Capítulo XVII (Continuación)
LA CIRCULACIÓN DE LA PLUSVALÍA
Karl H. Marx
Pero la dificultad surge cuando partimos del supuesto no de una acumulación parcial, sino de la acumulación general del capital–dinero entre la clase capitalista en su conjunto. Fuera de esta clase no existe, según el supuesto de que aquí se parte –régimen general y exclusivo de producción capitalista–, más clase que la obrera.
Todo lo que la clase obrera compra equivale a la suma de sus salarios, a la suma del capital variable desembolsado por la clase capitalista en su totalidad. Este dinero refluye a la clase capitalista por medio de la venta de sus productos a la clase obrera.
De este modo, el capital variable por ella desembolsado recobra su primitiva forma–dinero. Supongamos que la suma del capital variable sea = x X 100 libras esterlinas es decir, igual a la suma, no del capital variable desembolsado, sino del capital variable empleado durante el año; el hecho de que se desembolse durante el año, según la velocidad de rotación de este capital variable, mucho o poco dinero, no altera en lo más mínimo los términos del problema que tenemos planteado.
Con este capital de x X 100 libras esterlinas, la clase capitalista compra una determinada masa de fuerza de trabajo o paga salarios a determinado número de obreros: primera transacción. Los obreros, con la misma suma, compran a los capitalistas una determinada cantidad de mercancías haciendo así refluir a manos de los capitalistas la suma de x X 100 libras esterlinas: segunda transacción.
Y este proceso se repite continuamente. Por tanto, la suma de x X 100 libras esterlinas jamás permitirá a la clase obrera comprar la parte del producto que representa el capital constante, y mucho menos aún la parte en que se contiene la plusvalía de la clase capitalista. Con las x X 100 libras esterlinas, los obreros no pueden comprar nunca más que una parte de valor del producto social igual a la parte de valor que representa el valor del capital variable desembolsado.
Prescindiendo del caso en que esta acumulación total no expresa sino la distribución de los metales preciosos adicionales importados, cualquiera que su proporción sea, entre los distintos capitalistas individuales, ¿corro se las arregla, pues, la clase capitalista en su conjunto para acumular dinero?
Para ello, todos tendrían que vender una parte de su producto, sin volver a comprar. El hecho de que todos ellos posean un determinado fondo de dinero, que lanzan a la circulación como medio de circulación para su consumo y una cierta parte del cual vuelve a recuperar cada uno de ellos de la circulación, no constituye absolutamente nada misterioso.
Pero este fondo de dinero se hallará formado, entonces, precisamente como fondo de circulación, mediante la realización monetaria de la plusvalía, y en modo alguno como capital–dinero latente.
Si nos fijamos en la cosa tal y como se presenta en la realidad, vemos que el capital–dinero acumulado para su empleo ulterior se halla integrado:
1) Por los depósitos bancarios. Pero la suma de dinero de que los bancos pueden disponer realmente, es una suma relativamente pequeña. Aquí, sólo se acumula capital–dinero nominalmente. Lo que realmente se acumula son créditos de dinero, que son realizables monetariamente (siempre y cuando que lo sean, en efecto), por la sencilla razón de que se produce un equilibrio entre el dinero cuya devolución se reclama y el dinero depositado. La suma que se encuentra como dinero en poder del banco es siempre pequeña.
2) Por los títulos de la Deuda pública. Estos no constituyen en modo alguno capital, sino que son simples créditos que dan derecho a una parte del producto anual de la nación.
3) Por acciones. Sí no obedecen a una operación fraudulenta, las acciones son títulos posesorios sobre un capital efectivo perteneciente a una entidad colectiva, verdadero capital y derecho a percibir una parte de la plusvalía anual producida por él.
En ninguno de estos tres casos existe acumulación de dinero, sino que lo que por una parte aparece como acumulación de capital–dinero, aparece por la otra como una inversión de dinero contante y real. Para estos efectos, tanto da que el dinero sea invertido por aquel a quien pertenece o por otras personas, deudoras suyas.
Dentro de la producción capitalista, el atesoramiento como tal no constituye nunca una finalidad, sino el resultado de una de tres cosas: o de un estancamiento de la circulación –cuando asumen la forma de tesoro masas de dinero mayores que de costumbre–, de las acumulaciones condicionadas por la rotación o, finalmente, de la formación de un capital–dinero, que por el momento presenta forma latente, pero que está destinado a funcionar como capital productivo.
Por tanto, cuando por un lado se retira de la circulación una parte de la plusvalía realizada en dinero, para acumularla como tesoro, es que al mismo tiempo se convierte constantemente en capital productivo, de otro lado, otra parte de la plusvalía. Sí se exceptúa la distribución de los metales preciosos adicionales en el seno de la clase capitalista, la acumulación en forma de dinero no se opera nunca simultáneamente en todos los puntos.
A la parte del producto anual que representa plusvalía en forma de mercancías es aplicable exactamente lo mismo que vale para la parte restante del producto anual. Su circulación presupone la existencia de una cierta suma de dinero.
Esta suma de dinero pertenece a la clase capitalista, al igual que la masa de mercancías anualmente producida que representa plusvalía. Originariamente, es la propia clase capitalista la que la pone en circulación. Y por medio di la misma circulación, se distribuye constantemente entre los capitalistas.
Lo mismo que ocurre con la circulación monetaria en general, una parte de esta masa se estanca constantemente en diversos puntos, variables, mientras que la parte restante circula continuamente. El hecho de que una parte de esta acumulación sea deliberada, con la intención de formar capital–dinero, no hace cambiar para nada el problema.
Aquí, se prescinde de las aventuras de la circulación por medio de las cuales un capitalista se apropia una parte de la plusvalía e incluso del capital de otro, produciéndose, por tanto, una acumulación y centralización unilaterales, tanto del capital–dinero como del capital productivo. Puede ocurrir, por ejemplo, que una parte de la plusvalía arrancada que A acumula como capital–dinero sea una parte de la plusvalía de B que no refluye a sus manos
Sección Tercera
LA REPRODUCCIÓN Y CIRCULACIÓN
DEL CAPITAL SOCIAL EN CONJUNTO
Capitulo XVIII
INTRODUCCIÓN
Objeto de la investigación
El proceso inmediato de producción del capital es su proceso de trabajo y de valorización, proceso que tiene como resultado el producto–mercancía y como motivo determinante la producción de plusvalía.
El proceso de reproducción del capital abarca tanto este proceso inmediato de producción como las dos fases del proceso de circulación en sentido estricto; es decir, el proceso cíclico en su conjunto, el cual, considerado como proceso periódico –como un proceso que se repite constantemente en determinados períodos–, forma la rotación del capital.
Ya consideremos el ciclo bajo la forma D... D’ o bajo la forma P... P’, el proceso inmediato de producción P no es nunca más que una fase de este ciclo. Bajo la primera forma, actúa como eslabón del proceso de circulación; bajo la segunda, es el proceso de circulación el que le sirve de eslabón a él.
Su renovación continua, la reaparición constante del capital como capital productivo, se halla condicionada en ambos casos por las transformaciones que experimenta en el proceso de circulación. Y, a su vez, el proceso de producción constantemente renovado es la condición de las transformaciones que sufre constantemente el capital en la órbita de la circulación, en las que aparece alternativamente como capital–dinero y capital–mercancías.
Sin embargo, cada capital de por sí no es más que una fracción sustantivada, dotada, por decirlo así, de vida individual, del capital social en conjunto, del mismo modo que cada capitalista de por sí no es más que un elemento individual de la clase capitalista.
La dinámica del capital social se halla formada por la totalidad de los movimientos de sus fracciones sustantivadas, de las rotaciones de los capitales individuales. Así como la metamorfosis de cada mercancía constituye un eslabón en la cadena de metamorfosis del mundo de las mercancías en su totalidad –de la circulación de las mercancías–, la metamorfosis del capital individual, su rotación, es un eslabón en el ciclo del capital social.
Este proceso de conjunto encierra tanto el consumo productivo (el proceso inmediato de producción) y las mutaciones de forma (los cambios, considerados en cuanto a la materia) mediante las cuales se efectúa, como el consumo individual y las mutaciones de forma o cambios que lo hacen posible.
Encierra, de una parte, la inversión del capital variable en fuerza de trabajo y, por tanto, la incorporación de ésta al proceso capitalista de producción, en la que el obrero aparece como vendedor de su mercancía, de la fuerza de trabajo, y el capitalista como comprador de la misma.
Y, de otra parte, en la venta de las mercancías va implícita la compra de ellas por la clase obrera y, por consiguiente, el consumo individual de ésta. Aquí la clase obrera aparece como compradora y los capitalistas como vendedores de mercancías a los obreros.
La circulación del capital–mercancías incluye la circulación de la plusvalía y con ella, por tanto, las compras y las ventas en que se traduce el consumo individual de los capitalistas, el consumo de la plusvalía.
El ciclo de los capitales individuales, englobados en el capital social, es decir, considerados en su totalidad, abarca, por tanto, no sólo la circulación del capital, sino también la circulación general de las mercancías. Esta, primitivamente, sólo puede hallarse formada por dos elementos: 1º el propio ciclo del capital, y 2º el ciclo de las mercancías absorbidas por el consumo individual; es decir, de las mercancías en que el obrero invierte su salario y el capitalista su plusvalía (o una parte de ella).
Claro está que el ciclo del capital abarca también la circulación de la plusvalía en la medida en que ésta forma parte del capital–mercancías, así como también la transformación del capital variable en fuerza de trabajo, el pago de los salarios. Pero la inversión de esta plusvalía y del salario en mercancías no constituye un eslabón de la circulación del capital, aunque la inversión del salario, por lo menos, condicione esta circulación.
En el libro I hemos analizado el proceso capitalista de producción, tanto de por sí como en cuanto proceso de reproducción: la producción de plusvalía y la producción del propio capital.
Los cambios de forma y de materia que el capital experimenta dentro de la órbita de la circulación se daban por supuestos, sin detenerse a estudiarlos. Se daba por supuesto, por tanto, primero, que el capitalista vende el producto por su valor y, segundo, que encuentra a su disposición los medios materiales de producción necesarios para comenzar de nuevo el proceso o proseguirlo ininterrumpidamente. El único acto de la órbita de la circulación en que necesitábamos detenernos allí era la compra y la venta de la fuerza de trabajo, como condición fundamental de la producción capitalista.
En la sección primera de este libro II, hemos examinado las diversas formas que el capital adopta en su ciclo y las distintas formas del ciclo mismo. Al tiempo invertido en el trabajo, que examinamos en el libro I, hay que agregar ahora el tiempo invertido en la circulación.
En la sección segunda, hemos analizado el ciclo en su forma periódica; es decir, en su rotación. Expusimos, de una parte, cómo las diversas partes integrantes del capital (capital fijo y capital circulante) recorren el ciclo de las formas en distintos períodos y de distintas maneras. Y, de otra parte, investigamos las circunstancias que determinan la diversa duración del período de trabajo y del período de circulación.
Al hacerlo, vimos cómo la duración del ciclo y la relación entre las distintas partes que lo integran influyen sobre la extensión del mismo proceso de producción y sobre la cuota anual de la plusvalía.
En efecto, si en la sección primera se examinaron, principalmente, las formas sucesivas que el capital adopta y abandona sucesivamente en su ciclo, en la sección segunda vimos cómo, dentro de este flujo y sucesión de formas, un capital de una magnitud dada se divide al mismo tiempo, aunque en volumen variable, en las diversas formas de capital productivo, capital–dinero y capital–mercancías, de tal modo, que estas formas no sólo se suceden unas a otras, sino que las diversas partes del valor capital global aparecen y funcionan simultáneamente y de un modo constante bajo estas distintas modalidades. El capital–dinero, concretamente, se presentaba bajo una forma peculiar que no se nos había revelado en el libro I.
Y descubrimos determinadas leyes con arreglo a las cuales las partes integrantes de un capital dado, partes de magnitud distinta, necesitan ser desembolsadas, y renovada constantemente la rotación, según las condiciones de forma de capital–dinero, para mantener constantemente en funciones un capital productivo de determinada magnitud.
Pero, tanto en la sección primera como en la segunda, se trataba siempre de un capital individual, de la dinámica de una parte sustantivada del capital social.
Sin embargo, los ciclos de los capitales individuales se entrelazan unos con otros, se presuponen y se condicionan mutuamente, y este entrelazamiento es precisamente el que forma la dinámica del capital social en su conjunto. Del mismo modo que en la circulación simple de mercancías, la metamorfosis global de una mercancía constituía el eslabón de la serie de metamorfosis del mundo de las mercancías en su totalidad, aquí la metamorfosis del capital individual es un eslabón en la cadena de metamorfosis del capital social.
Pero, mientras que la circulación simple de mercancías no incluía necesariamente, en modo alguno, la circulación del capital –ya que puede también desarrollarse a base de un tipo de producción no capitalista–, el ciclo del capital social en conjunto abarca asimismo, como queda dicho, la circulación de mercancías que discurre al margen del capital individual; es decir, la circulación de aquellas mercancías que no constituyen capital.
Nos toca ahora estudiar el proceso de circulación (forma, en su conjunto, del proceso de reproducción) de los capitales individuales, considerados como partes integrantes del capital global de la sociedad y, por tanto, el proceso de circulación de este capital social en conjunto.



