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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Miércoles, 24 de Febrero de 2010 / 08:14 h

Padres-madres y la disfuncionalidad institucional

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José Guillermo Mártir Hidalgo

El Salvador registra el doble de asesinatos con relación a la Tasa de Homicidios Latinoamericana. Ésta es de treinta y cuatro homicidios por cada cien mil habitantes. En el país acaecen doce asesinatos diarios y el año dos mil nueve, cerro con más de cuatro mil homicidios. El setenta por ciento de estos se comenten en veinte municipios. Para el gobierno, las pandillas se han convertido en el principal problema de seguridad nacional, a pesar que solo son responsables del treinta y cinco por ciento de los asesinatos1 .

Con respecto al consumo de drogas y alcohol, la Fundación Antidrogas de El Salvador (FUNDASALVA)2  opina, que la ingesta de estupefacientes comienza alrededor de los doce y trece años de edad. Las sustancias más consumidas son el alcohol, el crack, la marihuana, la cocaína, los pegantes, las pastillas, el éxtasis y el thinner. Las principales drogas de inicio son la pega, el alcohol y la marihuana. Regularmente la violencia es habitual en los consumidores, tanto en victimarios como en víctimas. Su consumo afecta a la familia, al área laboral, los estudios, los amigos y las relaciones con la comunidad.

Las razones de consumo son los problemas familiares, las agresiones sexuales, el maltrato infantil, las perdidas y los fracasos, la mala auto imagen, las presiones de amigos o por curiosidad. Los lugares de consumo son la calle, los predios baldíos, las casas abandonadas, los sitios de expedición y consumo, las fiestas, las reuniones, las canchas deportivas, los parques y los moteles. Los centros de expedición son La Tutunichapa, Soyapango, Santa Eduviges, San Esteban, San Benito y la Zona Rosa.

Cada mes, cincuenta y dos salvadoreños se quitan la vida por su propia mano3 . Las principales formas de suicidio son la intoxicación y el ahorcamiento. En su mayoría, las víctimas son hombres jóvenes que residen en la capital o sus alrededores. El rango de edad de los suicidas oscila entre los quince y los treinta años de edad. Pero es de los veinticinco a los veintinueve años de edad, el rango  fatal.

El cincuenta y seis por ciento de los suicidios son a través de fosforados o pesticidas. El cuarenta por ciento de las víctimas se suicidan por ahorcamiento. Y solo una persona al mes se suicida con arma de fuego o lanzándose al vacío. El cuarenta y nueve por ciento de los suicidios, ocurren en las viviendas de las víctimas. Las ciudades donde se registran más suicidios son San salvador, Mejicanos, Apopa, Soyapango, Tonacatepeque y Ciudad Delgado. Los departamentos con más suicidas son San Salvador, La Libertad y Santa Ana.

Las principales causas de los suicidios son por abuso sexual, por el fallecimiento de un ser querido, por divorcio o separación, por fracaso académico y por procesos legales o encarcelamiento.

Revisar los índices de homicidios, alcoholismo-drogadicción y suicidios, permite revisar la sanidad o insania de una sociedad. La insania tiene que ver con la desorganización social. Esto se refiere a la carencia institucional o a la institucionalidad infuncional o disfuncional. En el país, la institucionalidad del país es sumamente baja.

Ésta insania social la registró José Ricardo Gutiérrez4 , quien en su “Diagnóstico de Salud Mental de la Población de El Salvador” afirma, que la mitad de la población salvadoreña sufre de trastornos obsesivos-compulsivos, ansiedad y psicosis.

En la Consulta Externa del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), más de la mitad de los derechohabientes usuarios, presentan enfermedades de origen psicosomático como dolores de cabeza, algún mal orgánico y que se siente heridos de alguna forma.

En éste diagnóstico, el dieciocho por ciento de los encuestados  confirma su intención de acabar con su vida. En general, la población salvadoreña sufre de alteraciones nerviosas. Así como neurosis, complejos de inferioridad y problemas de alcohol. A la vez, sufren obsesiones, paranoia y psicosis.

LOS PADRES Y LA DISFUNCIONALIDAD INSTITUCIONAL
Lo anterior descrito tiene una multiplicidad de causas: económicas, políticas, sociales, culturales, psicológicas, etc. Una de ellas, las causas familiares, se ha subrayado como una de las principales causas de la vorágine que vive el país.

Y es que el nivel de desintegración social, manifestado en la desintegración familiar, es sumamente alto en el país. Por ejemplo, el Área de Psicología de los Tribunales  de Familia, atendió en el dos mil ocho, más de seis mil casos de enero a noviembre de ese año. A pesar del subregistro, las principales tipologías atendidas fueron la violencia intrafamiliar, el maltrato infantil y los divorcios.

Esto sesga en los padres, una de las piezas principales de disfuncionalidad institucional que alienta nuestra insania social. Es que los padres con pautas comportamentales negativas, producen hijos con comportamientos destructivos y disminución de la auto estima. Ya que somos productos de las semillas mentales y emocionales sembradas por ellos.

Susan Forward y Craig Buck, en su obra “Padres que Odian. La incomprensión familiar: un problema con solución”5 , hablan de seis tipos de padres con pautas comportamentales negativas y con secuelas destructivas en sus hijos. Los padres controladores, su fin es la dominación de los hijos para hacerlos dependientes.

Estos forjan sentimientos de identidad inciertos. Hay tres subtipos de padres controladores: los que ejercen un control directo, mediante la intimidación. Los que ejercen una dominación disfrazada de preocupación, propician un control sutil.

Y los que ejercen un control de manera encubierta, a través de la manipulación. La segunda tipología, los padres alcohólicos o drogadictos, propician una farsa de normalidad mediante el secreto familiar. Éstos, usurpan el rol de niños y los hijos se convierten en chivos emisarios.

Los maltratadores verbales, incitan una degradación directa a través de burlas y humillaciones. Lo anterior es común en padres competitivos, que buscan que sus hijos no puedan superarlos y en los padres perfeccionistas, que convierten a los hijos en chivos emisarios.

Los maltratadores físicos,  se enfurecen cuando sus hijos no pueden satisfacerlos, provienen de familias agresoras, son impulsivos, con déficits emocionales y con necesidades insatisfechas. Provocan auto recriminación y escasa autoestima en sus hijos.

Los maltratadores pasivos, que en la práctica son maltratadores amorosos que aumentan la confusión en los hijos, son cómplices del agresor y no hacen nada para impedir el maltrato.

Y los agresores sexuales, que traicionan la confianza básica y los niños y niñas arrastran  profundos sentimientos de inadaptación, ya que se consideran indignos y perversos.

Los principales autores son los parientes consanguíneos, el padrastro o los parientes políticos.
Forward y Buck expresan, que la familia condiciona fuertes pautas comportamentales. Las Creencias Familiares, determinan actitudes, juicios y percepciones.

Y las Reglas Familiares, imponen la conciencia ciega: los sí y los no, los hazlo y no lo hagas. Estos autores dicen que en las familias donde hay amor sin restricciones, la comunicación es abierta y los padres se sienten bien consigo mismos, por lo que  no hay necesidad de ejercer control.

En las familias insanas, los padres desequilibrados combaten la perdida de equilibrio aumentando el caos. Estas familias desalientan la expresión individual de los hijos. Los padres insanos se caracterizan por aislamiento social, la existencia de secretos, necesidad afectiva, estrés y falta de respeto.

Los mecanismos utilizados por estos son el ocultamiento del problema, buscar chivos emisarios, asumir el rol de salvadores, utilizar los triángulos como basureros emocionales y el mantenimiento de secretos como un club privado.

LA RECUPERACIÓN DEL NIÑO INTERNO
La familia disfuncional provoca una herida espiritual, que se traduce en la pérdida del sentido del Yo. Esto por medio del abuso sexual, físico, emocional, escolar, eclesial y cultural. John Bradshaw, en su obra “Volver a casa: Recuperación y reivindicación del niño interno”6 , nos dice que los principales trastornos del crecimiento son la vergüenza tóxica y la codependencia.

La vergüenza tóxica hace referencia al fracaso infantil de ser amado incondicionalmente, esto provoca un adulto con un niño interno herido que conduce al sentimiento de ser imperfecto y no dar la talla. Igualmente un adulto con un niño interno herido, depende de algo externo para tener identidad. La codependencia significa, haber perdido el contacto con nuestros sentimientos, deseos y necesidades.

Un adulto con un niño enfadado y dolido se caracteriza en que se decepciona de una relación tras otra, siempre anda buscando el amor perfecto, se vuelven adictos, buscan bienes materiales y dinero, necesitan adulación y admiración, utilizan a los hijos para satisfacer sus necesidades narcisistas y tratan de obtener de sus hijos, el amor y la admiración que no pudieron tener de sus padres.

Bradshaw está convencido que el niño interno tiene un poder curativo, ya que ayuda a terminar con los traumas de la infancia. Y para recuperar el niño interno herido, hay que atravesar las etapas de desarrollo y terminar los problemas que no se habían terminado. Se debe recuperar el Yo Preescolar y el Yo Escolar y obtener una Nueva Adolescencia. El proceso de recuperación inicia con recoger toda la información que se pueda sobre la familia de uno. Luego, una vez escrito, buscar a alguien que lo escuche y valide su dolor original.

Se deben escribir cartas al bebe interno de uno, pues el objetivo es sentir los sentimientos, ya que las familias disfuncionales  enseñaron a inhibir las emociones. Se pueden hacer estos ejercicios con un compañero o compañera. Aunque, la mayoría del trabajo de recuperación se hace en grupos.

Para recuperar el niño interno herido, se deben asumir nuevas reglas: expresar sentimientos, sentir necesidades y deseos, explorar el mundo, jugar y retozar, cambiar las formas de pensar que no atañen con la realidad y distorsionan la verdad, aprender a retrasar el premio, hacer frente a las consecuencias de su comportamiento, permiso para cometer faltas, amar valorar y respetar a los demás como te amas, valoras y respetas a ti mismo.  La vida se fragua con problemas.

Encontrar y recuperar al niño interno herido es un proceso de descubrimiento del niño maravilloso. El niño maravilloso llama a la regeneración espiritual al contactar con la energía infantil, que favorece la creatividad en el sentido de crear nuestro propio y único estilo de vida.

Para el niño maravilloso todo es interesante y excitante, tiene esperanza,  capacidad de recuperarse de los trastornos causados por el entorno, muestra equilibrio entre independencia y dependencia, tiene sentido del humor, inocencia,  sensación de libertad y de integridad.

De la semana del primero al cinco de febrero, el Gobierno ha presentado a diversos sectores del país su Plan de Seguridad. En dicho Plan, el Presidente Funes enfatizó la represión del delito.

Aseveró a la vez, que éste debe ser un esfuerzo de nación. En dicho esfuerzo no solo participarán las Secretarías de Seguridad y Justicia, sino, también, Secretarías del Área Social como Salud y Educación. Educación, a través de Escuelas para Padres, bien puede crear un programa psicoterapéutico dirigido a recuperar el niño interno herido en los padres de familia, a fin de prevenir la violencia social que agobia a nuestro país. Ya que mejorando el desempeño del rol, se pueden mejorar las relaciones familiares y éstas se traducirán en una baja en los índices de violencia.

1Mártir Hidalgo, José Guillermo (2006). Violencia social, evasión de la realidad y desencanto de la vida. En: Diario Co-latino. Martes 31 de Octubre. Página 24.
 2 Mártir Hidalgo, José Guillermo (2006). Opus Citatum
 3 Mártir Hidalgo, José Guillermo (20069. Op. Cit.
 4 Mártir Hidalgo, José Guillermo (2006). Ibídem
 5 Forward, Susan y Buck, Craig (1991). Padres que odian. La incomprensión familiar: un problema con solución. México:
Editorial Grijalbo
 6 Bradshaw, John (1999). Volver a casa: recuperación y reivindicación del niño interno. Madrid: Los Libros del Comienzo.

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