La alianza social en Sao Paulo, los proyectos de UNASUR y ALBA, el Grupo Río, han sido una base sólida para la creación de una organización regional latinoamericana, con políticas económicas propias.
ONU y OEA son instancias en que los países de América Latina y el Caribe, no han visto representados sus intereses y, mediatizados por la “protección” USA, han sido manipulados para sumar votos a los proyectos de las grandes economías. Los gobiernos de El Salvador dieron su obediencia en cuestiones como la ocupación israelí, el conflicto Taiwán, el bloqueo comercial a Cuba, la guerra de las Malvinas…
En este proyecto emancipador que impulsan los gobiernos de América del Sur, aunque el de El Salvador no represente un país con una economía ni una experiencia política que pueda aportar, debería participar con el mayor entusiasmo para corresponder y aprovechar los gestos de amistad que recibe. Venezuela, Brasil, Cuba, Chile son al sólo dos ejemplos de la buena voluntad con que se ven nuestros problemas. Si los gobiernos de derecha desdeñaron ayudas médicas, reconstrucciones, cooperación, esperemos que este nuevo gobierno participe plenamente en los proyectos que se impulsarán a partir de la Cumbre de Cancún.



