Capítulo XVII
LA CIRCULACIÓN DE LA PLUSVALÍA
Karl H. Marx
Según la ley de la circulación de mercancías, la masa de dinero debe ser igual al volumen de dinero necesario para la circulación, más una cantidad de dinero que se encuentra en forma de tesoro y aumenta o disminuye según la contracción o la expulsión de la circulación, pero sirve sobre todo para la formación de los necesarios fondos de reserva de medios de pago.
Lo que tiene que pagarse en dinero –si no media compensación de pagos– es el valor de las mercancías. El hecho de que una parte de este valor consista en plusvalía, es decir, no le haya costado nada al vendedor de las mercancías, no altera en lo más mínimo los términos del problema. Supongamos que los productores sean todos poseedores independientes de sus medios de producción y que, por tanto, la circulación se efectúe entre los productores directos.
Prescindiendo de la parte constante de su capital, podríamos dividir su producto sobrante anual, por analogía con el régimen capitalista, en dos partes: una a), que se limita a reponer sus medios de subsistencia necesarios, y otra b) que aquéllos gastan en parte en artículos de lujo y en parte destinan a ampliar la producción; a) representaría, en este caso, el capital variable y b) la plusvalía. Pero esta división no influiría para nada en el volumen de la masa de dinero necesaria para poner en circulación su producto total. Permaneciendo iguales todas las demás circunstancias, el valor de la masa de mercancías circulante sería el mismo y la misma también, por tanto, la masa de dinero necesaria para cubrirlo.
Estos productores tendrían que disponer igualmente de las mismas reservas en dinero, suponiendo que fuese igual la división en períodos de rotación; es decir, tendrían que mantener constantemente en forma de dinero la misma parte de su capital, puesto que, según el supuesto de que partimos, su producción seguiría siendo, al igual que antes, producción de mercancías.
Por tanto, el hecho de que una parte del valor de las mercancías consista en plusvalía no altera absolutamente en nada la masa del dinero necesario para la explotación de la industria.
Un adversario de Tooke, que se atiene a la forma M–M–D’, le pregunta cómo se las arregla el capitalista para sustraer constantemente a la circulación más dinero del que lanza a ella. Entiéndase bien. Aquí, no se trata de la creación de plusvalía. Esta, que constituye el único misterio, se comprende por sí misma desde el punto de vista capitalista. La suma de valor empleada no sería capital si no se incrementase con una plusvalía. Por eso, como es capital por definición, la plusvalía se comprende por sí misma.
El problema no estriba, por consiguiente, en saber de dónde proviene la plusvalía, sino de dónde proviene el dinero en que la plusvalía se convierte.
Pero los economistas burgueses consideran la existencia de la plusvalía como algo evidente por sí mismo. Por tanto, no sólo se da por supuesta, sino que con ella se da por sobrentendido también que una parte de la masa de mercancías lanzada a la circulación consiste en producto sobrante, y representa, por consiguiente, un valor que el capitalista no lanzó a la circulación con su capital; dan por supuesto, consiguientemente, que el capitalista lanza a la circulación, con su producto, un remanente sobre su capital, que es el que luego vuelve a sustraer a ella.
El capital–mercancías que el capitalista lanza a la circulación tiene mayor valor (no se explica o no se comprende de dónde proviene esto, pero es un hecho, desde el punto de vista de que ellos mismos parten) que el capital productivo sustraído por él a la circulación en forma de fuerza de trabajo y medios de producción. Partiendo de esta premisa, es claro, por tanto, por qué no sólo el capitalista A, sino también B, C, D, etc., pueden sustraer constantemente a la circulación, mediante el cambio de sus mercancías, más valor que el de su capital, el primitivo y el desembolsado constantemente, en períodos sucesivos. A, B, C, D, etc., lanzan continuamente a la circulación, en forma de capital–mercancías –y esta operación presenta tantos aspectos como capitales funcionan independientemente–, un valor en mercancías mayor que el que retiran de ella en forma de capital productivo.
Por eso pueden repartirse constantemente entre sí (es decir, retirar de la circulación, cada cual por su lado, un capital productivo) una suma de valor igual a la de sus respectivos capitales productivos desembolsados; y, constantemente también, una suma de valor que lanzan todos ellos a la circulación en forma de mercancías, como remanente respectivo del valor de las mercancías sobre el valor de sus elementos de producción.
Pero el capital–mercancías, antes de volver a convertirse en capital productivo y antes de que pueda invertirse la plusvalía que encierra, necesita convertirse en dinero. ¿De dónde sale este dinero? Es un problema que parece difícil a primera vista y que ni Tooke ni ningún otro autor han contestado, hasta hoy.
Supongamos que el capital circulante de 500 libras esterlinas desembolsado en forma de capital–dinero, cualquiera que sea su período de rotación, represente el capital global circulante de la sociedad, es decir, de la clase capitalista, y que la plusvalía ascienda a 100 libras. ¿Cómo se las arregla la clase capitalista, en su conjunto, para sacar constantemente de la circulación 600 libras esterlinas, si sólo lanza a ella, constantemente, 500?
Primero, el capital–dinero de 500 libras esterlinas, se convierte en capital productivo; luego éste, en el proceso de producción, se transforma en un valor–mercancías de 600 libras y pone en circulación no sólo un valor–mercancías de 500 libras, igual al capital–dinero primitivamente desembolsado, sino además una plusvalía de 100 libras, nuevamente producida.
Esta plusvalía adicional de 100 libras esterlinas se lanza a la circulación en forma de mercancías. Esto no ofrece ninguna duda. Pero el dinero adicional necesario para la circulación de este valor adicional en mercancías no puede salir de esa misma operación.
No debemos, pues, intentar rehuir la dificultad mediante evasivas más o menos plausibles.
Por ejemplo: por lo que se refiere al capital circulante constante, es evidente que no todos lo invierten simultáneamente.
Mientras que el capitalista A vende su mercancía y el capital desembolsado reviste, por tanto, para él, la forma de dinero, para el comprador B, por el contrario, su capital, existente en forma de dinero, asume ahora la forma de los medios de producción producidos precisamente por A.
El mismo acto por medio del cual A restituye a su capital–mercancías producido la forma–dinero, reintegra el de B en su forma productiva, vuelve a convertirlo de la forma–dinero, en medios de producción y fuerza de trabajo; la misma suma de dinero funciona en este proceso de doble lado como un cualquier simple acto de compra M – D. Por otra parte, al mismo tiempo que A vuelve a convertir el dinero en medios de producción, compra mercancías a C y éste paga con su dinero a B, etc. El fenómeno quedaría, pues, explicado de este modo.
Pero:
El carácter capitalista del proceso de producción no modifica en modo alguno las leyes establecidas con respecto a la cantidad del dinero circulante en la circulación de mercancías (libro I, cap. III [pp. 103 ss. ]).
Por tanto, cuando se dice que el capital circulante de la sociedad que debe desembolsarse en forma de dinero asciende a 500 libras esterlinas ya se tiene en cuenta que, si bien, por una parte, es ésta la suma que debe desembolsarse de una vez, por otra parte esta suma pone en movimiento más capital productivo de 500 libras esterlinas, puesto que funciona alternativamente como fondo de dinero de varios capitales productivos. Por consiguiente, esta explicación presupone ya como existente el dinero cuya existencia trata de explicar.
También podría decirse que el capitalista A produce artículos que el capitalista B consume individual e improductivamente.
Que el dinero de B sirve, por tanto, para convertir en capital–dinero el capital–mercancías de A, convirtiendo en dinero al mismo tiempo la plusvalía de B y el capital constante circulante de A, Pero con ello daríamos por resuelto, aun más directamente que en el caso anterior, el problema que se trata de resolver, a saber: de dónde saca B este dinero para atender a su renta, cómo convierte en dinero por si mismo esta parte que representa la plusvalía de su producto.
Podría decirse, asimismo, que la parte del capital variable circulante que A desembolsa constantemente para pagar a sus obreros le refluye constantemente de la circulación, quedando constantemente en sus manos, inmovilizado para el pago de salarios, sólo una parte variable. Sin embargo, entre la inversión y la recuperación transcurre un determinado tiempo, durante el cual el dinero empleado para el pago de salarios puede servir también, entre otras cosas, para la realización monetaria de la plusvalía.
Pero sabemos, en primer lugar, que cuanto mayor sea el tiempo que haya de transcurrir, mayor tiene que ser también, necesariamente, la masa de la reserva de dinero que el capitalista A ha de tener constantemente disponible. Y, en segundo lugar, los obreros invierten el dinero, compran con él mercancías, realizan, por tanto, monetariamente, en una parte proporcional, la plusvalía que en esas mercancías se contiene. Por consiguiente, el mismo dinero desembolsado en forma de capital variable sirve también, proporcionalmente, para convertir en dinero la plusvalía.
No podemos entrar aquí más a fondo en este problema; diremos únicamente que el consumo de toda la clase capitalista y de las personas improductivas que giran alrededor de ella discurre paralelamente con el consumo de la clase obrera, por cuya razón los capitalistas tienen que lanzar dinero a la circulación a la par con el que lanzan los obreros, para invertir su plusvalía como renta, lo cual supone una cantidad igual de dinero que se sustrae a la circulación. La explicación que acabamos de dar no haría sino reducir la cantidad necesaria, pero no la suprimiría.



