Héctor
Ismael Sermeño
Especial
para Trazos Culturales
Fue
una buena noche. Los premios mayores del cine estadounidense recuperaron buen
humor con los excelentes Alec Baldwin y Steve Martin; además el buen gusto en
el vestir de las mujeres a cual más bella y glamorosa, al igual que la
elegancia y sobriedad en los hombres. También una ceremonia más ágil y
entretenida. Una magnífica escenografía y una fotografía impecable.
En
reiteradas ocasiones he manifestado que el Oscar es un premio diseñado en
Estados Unidos para la industria cinematográfica estadounidense. Es decir, es
un premio a su propio ego, a su identidad cultural, con la que ha sabido
imponerse al planeta entero en los últimos noventa años. La historia es y ha
sido así con los valores culturales.
El
cine es el mayor invento artístico del último siglo y medio, es la identidad de las naciones, que se ve
opacada por la gigantesca maquinaria estadounidense, tanto en lo financiero, como en la distribución,
como en la tecnología. Además el cine de todo el mundo asume los patrones de
Hollywood, no solo para interesar a los estadounidenses, sino a su propio
público local, que con algunos matices se enmarca en la narrativa propia del
cine, pero más a la del cine de Hollywood.
De
todo lo dicho se desprende la importancia que las cinematografías de todo el
mundo, en particular del tercero, le confieren al premio Oscar, todas quieren
participar, todas quieren ganar, todas quieren sus quince minutos de fama que
otorga el estar presentes en una gala del premio en cuestión, y la media hora
que tendrían al ganar. La autoestima nacional de todos los países, está
condicionada a la opinión de la Academia de artes y ciencias cinematográficas
de Estados Unidos; de su aprobación depende la existencia internacional de una
cinematografía, por eso la competencia
para estar en la fabulosa noche anual. Si ellos dicen que soy bueno, entonces
soy bueno. Y así por mucho tiempo antes y así será por mucho tiempo después.
La
gala y la premiación
Lo
positivo
1-Los
conductores, Baldwin y Martin, ingeniosos y profesionales. Hasta los años
sesenta eran dos, la Academia decidió recuperar este elemento, al igual que la
inclusión de diez películas en lugar de cinco, para elegir a la mejor del año.
2-Que
una película que suprime en gran medida a los actores y crea, aunque sea con
ellos, imágines computarizas para sustituirlos, que tenga un guión repetitivo y
aunque haya dejado el mayor ingreso en taquilla de la historia del cine, no gane
el premio a la mejor ni el de dirección, implica que todavía le queda sensatez
a la academia. Avatar no ganó.
3-Premiar “The Hurt Locker”, una película sobre la
guerra que no tiene buenos ni malos, solo participantes, sin falsos
triunfalismos ni heroísmos, y que sin
ser una obra maestra, es una muy buena película sobre la guerra en abstracto.
4-
Cerca del día internacional de la mujer, por primera vez se premia a una
directora. Se necesitaron 82 años de premios, pero al fin se dio. Katherine
Bigelow hizo historia.
5-La
valoración de muchos filmes con historias humanas, sin computadoras e incluso
muy buenas como “Up in the air”, “Precious”, “Julia and Julie” y varias otras.
6-El
ridículo que hizo Quintin Tarantino con
ese espantoso bodrio de los bastardos
sin gloria, Christoph Waltz hubiera ganado dirigido hasta por Ron Howard,
porque es él quien posee el genio. Me parece que la academia lo hizo adrede, lo
ocupó de relleno y lo puso en su lugar.
Lo
negativo
1-Darle
el Oscar a una actriz mediana y a veces mediocre como Sandra Bullock. Hollywood
insiste e insiste en el mismo error. Sobre todo teniendo en la competencia a la
fabulosa Meryl Streep y a la increíble Helen Mirren.
2-Que
de las diez candidatas a mejor película, la mitad no debió haber sido incluida.
Para eso mejor se hubieran quedado con cinco.
3-No
incluir a “Nine”, como candidata a mejor film.
El musical es más que espectacular, además es un género premiado en
múltiples ocasiones.
4-
Sobrevalorar al cine animado. Es demasiado en nombre de la taquilla y el gusto
manipulado del público. Todas son iguales y los guiones no aportan nada desde
hace más de medio siglo.
5-Premiar
a Argentina en lugar de a Austria. “La
Cinta Blanca” debió ganar, sus valores cinematográficos son excepcionales y la película
es una obra maestra. Sin menospreciar al cine latinoamericano, este no alcanza
calidad técnica ni narrativa de primera categoría, como sí sucedió en los
primeros cincuenta años de la historia del cine, en los que se vio la grandeza
de Latinoamérica.
6-No
fue el mejor año. Desde hace tiempo Hollywood no hace competencias de primera
categoría, muy buena taquilla, pocos filmes acabados y hechos con amor al cine.



