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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Miércoles, 10 de Marzo de 2010 / 08:03 h

El Capital (parte CCXXXI)

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Capítulo XIX
ESTUDIOS ANTERIORES SOBRE EL TEMA CONT.

Karl H. Marx

Lo que causa en A. Smith todo este desaguisado es la categoría “renta”. Las diversas clases de rentas forman, según él las comporent parts, las partes integrantes del nuevo valor de las mercancías producido anualmente, mientras que, por el contrario, las dos partes en que este valor de las mercancías se descompone para el capitalista –el equivalente de su capital variable adelantado en forma de dinero al comprar la fuerza de trabajo y la otra parte de valor que le pertenece también a él pero que no le ha costado nada, o sea la plusvalía– constituyen fuentes de rentas.

El equivalente del capital variable se adelanta de nuevo al invertirse en fuerza de trabajo y, en este sentido constituye una renta para el obrero bajo la forma del salario; la otra parte –la plusvalía–, como no tiene que resarcirse ningún capital adelantado por el capitalista, puede ser invertida por éste en medios de consumo –medios de consumo necesarios y de lujo–, puede ser gastada como renta, en vez de constituir valor–capital de ninguna clase.

Esta renta tiene como premisa el propio valor de las mercancías, y sus partes integrantes sólo se distinguen, para el capitalista, en cuanto son, o bien el equivalente de o el remanente sobre el valor del capital variable adelantado por él. Ambas consisten exclusivamente en fuerza de trabajo aplicada durante la producción de mercancías, puesta en acción como trabajo. Consisten en un gasto, no en un ingreso o en una renta: en un gasto de trabajo.

Después de este quid pro quo, en que la renta se convierte en la fuente del valor de las mercancías y no éste en fuente de renta, el valor de las mercancías se presenta como “integrado” por las diversas clases de rentas, las cuales aparecen como determinadas independientemente las unas de las otras, siendo el valor total de la mercancía la suma del volumen de valor de estas rentas.

Ahora bien; ¿cómo se determina el valor de cada una de estas rentas que en conjunto forman el valor de las mercancías? En el salario, es posible hacerlo, ya que el salario constituye el valor de su mercancía, de la fuerza de trabajo, y este se determina (como el valor de cualquier otra mercancía) por el trabajo necesario para la reproducción de ésta.

Pero, ¿cómo se puede determinar la plusvalía, o mejor dicho, en A. Smith, sus dos formas, la ganancia y la renta del suelo? Al llegar aquí, todo se convierte en vacua charlatanería. A. Smith tan pronto presenta el salario y la plusvalía (o bien el salario y la ganancia) como las partes integrantes que forman el valor de las mercancías o el precio, y tan pronto, y a veces casi en la misma alentada, de cada una de estas rentas que en conjunto forman el valor de las mercancías; lo que, a la inversa, quiere decir que el valor de la mercancía es la premisa de la que hay que partir y que diversas partes de este valor dado corresponden, bajo la forma de diversas rentas, a las diversas personas interesadas en el proceso de producción.

Y
 esto no es idéntico, ni mucho menos, a la tesis de que el valor se halla formado por estas tres “partes integrantes”. Si determinamos la magnitud de tres líneas rectas distintas, cada una de por sí, y luego, partiendo de estas tres líneas como “partes integrantes”, trazamos una cuarta línea recta igual en magnitud a la suma de las tres, no es lo mismo, ni mucho menos, que si, partiendo de una línea recta dada, la dividimos con cualquier motivo, la “descomponemos”, para emplear el mismo término, en tres partes distintas.

En el primer caso, la magnitud de la línea variará completamente al variar la magnitud de las tres líneas con cuya suma se forma; en el segundo caso, la magnitud de las tres líneas parciales se halla delimitada de antemano por el hecho de ser partes de una línea de determinada magnitud.

Pero, en realidad, ateniéndonos a lo que se contiene de verdad en la exposición de A. Smith, a saber: que el nuevo valor que se encierra en el producto anual de mercancías de la sociedad (como en toda mercancía concreta o en el producto diario, semanal, etc.), creado por el trabajo anual, es igual al valor del capital variable adelantado (y por tanto, a la parte de valor destinada a comprar de nuevo fuerza de trabajo) más la plusvalía que el capitalista puede realizar –dentro de la reproducción simple y siempre que no varíen las demás circunstancias– en medios para su consumo individual; si nos atenemos asimismo al hecho de que A. Smith involucra el trabajo en cuanto fuente de valor, es decir, en cuanto inversión de fuerza de trabajo, y el trabajo en cuanto fuente de valor de uso, es decir, en cuanto aplicación de trabajo en forma útil, adecuada a un fin, toda esta concepción se resume en que el valor de toda mercancía es el producto del trabajo, y también, por tanto, el valor del producto del trabajo anual o el valor del producto anual de las mercancías de la sociedad.

Pero, como todo trabajo se descompone en dos partes: 1º tiempo de trabajo necesario, durante el cual el obrero no hace más que reproducir un equivalente del capital adelantado para comprar su fuerza de trabajo, y 2º trabajo excedente, con el que produce un valor para el capitalista por el que éste no paga ningún equivalente, o, lo que es lo mismo, una plusvalía, resultará que el valor de las mercancías tiene que reducirse siempre a estas dos partes, creando, por tanto, en último resultado, como salario la renta de la clase obrera y como plusvalía la de la clase capitalista.

Y, en lo que se refiere al capital constante, o sea, al valor de los medios de producción empleados para producir el producto anual, si bien no puede decirse (fuera de la frase según la cual el capitalista se lo carga al comprador al venderle su mercancía) cómo entra este valor en el valor del nuevo producto, es evidente que, en último resultado –ultimately–, puesto que los medios de producción son a su vez producto del trabajo, esta parte de valor sólo puede estar formada también por dos partes: el equivalente del capital variable y la plusvalía.

El que los valores de estos medios de producción actúen como valores de capital en manos de quienes los emplean no impide que “originariamente”, y además, si les seguimos concienzudamente la pista, en otras manos –aun cuando con anterioridad–, pudieran descomponerse en los mismos valores y, por consiguiente, en dos fuentes distintas de rentas.

Un punto exacto, aquí, es que, enfocando el movimiento del capital social –es decir, del conjunto de los capitales individuales–, la cosa se presenta de otro modo que si se enfoca cada capital individual de por sí, es decir, desde el punto de vista de cada capitalista individual. Para éste, el valor de la mercancía se descompone 1º en un elemento constante (el cuarto, según Smith), 2º en la suma de salario y plusvalía, o bien de salario, ganancia y renta del suelo. En cambio, desde el punto de vista social, el cuarto elemento de Smith, el capital constante, desaparece.

5) Resumen
La insulsa fórmula de que las tres rentas, el salario, la ganancia y la renta del suelo constituyen tres “partes integrantes” del valor de las mercancías, surge en A. Smith de la otra fórmula, más aceptable, según la cual el valor de las mercancías resolves itself, se descompone en dichas tres partes. También esto es falso, incluso suponiendo que el valor de las mercancías sólo pudiese dividirse en el equivalente de la fuerza de trabajo consumida y la plusvalía creada por ésta. Pero este error descansa, a su vez, en una base más profunda y verdadera.

La producción capitalista se basa en la operación por la que el obrero productivo vende su propia fuerza de trabajo, como su mercancía, al capitalista en cuyas manos funciona simplemente como elemento de su capital productivo. Esta operación –la venta y la compra de la fuerza de trabajo–, perteneciente a la órbita de la circulación, no sólo inicia el proceso de producción, sino que determina implicite su carácter específico.

La producción de un valor de uso e incluso la de una mercancía (pues ésta puede ser también obra de un trabajo productivo independiente) es aquí simplemente, un medio para la producción de plusvalía absoluta y relativa para el capitalista. Por eso, al analizar el proceso de producción veíamos cómo la producción de plusvalía absoluta y relativa determina: lº la duración del proceso diario de trabajo: 2º toda la organización social y técnica del proceso capitalista de producción.

Dentro de este mismo se realiza la distinción entre la simple conservación del valor (del capital constante), la verdadera reproducción del valor adelantado (equivalente de la fuerza de trabajo) y la producción de plusvalía, es decir, de valor por el que el capitalista no desembolsa equivalente alguno, ni de antemano ni post festum.

La apropiación de la plusvalía –del valor que queda después de cubrir el equivalente del valor desembolsado por el capitalista–, aunque se inicia con la compra–venta de la fuerza de trabajo, es un acto que se efectúa dentro del mismo proceso de producción y que constituye una fase esencial de éste.

El acto inicial, que constituye un acto de circulación, la compra–venta de la fuerza de trabajo, descansa a su vez sobre la distribución de los elementos de la producción, previa a la distribución de los productos sociales y presupuesta por ella, a saber: en la separación entre la fuerza de trabajo como mercancía del obrero y los medios de producción como propiedad de otros.

Pero, al mismo tiempo, esta apropiación de la plusvalía o esta separación que se establece en la producción de valor entre la reproducción del valor desembolsado y la producción de nuevo valor no retribuido por ningún equivalente (plusvalía), no altera para nada la sustancia del mismo valor ni el carácter de la producción de valor.

La sustancia del valor es y sigue siendo simplemente fuerza de trabajo invertida –trabajo, independientemente del carácter útil específico que revista– y la producción de valor simplemente el proceso de esta inversión.

El siervo despliega su fuerza de trabajo durante seis días, trabaja durante seis días, sin que ponga ninguna diferencia en cuanto al hecho de este trabajo de por sí el que, por ejemplo, invierta tres de estas jornadas de trabajo para sí mismo, en su propio campo, y otras tres en el campo de su señor, al servicio de éste.

El trabajo voluntario que realiza para él y el trabajo forzoso que rinde para su señor no se diferencian en nada, en cuanto trabajo. Considerado como tal trabajo, con referencia a los valores o productos útiles creados por él, no se percibe diferencia alguna en el trabajo de estas seis jornadas.

La diferencia recae exclusivamente sobre las diversas condiciones sociales en que se despliega la fuerza de trabajo durante las dos mitades de este período de trabajo de seis días. Pues bien: lo mismo ocurre con el trabajo necesario y el trabajo excedente del obrero asalariado.

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