Capítulo XIX
ESTUDIOS ANTERIORES SOBRE EL TEMA CONT.
Karl H. Marx
Pero, de lo que va expuesto se desprende, por lo menos, lo que sigue:
Primero. Aunque el capital social sólo sea igual a la suma de los capitales individuales y, por tanto, el producto–mercancías anual (o capital–mercancías) igual a la suma de los productos–mercancias de estos capitales individuales; aunque, por tanto, el análisis del valor–mercancías en sus elementos integrantes aplicable a todo capital–mercancías individual debiera ser aplicable también, como en última instancia lo es, en efecto, al de toda la sociedad, la forma en que uno y otro se presentan en el proceso social de producción visto en conjunto es distinta.
Segundo: Incluso en el plano de la reproducción simple, nos encontramos, no sólo con la producción de salarios (capital variable) y plusvalía, sino también con la producción directa de nuevo capital constante, aunque la jornada de trabajo esté formada solamente por dos partes: una, en que el obrero repone el capital variable, produce en realidad un equivalente de lo que se le paga por su fuerza de trabajo, y otra, en que produce plusvalía (ganancia, renta, etc.).
En efecto, el trabajo diario empleado para reproducir los medios de producción –cuyo valor se descompone en salarios y plusvalía– se realiza en nuevos medios de producción que reponen el capital constante invertido en producir medios de consumo.
Donde se tropieza con las dificultades más importantes, la mayor parte de las cuales han quedado ya resueltas en las páginas anteriores, no es al estudiar la acumulación, sino al estudiar la reproducción simple. Por eso, tanto A. Smith (libro II) como, antes de él, Quesnay (Tableau économique) parten de la reproducción simple, cuando se trata de estudiar los movimientos del producto anual de la sociedad y su reproducción por medio de la circulación.
2) Cómo descompone A. Smith el valor de cambio en v + p
El dogma de A. Smith según el cual el precio o valor de cambio (exchangeable value) de cada mercancía – y también, por tanto, de todas las mercancías que en conjunto forman el producto anual de la sociedad (que él supone, con razón, sujeta en todas partes al régimen capitalista) – se compone de tres partes integrantes (component parts) o se descompone en (resolves itself into) el salario, la ganancia y la renta, puede reducirse a la tesis de que el valor de la mercancía = v + p; es decir, igual al valor del capital variable desembolsado más la plusvalía. Y al reducir así la ganancia y la renta a una unidad común, que llamamos p, lo hacemos respaldados expresamente por el propio A. Smith, como lo demuestran las citas transcritas a continuación, en las que prescindimos, por el momento, de todos los puntos accesorios, de cuanto pueda significar una desviación real o aparente del dogma según el cual el valor de las mercancías está formado exclusivamente por los elementos que llamamos v + p.
En la manufactura: “El valor que el trabajador añade a los materiales se resuelve en dos partes , una de ellas paga el salario de los obreros, y la otra las ganancias del empresario, sobre el fondo entero de materiales y salarios que adelanta” (libro I, cap. VI, p. 48). “Aunque el maestro haya adelantado al operario sus salarios, nada viene a costarle en realidad, pues el aumento de valor que recibe la materia, en que se ejercitó el trabajo, restituye, por lo general, con ganancias, los jornales adelantados” (libro II, cap. III, p. 299).
“Cualquier porción del capital empleado por el hombre en este concepto, espera siempre poder recuperarlo con un beneficio. Lo emplea, por consiguiente, en sostener manos productivas solamente, y después de haberle servido a él” (al patrono) “como capital, constituye un ingreso para aquéllos” (los obreros) libro II, cap. III, p. 301).
En el capitulo que acabamos de citar, A. Smith dice expresamente: “El total producto anual de la tierra y del trabajo de un país se ...divide naturalmente en dos partes. Una de ellas, y por regla general la mayor, se destina a reponer el capital, o a renovar las provisiones, materiales y la obra acabada ... la otra pasa a constituir un cierto ingreso del propietario del capital, como beneficio correspondiente a él, o de otra persona, en forma de renta de la tierra» (p. 301).
Solamente una parte del capital, como nos dijo más arriba A. Smith, crea renta para todos al mismo tiempo, a saber: la que se invierte en comprar trabajo productivo. Esta –el capital, variable– realiza primeramente en manos del patrono y para él “la función de capital” y luego «crea una renta” para el mismo obrero productivo.
El capitalista convierte una parte de su capital en fuerza de trabajo y, con ello mismo, en capital variable; esta transformación es precisamente la que permite que todo su capital y no sólo una parte de él funcione como capital industrial. El obrero –el vendedor de la fuerza de trabajo– obtiene, en forma de salario, el valor de la misma.
En sus manos, la fuerza de trabajo no es más que una mercancía puesta en venta, la mercancía de cuya venta vive y que constituye, por tanto, su única fuente de ingresos; sólo en manos de su comprador, del capitalista, puede la fuerza de trabajo funcionar como capital variable, y el capitalista sólo adelanta aparentemente el precio pagado por dicha mercancía, pues en realidad el obrero le ha suministrado previamente su valor.
Después de exponer, como vemos, que el valor del producto, en la manufactura, = v + p (donde p = ganancia del capitalista), A. Smith nos dice que en la agricultura los obreros, además de reproducir “un valor igual al de su propio consumo, o bien un valor igual al capital» (variable) «del que los emplea, conjuntamente con los beneficios correspondientes» “además del capital del labrador y de sus beneficios, ocasionan la reproducción de la renta del terrateniente» (libro II, cap. V, p. 328). El hecho de que la renta pase a manos del terrateniente es de todo punto indiferente para el problema que aquí nos ocupa. Para poder pasar a sus manos, tiene que encontrarse en manos del arrendatario, es decir, del capitalista industrial.
Tiene necesariamente que constituir un elemento integrante del valor del producto, antes de poder convertirse en renta para nadie. Por tanto, el propio A. Smith concibe la renta y la ganancia como simples partes integrantes de la plusvalía, que el obrero productivo reproduce constantemente a la par que su propio salario, es decir, a la par que el valor del capital variable. Renta y ganancia son, por consiguiente, dos partes de la plusvalía p, por cuya razón el precio de todas las mercancías, según A. Smith, se descompone en v + p.
El dogma según el cual el precio de todas las mercancías (y también, por tanto, del total de las mercancías producto anual de la sociedad) se descompone en el salario, más la ganancia, más la renta del suelo adopta, incluso en la parte esotérica que cruza de un extremo a otro la obra de A. Smith, la forma de que el valor, de toda mercancía y también, por tanto, del total de las mercancías producto anual de la sociedad, = v + p, = valor capital invertido en fuerza de trabajo y constantemente reproducido por el obrero más la plusvalía que los obreros le añaden con su trabajo.
Y este resultado final a que llega A. Smith nos revela al mismo tiempo –véase más abajo– la fuente de que procede su análisis unilateral de los elementos integrantes en que se descompone el valor de las mercancías. La determinación de la magnitud de cada uno de estos elementos y del límite de su suma de valor no tiene nada que ver, sin embargo, con el hecho de que constituyan, al mismo tiempo, distintas fuentes de renta para las distintas clases que actúan en la producción.
Cuando A. Smith dice: «Salarios, beneficio y renta son los tres puntos originarios de toda clase de renta y de todo valor de cambio. Cualquier otra clase de renta se deriva, en última instancia, de una de estas tres” (libro I, cap. VI, pp. 51–2), acumula toda una serie de quid pro quo.
1º Todos los miembros de la sociedad que no intervienen directamente en el proceso de reproducción, con o sin trabajo, sólo pueden obtener directamente su parte en el producto anual de mercancías –y, por tanto, sus medios de consumo– de manos de las clases entre las que se reparte de primera mano el producto: obreros productivos, capitalistas industriales y terratenientes. En este sentido, sus rentas se derivan materialiter (23) del salario (de los obreros productivos), de la ganancia o de la renta del suelo y aparecen, por tanto, como rentas derivadas, por oposición a éstas, que son rentas originales.
Pero, por otra parte, quienes reciben estas rentas que llamamos derivadas y que lo son en el sentido indicado, las perciben en gracia a su función social, como reyes, curas, profesores, prostitutas: caudillos guerreros, etc., razón por la cual pueden considerar también estas funciones como fuentes originales de sus rentas.
2º Y es aquí donde culmina la lamentable pifia de A. Smith: Después de comenzar determinando acertadamente los elementos integrantes del valor de las mercancías y la suma del producto de valor materializado en ellas, demostrando enseguida cómo estos elementos constituyen otras tantas fuentes distintas de renta;5 después de derivar, por consiguiente, las rentas del valor, invierte completamente los términos– y ésta es, para él, la idea predominante– y convierte las rentas, de “partes integrantes (component parts) en las “fuentes primarias de todo valor de cambio”, con lo cual se abren de par en par las puertas a toda la economía vulgar (véase, por ejemplo, nuestro Roscher).



