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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
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Viernes, 05 de Marzo de 2010 / 08:17 h

El Capital (parte CCXXVII)

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Capítulo XIX
ESTUDIOS ANTERIORES SOBRE EL TEMA (CONT).

Karl H. Marx

“Los gastos que son necesarios para conservar el capital fijo deben excluirse evidentemente de la renta neta de la sociedad. Nunca forman parte de ella aquellos materiales que son indispensables para conservar las máquinas y los instrumentos útiles... ni el producto del trabajo necesario para elaborar aquellos materiales en la forma adecuada.

Es verdad que el precio de este trabajo puede constituir una parte de esa renta, pues el operario empleado en ese menester puede reservar para su consumo inmediato el valor total de sus jornales.

Pero en otras especies de trabajo tanto el precio» (es decir, el salario abonado por este trabajo) “como su producto» (en que este trabajo se materializa) “van a parar a ese fondo; a saber, el precio al fondo del obrero, y el producto al de otras gentes, cuyo alimento, comodidades y distracciones aumentan con el trabajo de aquellos operarios» (libro. II, cap. II, p. 260).

A. Smith tropieza aquí con la importantísima distinción existente entre los obreros que trabajan en la producción de medios de producción y los que trabajan en la producción directa de medios de consumo. El valor del producto–mercancía de los primeros encierra una parte integrante igual a la suma de los salarios, es decir, al valor de la parte de capital invertida en la compra de fuerza de trabajo; esta parte de valor existe físicamente como una determinada parte alícuota de los medios de producción producidos por estos obreros.

El dinero con que se pagan sus salarios constituye, para ellos, una renta, pero su trabajo no crea productos que sean consumibles, ni para ellos mismos ni para otros.

Por tanto, estos productos no entran de por sí en la parte del producto anual destinado a alimentar el fondo social de consumo en el que está llamada a realizarse toda “renta neta”.

A. Smith se olvida aquí de añadir que lo que dice de los salarios es también aplicable a la parte integrante del valor de los medios de producción que forma, en calidad de plusvalía dividida en las categorías de ganancia y renta del suelo, la renta (de primera mano) del capitalista industrial También estos elementos integrantes del valor existen en forma de medios de producción, de artículos no consumibles; sólo después de convertirse en dinero pueden absorber, con arreglo a su precio, una cantidad de los medios de consumo producido por la segunda clase de obreros y transferidos al fondo individual de consumo de sus poseedores.

Con tanta mayor razón hubiera debido comprender A. Smith que la parte de valor de los medios de producción creados anualmente, la cual es igual al valor de los medios de producción que dentro de esta esfera de producción funcionan –es decir, de los medios de producción con que se fabrican otros medios de producción– y representa, por tanto, una parte de valor igual al valor del capital constante invertido aquí, queda excluida en absoluto, no sólo por la forma natural en que existe, sino también por función de capital, de toda parte integrante de valor creadora de renta.

Las indicaciones de A. Smith respecto a la segunda clase de obreros –los que producen directamente medios de producción– no son del todo exactas. Dice, en efecto, que en esta clase de trabajo ambas cosas, el precio del trabajo y el producto, entran en (go to) el fondo directo de consumo: “el precio» (o sea, el dinero obtenido en concepto de salarios) “en el fondo de consumo de los obreros, el producto en el de otras gentes (that of other people), cuyo sustento, confort y placer se ven acrecentados por el trabajo de aquéllos».

Pero el obrero no puede vivir del “precio”, de su trabajo, del dinero en que se le paga su salario; realiza este dinero al comprar artículos de consumo, los cuales pueden consistir, en parte, en mercancías producidas por él mismo. Por otra parte, puede ocurrir que sólo produzca artículos destinados al consumo de los explotadores del trabajo.

Después de excluir así totalmente el capital fijo de la “renta neta” de un país, A. Smith prosigue:

“Ahora bien, aun cuando es necesario excluir de la renta neta de la sociedad el gasto total que supone el mantenimiento del capital fijo, no ocurre así con el capital circulante. De las cuatro partes componentes de este último, a saber: el dinero, los víveres, los materiales y el producto terminado, las tres últimas se separan del mismo para convertirse en capital fijo de la sociedad, o en disponibilidades reservadas para el consumo inmediato.

Cualquier porción de estos bienes consumibles, que no se emplee en mantener el primero» (el capital fijo), “va a parar al segundo” (al fondo destinado al consumo directo)” y constituye una parte de la renta neta de la sociedad. Para mantener, por consiguiente, estos tres elementos del capital circulante, no es necesario deducir del producto anual de la renta neta de la sociedad sino aquella proporción que es indispensable para mantener el capital fijo” (libro II, cap. II, p. 261).

No es más que una tautología: tanto da decir que una parte del capital circulante no entra en la producción de medios de producción como decir que entra en la producción de medios de consumo; es decir, en la parte del producto anual destinada al fondo de consumo de la sociedad. Lo importante es lo que viene a continuación:

“En este aspecto, el capital circulante de una sociedad es muy diferente del de cada individuo. El de éste no representa de ningún modo parte alguna de su renta neta, que sólo puede consistir en sus beneficios. Ahora bien, aun cuando el capital circulante de toda persona particular forma parte del total de la nación a que dicho individuo pertenece, no por eso se excluye el que forme parte, al mismo tiempo, de la renta neta de esa misma comunidad.

Aunque todos los bienes que hay en la tienda de un comerciante no se pueden incluir en las disponibilidades reservadas para su propio consumo, sí pueden serlo en el de otras personas, las cuales, con las rentas derivadas de otros fondos, pueden reponer regularmente al comerciante el valor de sus mercancías, acompañado de sus ganancias, y sin que esto disminuya ni el capital de este último ni el de ellos” (libro II, cap. II, p. 261). Por consiguiente:

1º Lo mismo que el capital fijo y el capital circulante necesario para su reproducción (la función la olvida) y sostenimiento, el capital circulante de todo capitalista individual destinado a la producción de artículos de consumo se halla totalmente excluido de la renta neta de este capitalista, la cual sólo puede consistir en su ganancia. Por tanto, la parte de su producto–mercancía que repone su capital no puede descomponerse en los elementos integrantes del valor que forman la renta para él.

2º El capital circulante de todo capitalista individual constituye una parte del capital circulante de la sociedad, al igual que todo capital fijo individual.

3º El capital circulante de la sociedad, aunque no sea más que la suma de los capitales circulantes individuales, posee un carácter distinto del capital circulante de cada capitalista individual. Este no puede nunca formar parte de su renta; en cambio, una fracción del primero (a saber, la formada por los artículos de consumo) puede formar parte al mismo tiempo de la renta de la sociedad o, como decía más arriba A. Smith, no merma necesariamente la renta neta de la sociedad en una parte del producto anual. En realidad, lo que A. Smith llama aquí capital circulante es el capital–mercancía producido anualmente que los capitalistas productores de medios de consumo lanzan todos los años a la circulación.

Este producto global anual formado por mercancías está integrado en su totalidad por artículos consumibles y constituye, por tanto, el fondo en que se realizan o se invierten las rentas netas (incluyendo los salarios) de la sociedad. En vez de tomar como ejemplo las mercancías puestas a la venta en la tienda del comerciante al por menor, A. Smith hubiera debido elegir las masas de artículos almacenados en los depósitos de mercancías de los capitalistas industriales.

Si A. Smith hubiese resumido las series de ideas que se le revelaban al estudiar, primero, la reproducción de lo que él llama capital fijo y luego la de lo que denomina capital circulante, habría llegado al resultado siguiente:

I. El producto anual de la sociedad está formado por dos partes: la primera comprende los medios de producción, la segunda los medios de consumo; ambas deben examinarse separadamente.

II. El valor total de la parte del producto anual consistente en medios de producción se distribuye como sigue: una parte de valor es simplemente el valor de los medios de producción absorbidos para elaborar estos medios de producción y, por tanto, valor–capital que reaparece sencillamente bajo una forma distinta; una segunda parte equivale al valor del capital invertido en fuerza de trabajo o lo que es lo mismo, a la suma de los salarios abonados por los capitalistas de esta esfera de producción. La tercera parte de valor, finalmente, constituye la fuente de la ganancia (incluyendo las rentas del suelo), de los capitalistas industriales de esta categoría.

El primer elemento integrante, según A. Smith el capital fijo reproducido dentro de todos los capitales individuales que operan en esta primera sección, queda, evidentemente, excluido y no puede jamás formar parte de la renta neta del capitalista individual ni de la sociedad. Funciona siempre como capital, nunca como renta. Hasta aquí, el “capital fijo» de cada capitalista individual no se distingue en nada del capital fijo de la sociedad.

Pero los otros elementos de valor del producto anual de la sociedad consisten en medios de producción –elementos de valor que existen también, por consiguiente, en forma de partes alícuotas de esta masa de medios de producción– constituyen, indudablemente, rentas para todos los agentes que intervienen en esta producción, salarios para los obreros, ganancias y rentas para los capitalistas.

Pero, no constituyen rentas, sino capital para la sociedad, a pesar de que el producto anual de la sociedad sólo consiste en la suma de los productos de los capitalistas individuales que la forman. En su mayor parte, sólo queden funcionar, por su propia naturaleza, como medios de producción e incluso aquellos que podrían, en caso necesario, actuar como medios de consumo se hallan destinados a servir de materias primas o materiales auxiliares pata la nueva producción. Pero no funcionan como tales –y, por tanto, como capital– en manos de quienes los producen, sino en manos de quienes los emplean, a saber:

III. De los capitalistas de la sección segunda, de los productores directos de medios de consumo. Reponen a éstos el capital empleado en la producción de artículos de consumo (en la medida en que este capital no se invierte en fuerza de trabajo, es decir, en pagar la suma de salarios a los obreros de esta sección) , mientras que el capital aquí empleado, que ahora se halla en forma de medios de consumo en manos de los capitalistas que los producen, forma a su vez –y, por tanto, desde el punto de vista social– el fondo de consumo en que los capitalistas y obreros de la sección primera realizan su renta.

Si A. Smith hubiese llevado su análisis hasta aquí, se habría acercado mucho a la solución de todo el problema. Y, en el fondo, estaba en camino de conseguirlo, puesto que ya había observado que determinadas partes de valor de una categoría de capitales–mercancías (la de los medios de producción) que forman el producto total anual de la sociedad, aun constituyendo renta para los obreros y capitalistas individuales dedicados a su producción, no forman, sin embargo, parte integrante de la renta de la sociedad, mientras que una parte de valor de la otra categoría (la de los medios de consumo) constituye valor–capital para quienes se los apropian individualmente, para los capitalistas que actúan en esta esfera de inversión, pero solamente una parte de la renta social.

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