de Educación", comentó este hombre de imprenta, quien le regaló a Diario Co Latino unos textos para repartir a los jóvenes con la intención formar valores cívicos y morales.
En El Salvador, la información sobre esta técnica es muy escasa, según Lovo Molina, quien se ha vuelto todo un investigador, una de las primeras imprentas traídas a El Salvador estuvo en Texistepeque para la época de Colonia. "Toda esta información intentaremos tenerla en el museo", expresa este acucioso hombre de 52 años de edad.



