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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Miércoles, 03 de Marzo de 2010 / 11:13 h

El Capital (parte CCXXV)

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Sección Tercera
LA REPRODUCCIÓN Y CIRCULACIÓN
DEL CAPITAL SOCIAL EN CONJUNTO
Capítulo XVIII

Karl H. Marx

En la medida en que la organización del mismo trabajo social, y por tanto el aumento de la fuerza productiva social del trabajo, exige que se produzca en mayor escala y, por consiguiente, que los capitalistas desembolsen capital–dinero en grandes masas, ya expusimos en el libro I que esto se consigue, en parte, mediante la centralización de los capitales en pocas manos, sin necesidad de que aumente en términos absolutos el volumen de los capitales en funciones ni, por tanto, el volumen del capital–dinero. La magnitud de los capitales individuales puede aumentar mediante su centralización en pocas manos, sin que su suma social aumente. Lo único que cambia es la división de los distintos capitales.

Finalmente, en la sección anterior hemos visto que, acortando el período de rotación, cabe poner en movimiento el mismo capital productivo con menos capital–dinero o poner en acción con el mismo capital–dinero un capital productivo mayor.

Todo esto, indudablemente, no guarda la menor relación con el verdadero problema del capital–dinero. Indica únicamente que el capital productivo –una suma determinada de valor, compuesta en su forma libre, en su forma de valor, por una cierta suma de dinero–, después de convertirse en capital productivo, encierra potencias productivas cuyos límites no se contienen dentro de los límites de su valor, sino que pueden, hasta cierto punto, actuar con efectos diversos, ya sea intensiva o extensivamente. Partiendo de los precios de los elementos de producción –medios de producción y fuerza de trabajo–, podemos establecer la magnitud del capital–dinero necesario para comprar una determinada cantidad de estos elementos de producción disponibles como mercancías.

O, lo que es lo mismo, podemos establecer la magnitud de valor del capital que ha de desembolsarse. Pero, el volumen en que este capital funciona como fuerza creadora de valor y de productos es siempre elástico y variable.

Sobre el segundo punto. Es evidente que la parte del trabajo social y de los medios sociales de producción que ha de invertirse anualmente en producir o comprar oro, para reponer las monedas desgastadas, viene a mermar pro tanto en la misma medida el volumen de la producción social.

Pero, en lo que se refiere al valor–dinero que funciona en parte como medio de circulación y en parte como tesoro, éste existe, como algo adquirido, al lado de la fuerza de trabajo, de los medios de producción producidos y de las fuentes naturales de la riqueza. No puede ser considerado como límite de éstos. Al convertirse en medios de producción, mediante el cambio con otros pueblos, podría aumentar la escala de la producción. Pero esto presupone que el dinero siga desempeñando igual que antes su papel de dinero universal.

Según la menor o mayor duración del período de rotación, será necesario contar con una masa mayor o menor de capital–dinero para poner en movimiento el capital productivo. Hemos visto también que la división del período de rotación en período de trabajo y período de circulación determina un aumento del capital latente o en suspenso en forma de dinero. 

En la medida en que el período de rotación es determinado por la duración del período de trabajo, se halla determinado también, siempre y cuando que las condiciones no varíen, por el carácter material del proceso de producción y, por consiguiente, no por el carácter específicamente social de este proceso. Sin embargo, sobre la base de la producción capitalista, operaciones más extensas o de más larga duración exigen desembolsos mayores de capital–dinero y por mayor tiempo.

La producción, en estos terrenos, depende, pues, de los límites dentro de los cuales el capitalista individual disponga de capital–dinero. Este inconveniente se salva, no obstante, por medio del crédito y las combinaciones sociales relacionadas con él, las sociedades anónimas, por ejemplo. Por eso las perturbaciones producidas en el mercado de dinero paralizan este tipo de negocios, y éstos, a su vez, provocan perturbaciones en el mercado de dinero.

Sobre la base de la producción social, hay que determinar la medida en que estas operaciones, que sustraen fuerza de trabajo y medios de producción durante largo período de tiempo sin aportar durante este tiempo un producto ni un efecto útil, pueden realizarse sin dañar a las ramas de producción que, continuamente o varias veces al año, absorben fuerza de trabajo y medios de producción, pero suministrando a cambio de ello medios de producción y medios de vida.

Lo mismo en la producción social que en la producción capitalista, los obreros que trabajan en ramas de producción con períodos cortos de trabajo sustraen durante poco tiempo productos sin reponer otros a cambio de ellos, mientras que las ramas en que el período de trabajo sea largo estarán durante largo tiempo sustrayendo constantemente, antes de poder restituir. Esta circunstancia depende, por tanto, de las condiciones materiales del proceso de trabajo correspondiente, no de su forma social. En la producción social, el capital–dinero desaparece.

La sociedad se encarga de distribuir entre las diversas ramas la fuerza de trabajo y los medios de producción. Por mí, no hay ningún inconveniente en que los productores reciban bonos a cambio de los cuales puedan retirar de los fondos sociales de consumo cantidades proporcionales al tiempo de trabajo aportado por ellos. Estos bonos no constituyen dinero. No entran en la circulación.

Como vemos, en la medida en que la necesidad de capital–dinero nace de la duración del período de trabajo, esta necesidad se halla determinada por dos circunstancias. Primera, que el dinero sea la forma que deba revestir todo capital individual (prescindiendo del crédito) para convertirse en capital productivo, como así lo exige la esencia misma de la producción capitalista y de la producción de mercancías, en general. Segunda, la cuantía del desembolso de dinero necesario nace del hecho de que durante largo tiempo se sustraen constantemente a la sociedad fuerza de trabajo y medios de producción sin restituirle durante este tiempo un producto reversible a dinero.

La primera circunstancia, la de que el capital que ha de desembolsarse tiene que desembolsarse necesariamente en dinero, se mantiene en pie cualquiera que sea la forma de éste, ya se trate de dinero metálico, de dinero certifico, de signos de valor, etc. A la segunda circunstancia le es indiferente de todo punto el medio monetario o la forma en que se sustraigan a la producción trabajo, medios de producción y medios de vida sin restituir a la circulación un equivalente.

Capítulo XIX
ESTUDIOS ANTERIORES SOBRE EL TEMA
I. Los fisiócratas

El Tableau Economique de Quesnay muestra a grandes rasgos cómo el rendimiento anual de la producción, determinado en cuanto al valor, se distribuye por medio de la circulación de modo que, siempre y cuando que las circunstancias no varíen, pueda efectuarse su reproducción simple, es decir, su reproducción en la misma escala. El punto de partida del período de producción lo constituye, lógicamente, la cosecha del año anterior.

Los innumerables actos individuales de circulación se resumen inmediatamente en su movimiento de masas característico–social: en la circulación entre las grandes clases económicas de la sociedad, funcionalmente determinadas. Ahora bien; lo que aquí interesa es ver cómo una parte del producto global –que, al igual que cualquier otra parte de él, es, en cuanto objeto útil, un resultado nuevo del trabajo anual realizado– sólo es, al mismo tiempo, exponente del antiguo valor–capital, que reaparece aquí bajo la misma forma natural.

No circula, sino que permanece en manos de sus productores, de la clase de los arrendatarios para iniciar de nuevo, en ellas, su función de capital. En esta parte del producto anual, que representa el capital constante, Quesnay incluye también elementos ajenos a ella, pero, a pesar de esto, da fundamentalmente en el clavo, gracias a las barreras que cerraban su horizonte visual haciéndole creer que la agricultura era la única base de inversión del trabajo humano creadora de plusvalía y, por tanto, desde el punto de vista capitalista, la única realmente productiva.

El proceso económico de reproducción, cualquiera que sea su carácter específicamente social, se entrelaza siempre en este terreno (el de la agricultura) con un proceso natural de reproducción. Y las condiciones tangibles de éste aclaran las de aquél y evitan las confusiones provocadas exclusivamente por el espejismo de la circulación.

Las etiquetas de los sistemas se distinguen de las de otros artículos, entre otras cosas, en que no engañan solamente al comprador, sino también, no pocas veces, al mismo vendedor. El propio Quesnay y sus discípulos más cercanos creían, en efecto, que su divisa feudal era verdadera. Y así siguen pensando todavía hoy nuestros sabios ofíciales.

La verdad es que el sistema fisiocrático es la primera versión sistemática de la producción capitalista. El representante del capital industrial –la clase de los arrendatarios– dirige en él todo el movimiento económico.

La agricultura es explotada de un modo capitalista; es decir, como empresa de arrendatarios capitalistas, en gran escala; el cultivador inmediato de la tierra es el obrero asalariado.

La producción crea, no sólo los artículos útiles, sino también su valor; pero su motivo propulsor es la obtención de plusvalía y su fuente la órbita de la producción, no la de la circulación. Entre las tres clases que figuran como agentes del proceso social de reproducción realizado por medio de la circulación, el explotador directo del trabajo «productivo», el productor de la plusvalía, el arrendatario capitalista, se distingue de quienes se limitan a apropiársela.

El carácter capitalista del sistema fisiocrático suscitó ya durante su período de esplendor la oposición de hombres como Linguet y Mably, por una parte, y, por otra, de los defensores de la pequeña propiedad libre del suelo.

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