Capítulo XIX
ESTUDIOS ANTERIORES SOBRE EL TEMA CONT.
Karl H. Marx
3) El capital constante
Veamos ahora cómo A. Smith intenta descartar el capital constante, por arte de magia, del valor de la mercancía.
“En el precio del trigo, por ejemplo, una parte paga la renta del terrateniente.” El origen de esta parte integrante del valor no tiene nada que ver con el hecho de que la perciba el terrateniente bajo la forma de renta del suelo y represente un ingreso para él, del mismo modo que el origen de las demás partes integrantes del valor no guarda la menor relación con el hecho de que sean fuentes de rentas, en concepto de ganancia y de salario.
“Otra parte paga los salarlos o el sustento de los obreros” (¡y del ganado de labor, añade!) empleados en su producción y la tercera parte la ganancia del colono. Estas tres partes parecen (seem; y en realidad así es: parecen) integrar “de una manera mediata o inmediata ... el precio total del grano”.6 Este precio total, es decir, la determinación de su magnitud, es independiente en absoluto de su distribución entre aquellas tres clases de personas. “Se pensará, acaso, que aún se necesita una cuarta parte para reponer el capital del colono y compensar el de mérito y depreciación del ganado de labor y de los aperos.
Mas también ha de considerarse que el precio de cualquier elemento de labranza, como puede serlo un caballo de labor, se compone igualmente de tres partes, a saber: la renta de la tierra, sobre la cual se ha criado, el trabajo de atenderlo y criarlo, y los beneficios del colono, que adelanta la renta de la tierra y los salarios correspondientes a ese trabajo.
Así pues, aunque el precio del grano pague el precio del animal y su mantenimiento, la suma total se descompondrá inmediata o finalmente en los tres elementos componentes de siempre: renta, trabajo” (salarios, quiere decir), “y beneficio» (libro I, cap. VI, p. 50).
Es, literalmente, todo lo que A. Smith aduce en apoyo de su asombrosa doctrina. Su prueba se reduce, sencillamente a repetir la misma afirmación. Reconoce que el precio del trigo no está formado solamente por v + p, sino también por el precio de los medios de producción consumidos para producir el trigo, es decir, por un valor–capital no invertido por el arrendatario en fuerza de trabajo.
Pero los precios de todos estos medios de producción se descomponen a su vez, nos dice, en v + p, lo mismo que el precio del trigo: A. Smith se olvida, sin embargo, de añadir: y además, en el precio de los medios de producción consumidos para producir el trigo mismo. Se remite de una rama de producción a otra, y de esta nuevamente a la primera.
Para que la afirmación de que el precio de las mercancías en su conjunto se descompone “directamente” o “en última instancia” (ultimately) en v + p no fuese un vano subterfugio, tendría que demostrarnos que los productos–mercancías cuyo precio se descompone directamente en c (precio de los medios de producción absorbidos) + v + p resultan compensados en último resultado por los productos–mercancías que aquellos “medios de producción consumidos” reponen en toda su extensión y que, a su vez se producen mediante la simple inversión de capital variable o sea, de capital invertido en la fuerza de trabajo.
El precio de estos varía, entonces, directamente = v + p. De ese modo, el precio de los primeros, c + u + p, figurando c como capital constante, podría reducirse en última instancia a v + p.
El propio A. Smith no creía haber aportado semejante prueba con su ejemplo de los recogedores de Scoth pebbles (24), los cuales según él, 1º no rinden plusvalía de ninguna clase: 2º no emplean ningún medio de producción (aunque parece que debieran de emplearlos, sin embargo, en forma de cestos, sacos y otros envases para el transporte de los guijarros).
Ya veíamos más arriba que el mismo A. Smith echa por tierra más tarde su propia teoría, pero sin llegar a darse cuenta de sus contradicciones. Sin embargo, la fuente de éstas hay que buscarla precisamente en la tesis de que arranca.
El capital invertido en trabajo produce un valor mayor que el suyo propio. ¿Cómo? Por el hecho, dice A. Smith, de que los obreros, durante el proceso de producción, infunden a los objetos elaborados por ellos un valor que, además del equivalente de su propio precio de compra, crea una plusvalía (la ganancia y la renta) que no va a parar a manos de aquéllos, sino a la de quienes se la apropian. Pero esto es todo lo que ellos hacen y pueden hacer.
Y lo que decimos del trabajo industrial durante una jornada, es también aplicable al trabajo puesto en movimiento durante un año por toda la clase capitalista. Por tanto, la masa total del producto anual de mercancías de la sociedad sólo puede descomponerse en v+ p, en el equivalente con que los obreros resarcen el valor–capital invertido en su propio precio de compra y en el valor adicional que tienen que entregar a sus patronos, después de cubierto aquél.
Pero, estos dos elementos de valor de la mercancía constituyen al mismo tiempo la fuente de las rentas de las distintas clases que intervienen en la reproducción: la primera la del salario, o sea, la renta de los obreros; la segunda, la de la plusvalía, de la cual el capitalista industrial retiene para sí una parte en forma de ganancia y cede otra, en concepto de renta del suelo, al terrateniente.
¿De dónde puede provenir el otro elemento integrante de valor, si el producto anual de valor no encierra más elementos que v + p? Aquí, nos movemos en el plano de la simple reproducción. Si toda la suma anual del trabajo se descompone en el trabajo necesario para la reproducción del valor–capital invertido en fuerza de trabajo y en el trabajo necesario para la obtención de una plusvalía, ¿de dónde puede salir, además, el trabajo necesario para producir un valor–capital no desembolsado en fuerza de trabajo?
La cosa se plantea del siguiente modo:
1º A. Smith determina el valor de una mercancía por la masa de trabajo que el obrero asalariado añade (adds) al objeto sobre que trabaja. El dice, literalmente, “a los materiales” puesto que se refiere a la manufactura, en la que se elaboran ya productos de trabajo, pero esto no altera para nada los términos del problema.
El valor que el obrero añade (y esta expresión, «adds», es la que emplea Adam) es absolutamente independiente del hecho de que el objeto al que se añade valor tenga o no de por sí un valor antes de añadirle aquél. El obrero crea, pues, un producto de valor en forma de mercancía.
Este producto es, según A. Smith, de una parte, el equivalente de su salario, y esta parte se halla, por tanto, determinada por el volumen de valor de su salario, por cuya razón deberá, para producir o reproducir un valor igual al de éste, añadir más trabajo cuanto mayor sea el salario que perciba.
Pero, de otra parte, el obrero, después de rebasar este limite, añade nuevo trabajo, el cual crea plusvalía para el capitalista que lo emplea. El que esta plusvalía sea retenida en su integridad por el capitalista o cedida en parte por éste a terceras personas no altera para nada la determinación cuantitativa (la magnitud) de la plusvalía añadida por el obrero asalariado.
Se trata de un valor como cualquiera otra parte del valor del producto, sí bien se distingue por el hecho de que el obrero no percibe ni antes ni después ningún equivalente a cambio de él, pues este valor se lo apropia el capitalista sin abonar equivalente alguno.
El valor total de la mercancía se determina por la cantidad de trabajo que el obrero invierte en su producción; una parte de este valor total se determina por el hecho de ser igual al valor del salario, de ser el equivalente de éste. La segunda parte, la plusvalía, se determina, por tanto, necesariamente, por ser igual al valor total del producto menos la parte de valor de éste que constituye el equivalente de salario; es decir, igual al remanente del producto de valor creado en la elaboración de la mercancía, después de cubrir la parte de valor contenida en ella y que representa el equivalente del salario.
2º Y lo que decimos de la mercancía producida en una rama industrial determinada por cada obrero en particular, puede aplicarse al producto anual de todas las ramas industriales en conjunto. Lo que decimos del trabajo diario de un obrero productivo individual, es también aplicable al trabajo anual desarrollado por la clase obrera productiva en su totalidad.
Este trabajo “plasma” (expresión de Smith) en el producto anual un valor global determinado por la cantidad del trabajo anual invertido, valor global que se descompone en una parte, determinada por la fracción del trabajo anual con que la clase obrera crea un equivalente de su salario, crea en realidad este salario mismo, y otra parte, determinada por el trabajo anual adicional con que el obrero crea una plusvalía para la clase capitalista.
Por tanto, el producto de valor anual contenido en el producto anual está formado exclusivamente por dos elementos: el equivalente del salario anual percibido por la clase obrera y la plusvalía anual suministrada a la clase capitalista.
El salario anual forma la renta de la clase obrera y la suma anual de la plusvalía la renta de la clase capitalista; ambas representan, por tanto (y este punto de vista es exacto cuando lo que se expone es la reproducción simple), partes alícuotas relativas del fondo anual de consumo y se realizan dentro de él. No queda, pues, margen para el capital constante, para la reproducción del capital invertido en medios de producción.
Y que las partes del valor de las mercancías que funcionan como renta coinciden en su totalidad con el producto anual del trabajo destinado al fondo social de consumo, lo dice A. Smith expresamente en la introducción a su obra: “El objeto de estos primeros cuatro libros consiste en explicar en qué consiste el ingreso regular del conjunto de los moradores de un país o cuál ha sido la naturaleza de aquellos fondos que han venido a satisfacer su consumo anual” (p. 6). Y ya en el primer párrafo de la introducción, nos dice: “El trabajo anual de cada nación es el fondo que en principio la provee de todas las cosas necesarias y convenientes para la vida, y que anualmente consume el país. Dicho fondo se integra siempre, o con el producto inmediato del trabajo, o con lo que mediante dicho producto se compra de otras naciones” (p. 3).
Ahora bien: el primer error de A. Smith consiste en identificar el valor del producto anual con el producto de valor anual. Este es solamente producto del trabajo del año anterior; aquél encierra además todos los elementos del valor consumidos para elaborar el producto anual, pero producidos en el año precedente y en parte también en años anteriores: medios de producción cuyo valor solamente reaparece y que, en lo tocante a su valor, no han sido producidos ni reproducidos por el trabajo invertido durante el año último.
Esta confusión es la que le permite a A. Smith descartar la parte constante de valor del producto anual. Y, a su vez, esa confusión nace de otro error en la concepción fundamental de A. Smith. Este no distingue el doble carácter del trabajo mismo: el trabajo que, en cuanto inversión de la fuerza de trabajo, crea valor y el que, como trabajo concreto, útil, crea objetos útiles (valor de uso).
La suma global de las mercancías producidas anualmente, es decir, el producto total anual, es producto del trabajo útil desarrollado durante el año anterior; si todas esas mercancías existen, es simplemente, por el hecho de que el trabajo socialmente invertido se desplegó con arreglo a un sistema muy complejo de modalidades de trabajo útil: gracias a ello, se conserva dentro de su valor total el valor de los medios de producción consumidos para producir todas aquellas mercancías, aunque reaparezca bajo una forma natural distinta.
El producto anual global es, por consiguiente, resultado del trabajo útil invertido durante el año; pero durante éste sólo se crea una parte del valor del producto anual; esta parte es el producto de valor anual en que se materializa la suma del trabajo desarrollado durante el mismo año.



