Sección Tercera
LA REPRODUCCIÓN Y CIRCULACIÓN DEL CAPITAL SOCIAL EN CONJUNTO
Capítulo XVIII
Karl H. Marx
El retroceso de Adam Smith en su análisis del proceso de reproducción es tanto más sorprendente cuanto que, por lo general, este autor no sólo desarrolla, en sus estudios, los aceptados análisis de Quesnay, como ocurre, por ejemplo, con su concepto de los avances primitives y los avances annualles, que generaliza en los de capital “fijo” y capital “circulante”, sino que a ratos reincide por completo en los errores fisiocráticos. Por ejemplo, para demostrar que el arrendatario produce mayor valor que ningún otro grupo capitalista, dice: “Ahora bien, no hay capital que, en iguales circunstancias, ponga en movimiento mayor cantidad de trabajo productivo, que el del labrador.
No sólo son trabajadores productivos sus jornaleros, sino que también es productivo el ganado de labor” (¡frase que envuelve, por cierto, una gran fineza para los jornaleros!). “En la agricultura, trabaja asimismo la naturaleza con el hombre, y aunque a ella nada le cuesta su trabajo, el producto de éste tiene su valor peculiar, tanto como el del operario más costoso. Las operaciones más importantes de la agricultura no se encaminan tanto al aumento de la fertilidad –aunque también lo facilitan– como a dirigir la fecundidad de la naturaleza hacia la producción de aquellas plantas que se consideran útiles para el hombre.
Un terreno cubierto de abrojos y de maleza es, por sí, capaz de producir, en la mayor parte de los casos, una cantidad de vegetales igual a la que actualmente produce un viñedo o una tierra de labor bien cultivada. Las labores del campo, por lo común, más bien regulan que vigorizan la fecundidad activa de la naturaleza, porque, aun después de realizadas, una gran parte del esfuerzo ha de ser efectuado por ésta.
Los trabajadores y el ganado que se emplean en la agricultura no sólo reproducen un valor igual al de su propio consumo, como los operarios de cualquier manufactura, o bien un valor igual al capital del que los emplea, conjuntamente con los beneficios correspondientes, sino que producen un valor mucho mayor. Además del capital del labrador y de sus beneficios, ocasionan la reproducción de la renta del terrateniente.
Esta renta puede considerarse como producto de aquellas facultades productivas de la naturaleza, cuyo aprovechamiento arrienda el dueño al colono. Será esa renta mayor o menor según sean mayores o menores esas facultades productivas, o en otros términos, según sea la fertilidad natural o artificial de la tierra. Es la obra de la naturaleza la que resta, después de haber deducido o compensado todo cuanto puede considerarse como obra del hombre. Rara vez es menor de la cuarta parte del producto total y, por lo común, supera la tercera parte.
No hay ninguna cantidad igual de trabajo productivo que, empleada en la manufactura, sea capaz de una eficiencia tan alta. En las manufacturas nada produce la naturaleza; todo lo hace el hombre, y su reproducción siempre ha de ser proporcionada a la fuerza de los agentes que la motivan.
El capital que se emplea en la agricultura no sólo moviliza mayor cantidad de trabajo productivo que igual capital empleado en las manufacturas, sino que, aun atendida la proporción del trabajo productivo que emplea, agrega mucho más valor al producto anual de la tierra y del trabajo del país y, por lo tanto, a la riqueza y al ingreso de sus habitantes.”
Dice Adam Smith, libro II, cap. I: «El valor de las semillas hay que considerarlo, en realidad, como si fuera capital fijo”. Por tanto, aquí capital = valor capital: existe en forma “fija”. Aunque [la semilla] va y viene del campo al granero, no cambia de dueño y, por eso, no se puede decir justamente que circula. La ganancia del labrador no consiste en vender la semilla, sino en acrecentarla”.
La estrechez de visión, aquí, no está en que Smith, como había hecho ya Quesnay, no considere la reaparición del valor del capital constante como un factor importante del proceso de reproducción, sino simplemente como un ejemplo más, y además falso, para ilustrar su diferencia entre capital fijo y capital circulante
En la traducción que hace Smith de los términos de avances primitives y avances annuelles por “fixed capital» y «circulating capital», el progreso reside en la palabra «capital», cuyo concepto se generaliza, independientemente de su proyección especial sobre el radio “agrícola” de acción de los fisiócratas: el retroceso, en concebir y retener las diferencias entre «fijo y «circulante» como diferencias decisivas.
II Adam Smith
1) Puntos de vista generales de Adam Smith
Dice Adam Smith, libro I, cap. VI p. 50: “En toda sociedad, pues, el precio de cualquier mercancía se resuelve en una u otra de esas partes (salario, ganancia, renta del suelo) o en las tres a un tiempo, y en todo pueblo civilizado las tres entran, en mayor o menor grado, con el precio de casi todos los bienes»; o, como se dice más adelante, pp. 51 – 2: «Salario, beneficio y renta son las tres fuentes originarias de toda clase de renta de todo valor de cambio” Más abajo investigaremos en detalle esta teoría de Adam. Smith sobre las «partes integrantes del precio de las mercancías”.
Más adelante, dice: “Siendo éste el caso, como hemos visto, respecto a cada mercancía particular tomada separadamente, también ha de acontecer lo mismo respecto a todo el conjunto de las que componen el producto anual de la tierra y del trabajo de cada país. El precio total o el valor en cambio de aquel producto anual no puede por menos de resolverse necesariamente en esas tres partes, y distribuirse entre los habitantes del país, como salarios del trabajo, o como beneficios del capital, o como renta de la tierra» (libro II, cap. II, p. 259)
Después de descomponer así lo mismo el precio de todas las mercancías consideradas aisladamente que “el precio o valor de cambio total del producto anual de la tierra y del trabajo de cada país” en las tres fuentes de ingresos: la del obrero asalariado, la del capitalista y la del terrateniente, el salario, la ganancia y la renta del suelo, Adam Smith se ve obligado a dar un rodeo, para deslizar de contrabando un cuarto elemento, el elemento del capital.
Para ello se vale de la distinción entre la renta bruta y la renta neta: “el ingreso bruto de todos los habitantes de un gran país comprende todo el producto anual de sus tierras y de su trabajo; la renta neta lo que les queda libre después de deducir los gastos para mantener, en primer lugar, su capital fijo, y en segundo lugar, el circulante, o sea aquello que, sin aminorar el capital, puede reservarse para el consumo inmediato, o gastarse en subsistencias, cosas convenientes y recreo. Esta riqueza real se halla también en proporción, no con la renta bruta, sino con la neta” (loc. cit., p. 260).
A esto observaremos lo siguiente:
1º A. Smith sólo habla aquí expresamente de la reproducción simple, sin referirse a la reproducción en escala ampliada o acumulación; y habla solamente de los gastos destinados al sostenimiento (maintaining) del capital en funciones. El ingreso “neto” equivale a la parte del producto anual, sea de la sociedad o del capitalista individual que puede destinarse al «fondo, de consumo”, pero sin que el volumen de este fondo pueda mermar el capital en activo (encroach upon capital). Por consiguiente, hay una parte de valor del producto, tanto del individual como del social, que no entra en el salario ni en la ganancia ni en la renta del suelo, sino en el capital.
2º A. Emith huye, de su propia teoría por medio de un juego de palabras, de la distinción entre gross y net revenue, entre ingreso bruto e ingreso neto. El capitalista individual, al igual que la clase capitalista en conjunto, o lo que se llama la nación, recibe en vez del capital consumido en la producción un producto–mercancía, cuyo valor –representable en partes proporcionales de este mismo producto– repone , de una parte, el valor–capital invertido, creando, por tanto, un ingreso y además, literalmente, una renta [revenue] (de revenu, participio pasivo de revenir, retornar), pero nota bene, (22), renta de capital o ingreso de capital. De otro lado, las partes integrantes de valor que “se distribuyen entre los diversos habitantes del país como salario de su trabajo, como ganancia de su capital o como renta de su propiedad de la tierra», es lo que en el lenguaje corriente se engloba bajo el nombre de rentas.
Es decir, que el valor de todo el producto, ya sea para el capitalista individual o para todo el país, arroja siempre un ingreso para alguien: de una parte, un ingreso para el capital; de otra, rentas distintas de él. Por consiguiente, lo que se había eliminado al analizar el valor de la mercancía en sus partes integrantes, se cuela ahora por un portillo, y volvemos a encontrarnos con el doble sentido de la palabra “renta”. Ahora bien; sólo es posible «recibir» las partes integrantes del valor del producto que ya existiesen en él. Para poder recibir como renta capital, es necesario desembolsar previamente capital.
Continúa diciendo A. Smith: “El nivel más bajo del beneficio ordinario ha de ser por lo menos algo más que suficiente para compensar las pérdidas ocasionales a que se expone cualquier colocación de capital: y es únicamente ese remanente lo que se puede considerar como beneficio neto o puro.” (¿Qué capitalista llama ganancia a los desembolsos necesarios del capital?) “El llamado beneficio bruto no sólo suele comprender ese remanente, sino la parte que se retiene para compensar tales pérdidas extraordinarias” (libro I cap. IX, p. 101). Pero, esto no quiere decir sino que una parte de la plusvalía, considerada como parte de la ganancia bruta, debe destinarse a formar un fondo de seguros para la producción.
Este fondo se crea con una parte del trabajo sobrante, que en este sentido produce directamente capital, es decir, el fondo destinado a la reproducción. Por lo que se refiere a los desembolsos para el «sostenimiento» del capital fijo, etc. (véase el pasaje citado más arriba), la reposición del capital fijo consumido por otro nuevo no constituye una nueva inversión de capital, sino que es, simplemente, la renovación del antiguo valor–capital bajo una forma nueva. Y en cuanto a la reparación del capital fijo, que A. Smith incluye también entre los gastos del sostenimiento, forma parte del precio del capital desembolsado.
El hecho de que el capitalista, en vez de invertirlo de una vez pueda irlo desembolsando gradualmente y a medida que la necesidad lo exija, durante el funcionamiento del capital y a costa de las ganancias ya conseguidas, no hace cambiar para nada la fuente de esta ganancia. La parte integrante del valor de la que emana, prueba únicamente que el obrero rinde trabajo sobrante para alimentar aquel fondo de seguros y este fondo de reparaciones.
A continuación, A. Smith nos dice que de la renta neta, es decir, de la renta en sentido específico, hay que excluir todo el capital fijo, y además toda la parte del capital circulante necesaria para el sostenimiento y la reparación del capital fijo, así como para su renovación: es decir, en realidad todo el capital que no reviste una forma natural destinada al fondo de consumo.



