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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
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Martes, 09 de Marzo de 2010 / 07:55 h

El Capital (parte CCXXX)

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Capítulo XIX
ESTUDIOS ANTERIORES SOBRE EL TEMA CONT.

Karl H. Marx

Por tanto, cuando A. Smith dice en el citado pasaje, que “el trabajo anual de cada nación es el fondo que en principio la provee, de todas las cosas necesarias... y que anualmente consume el país”, etc. adopta unilateralmente el punto de vista del trabajo simplemente útil, que es, sin duda, el que crea todos estos medios de vida en su forma consumible. Pero, olvida que esto habría sido imposible sin contar con los medios y objetos de trabajo trasmitidos por años anteriores y que, por tanto, el “trabajo anual” , aunque cree valor no crea en modo alguno el valor íntegro del producto por él suministrado: que el producto del valor es inferior al valor del producto.

Si no se le puede reprochar a A. Smith el que en este análisis no vaya más allá que todos los autores posteriores a él (a pesar de que en los fisiócratas se mostraba ya un atisbo de solución acertada), en cambio, vemos cómo se deja arrastrar a un caos, principalmente porque su concepción “esotérica” del valor de la mercancía se entrecruza constantemente con la concepción exotérica, que en general, es la que predomina en él, si bien su instinto científico hace que el punto de vista esotérico se trasluzca de vez en cuando.

4) El capital y la renta en A. Smith
La parte de valor de toda mercancía (y también, por tanto, la del producto anual) que sólo constituye un equivalente del salario es igual al capital adelantado en salarios por el capitalista, es decir, igual a la parte variable del capital total adelantado por él. Esta parte del capital adelantado la rescata el capitalista con una parte integrante del valor que los obreros asalariados crean en la mercancía por ellos suministrada.

Tanto da que el capital variable se adelante en el sentido de que el capitalista pague en dinero la parte del producto que corresponda al obrero pero que no se halla aún dispuesto para la venta o que, aun estándolo, no ha sido vendido todavía por el capitalista, que se lo pague con el dinero obtenido ya por la venta de la mercancía suministrada por el obrero o que anticipe este dinero a crédito: en todos estos casos, el capitalista adelanta capital variable que afluye en forma de dinero a los obreros y retiene por su parte el equivalente de este valor–capital en la parte de valor de las mercancías con que el obrero crea la parte alícuota que a él mismo le corresponde dentro del valor total de aquéllas, con que produce, para decirlo en otros términos, el valor de su propio salario.

En vez de entregarle esta parte de valor bajo la forma natural de su propio producto, el capitalista se lo paga en dinero. Por consiguiente, para el capitalista la parte variable del valor–capital por él desembolsado existe ahora en forma de mercancía, mientras que el obrero percibe el equivalente de la fuerza de trabajo vendida por él en forma de dinero.

Por tanto, mientras que la parte del capital invertida por el capitalista en capital variable, mediante la compra de la fuerza de trabajo, funciona dentro del propio proceso de producción como fuerza de trabajo en activo y gracias a la acción de aquella fuerza es producido de nuevo, es decir, reproducido como nuevo valor en forma de mercancías –traduciéndose, por consiguiente, en una reproducción, o lo que es lo mismo, en una nueva producción del valor–capital desembolsado–, el obrero invierte el valor, o sea, el precio de su fuerza de trabajo vendida en medios de vida, en medios de reproducción de esta fuerza de trabajo. Su ingreso, es decir, su renta, que sólo dura lo que dura la posibilidad de vender su fuerza de trabajo al capitalista, representa una suma de dinero igual al capital variable.

La mercancía del obrero asalariado –su propia fuerza de trabajo– sólo funciona como mercancía cuando se incorpora al capital del capitalista, cuando funciona como capital; y, de otra parte, el capital del capitalista, invertido como capital–dinero en comprar fuerza de trabajo funciona como renta en manos del vendedor de la fuerza de trabajo, en manos del obrero asalariado.

Aquí, se entrelazan diversos procesos de circulación y de producción, que A. Smith no distingue.

Primero. Actos pertenecientes al proceso de circulación: el obrero vende su mercancía –lo fuerza de trabajo– al capitalista; el dinero con que éste la compra es para él dinero invertido en producir valor, es decir, capital–dinero; no es dinero gastado, sino adelantado. (Tal es el sentido real del concepto de “adelanto” [Vorschuss] –el avance de los fisiócratas–, siendo de todo punto indiferente de dónde tome el dinero el mismo capitalista.

Para el capitalista constituye adelanto todo valor desembolsado con vistas al proceso de producción, ya sea previamente o post festum; es al propio proceso de producción a quien lo adelanta.)

El fenómeno que aquí se da es el que se da en toda venta de mercancías: el vendedor se desprende de un valor de uso (aquí, de la fuerza de trabajo) y obtiene su valor (realiza su precio) en dinero; el comprador se desprende de su dinero y obtiene a cambio la mercancía, que aquí es la fuerza de trabajo.

Segundo. En el proceso de producción, la fuerza de trabajo comprada constituye ahora una parte del capital en funciones y el propio obrero actúa aquí simplemente como una forma natural específica de este capital, distinta de los elementos del mismo existentes bajo la forma natural de medios de producción.

Durante el proceso de producción, el obrero (prescindiendo de la plusvalía) añade a los medios de producción convertidos por él en producto, mediante la inversión de su fuerza de trabajo, un valor igual al de ésta; reproduce, por tanto, para el capitalista, en forma de mercancías, la parte de su capital que éste le adelanta o tiene que adelantarle como salario; le produce un equivalente de éste; produce, por consiguiente, para el capitalista, el capital que éste puede “adelantar” de nuevo para la compra de fuerza de trabajo.

Tercero. Al venderse la mercancía, una parte de su precio de venta resarce al capitalista, por tanto, el capital variable adelantado por él y, por consiguiente, le pone en condiciones de comprar nuevamente fuerza de trabajo, al mismo tiempo que permite al obrero vendérsela de nuevo.

En todas las compras y ventas de mercancías –si nos fijamos solamente en estas transacciones–, es de todo punto indiferente lo que pase, en manos del vendedor, con el dinero obtenido por su mercancía y en manos del comprador con los artículos de uso comprados por él. Asimismo es de todo punto indiferente, fijándonos solamente en el proceso de circulación, el hecho de que la fuerza de trabajo comprada por el capitalista reproduzca para él el valor del capital y de que, de otra parte, el dinero conseguido como precio de compra de la fuerza de trabajo constituya la renta del obrero.

La magnitud de valor del artículo comercial del obrero, que es su fuerza de trabajo, no resulta afectada ni por el hecho de que constituya una “renta” para él ni por el hecho de que el uso de su artículo comercial por el comprador reproduzca el valor del capital de éste.

El que el valor de la fuerza de trabajo –es decir, el precio adecuado de venta de esta mercancía– se halle determinado por la cantidad de trabajo necesaria para su reproducción y ésta, a su vez, por la necesaria para producir los medios de vida indispensables del obrero, o sea, para el sustento de su vida, hace que el salario sea la renta de la que el obrero tiene que vivir.

Es totalmente falso lo que A. Smith dice (p. 301) de que “la porción del capital empleado ... en sostener manos productivas ... después de haberle servido” (al capitalista) “como capital, constituye un ingreso” (para los obreros).

El dinero con que el capitalista paga la fuerza de trabajo comprada por él “le sirve como capital”, pues le permite incorporar la fuerza de trabajo a los elementos reales de su capital, poniendo así a éste en condiciones de funcionar como capital productivo.

Distingamos: la fuerza de trabajo es mercancía, no capital, en manos del obrero y constituye una renta para él siempre y cuando que pueda repetir constantemente su venta; después de vendida, en manos del capitalista, durante el propio proceso de producción, es cuando funciona como capital. Lo que aquí sirve dos veces es la fuerza de trabajo: como mercancía que se vende por su valor, en manos del obrero, como fuerza productiva de valor y de valor de uso, en manos del capitalista que la compra.

En cambio, el dinero que el obrero recibe del capitalista sólo está en posesión de este valor antes de pagarlo. No es, pues, el dinero el que funciona dos veces, primero como capital variable en forma de dinero y luego como salario.

Es la fuerza de trabajo la que asume dos funciones, primero la de mercancía, al ser vendida (cuando se estipula el salario que ha de pagarse, el dinero sólo actúa como medida ideal de valor, sin que para ello necesite, ni mucho menos, hallarse en manos del capitalista), y luego en proceso de producción, donde actúa como capital, es decir, como elemento creador de valor de uso y de valor en manos del capitalista.

Antes de que el capitalista pague su equivalente al obrero en forma de dinero, ya ella ha suministrado a aquél ese equivalente en forma de mercancía. Es, pues, el mismo obrero el que crea el fondo a costa del cual le paga el capitalista. Pero esto no es todo.

El dinero que recibe el obrero es invertido por él en sostener su fuerza de trabajo y, por tanto –enfocando la clase capitalista y la clase obrera en su conjunto–, para asegurar al capitalista el instrumento sin el cual no puede seguirlo siendo.

De una parte, la compra y venta continuas de la fuerza de trabajo eternizan, por tanto, la fuerza de trabajo como elemento del capital, gracias al cual éste puede aparecer como creador de mercancías, de artículos de uso dotados de un valor, y además la parte de capital invertida en comprar fuerza de trabajo puede crear constantemente su propio producto y el propio obrero, por consiguiente, constituir continuamente el fondo de capital con cargo al cual se le paga.

De otra parte, la venta continua de la fuerza de trabajo se convierte en la fuente constantemente renovada de sustento del obrero, lo que hace que su fuerza de trabajo aparezca como el patrimonio de donde aquél saca la renta de la que vive.

Renta, aquí, significa simplemente la apropiación de valores obtenida por la venta constantemente repetida de una mercancía (de la fuerza de trabajo), valores cuya finalidad es exclusivamente la reproducción constante de la mercancía destinada a venderse.

En este sentido, tiene razón A. Smith cuando dice que la parte de valor del producto creado por el propio obrero y que el capitalista le retribuye con su equivalente en forma de salario, se convierte en una fuente de renta para el obrero.

Pero, esto no hace cambiar para nada la naturaleza ni la magnitud de esta parte de valor de la mercancía, como no hace cambiar tampoco el valor de los medios de producción el hecho de que actúen como valores de capital ni altera la naturaleza o la magnitud de una línea recta el hecho de que aparezca como base de un triángulo o como diámetro de una elipse.

El valor de la fuerza de trabajo se determina de por sí, exactamente lo mismo que el de aquellos medios de producción. Esta parte de valor de la mercancía no se deriva de la renta como de un factor independiente que la constituya, ni se reduce tampoco a la renta. El que este valor nuevo constantemente reproducido por el obrero constituya una fuente de renta para éste no quiere decir que su renta sea, a la inversa, parte integrante del nuevo valor producido por él.

Es la magnitud de la parte alícuota del nuevo valor creado por él, que se le paga, la que determina el volumen de valor de su renta, y no al revés. El hecho de que esta parte del nuevo valor constituya una renta para él sólo indica a qué se destina, el carácter de su aplicación, y nada tiene que ver con el modo como se forma, que es tan ajeno a aquel hecho como cualquier otra creación de valor. Si ingresó diez táleros a la semana, este ingreso semanal no altera para nada ni la naturaleza de valor de los diez táleros ni su magnitud de valor.

El valor de la fuerza de trabajo, como el de toda mercancía, se determina por la cantidad de trabajo necesaria para su reproducción: el hecho de que esta cantidad de trabajo dependa del valor de los medios de vida necesarios para el sustento del obrero, siendo, por tanto, igual al trabajo necesario para la reproducción de sus propias condiciones de vida, es característico de esta mercancía (de la fuerza de trabajo), pero no más característico que el hecho de que el valor del ganado de carga se determine por el valor de los medios de vida necesarios para su sustento y, consiguientemente, por la masa del trabajo humano necesario para producirlos.

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