Nelson López*
Ser bisiesto no es nada malo para el mes, ni para el año, ni para el día en que caiga, sea el que sea, ni para el siglo en que se esté, pero sí, lo ha de ser para cualquiera que nazca un 29 de febrero, y que no sea un animal.
Los cumpleañeros bisiestos son los que, para comenzar, nacen cada cuatro años, porque cada cuatro años viene un 29 en el mes de febrero, del calendario romano, y nadie les da importancia. Bonito para los que nacen el 24 o el 31 de diciembre, les toman fotos, salen en los periódicos, en la televisión, les regalan cunas, pampers, pelotas y muñequitas, y hasta les revientan miles de dólares en cohetes, aunque sea por efecto colateral. La onda es que es una total alegría el día del nacimiento.
¿Y qué pasa con el recién nacido bisiesto? Bueno, sencillamente ¡nadaaa! Pasó totalmente desapercibido, a nadie le importó, para colmo a nadie le va a importar en los siguientes tres años, ya que todos los meses de febrero le van a venir de 28 días y ¿qué pasó con el 29? ¡A saber! Pero el caso es que vienen tres fragorosos años y nada de kakes, nada que ver con una, dos o tres velitas, ni juguetes, ni estrenos de cumpleaños, hasta el cuarto año, ah jodida, y a todo esto celebrándole los cumpleaños a los hermanitos, hasta con piñata. Lo peor es que cada año ¡más viejo! Tan siquiera el envejecimiento fuera con los tres años de retraso, pero nada, y así sigue la vida del bisiestito, seguramente esperando que le llegue el añorado 29 de febrero, para que le digan feliz cumpleaños.
Para colmo, llega a la escuela y pasa como Juan por su casa, total y llanamente inadvertido. Y así se le va el bachillerato y ni siquiera le preguntan ¿y vos cuando cumplís años?, y así de tres en tres, los maravillosos años pasan sin diversión para el bisiestito, ni siquiera con el horóscopo, porque, aunque diga que es piscis, nadie le presagia el futuro, ni las estrellas, ni Walter, ni las pitonizas que salen al rojo vivo.
Hasta cuentan, ya como leyenda, que un presidente bien nacido, en una ocasión iracunda, les dijo a sus enemigos políticos ¡malnacidos! Y un nacido bisiesto que no tenía nada que ver con la política, dicen que dijo -es verdad- y se agarró el insulto.
Al parecer, los bisiestos o bisiestitos (por cariño, no por lástima) ni siquiera logran salir en las efemérides, ni en los santorales, y leemos historias de líderes, de presidentes, de cantantes, de artistas, de millonarios como Bill Gates, o Brad Pitt... y nada de 29 de febrero. Es más, las celebraciones, por decir algunas, del día del anciano, del día de la mujer, del día del niño, del día del trabajo, nada cae 29 de febrero. ¿Habrá bisiestos contentos de su nacimiento? ¡Claro! ¡Hay excepciones! Pero por hoy casi nadie las conoce.



