NARRADORA: Miguelito era un buen chico. Alegre, inteligente, siempre escuchaba los consejos de su madre:
MADRE: Miguelito…
MIGUEL: ¿Sí, má?
MADRE: Cuando laves los vasos, ponlos boca abajo. Así se secan más pronto, ¿entiendes?
MIGUEL: Sí, má. Así lo haré.
NARRADORA: Miguelito era un excelente compañero. Cuando jugaba al fútbol, siempre escuchaba a sus amigos:
AMIGO: Miguelito, tú corres bien, pateas duro, pero juegas solito. El fútbol se juega en equipo, hermano. Los goles se preparan en equipo, ¿entiendes?
MIGUEL: Sí, claro...
AMIGO: Entonces, ¡a pasar más la pelota!
MIGUEL: Gracias por tu consejo, amigo.
NARRADORA: Miguelito creció, fue al colegio. Aunque tenía las mejores notas de su clase, siempre escuchaba al profesor...
PROFESOR: Excelente tu trabajo, muchacho. Pero… ¿quieres que te diga una cosa?
MIGUEL: Por supuesto, profesor.
PROFESOR: Escúchame. Estás flojo en ortografía. Con tanto chateo y tanto celular… Para ser un buen profesional debes mejorar tu ortografía.
MIGUEL: Gracias, profe. Le agradezco su consejo.
NARRADORA: Miguelito fue a la universidad y cosechó muchos éxitos porque era muy inteligente.
PROFESOR 1: ¡Las mejores calificaciones para el estudiante Miguel García!
NARRADORA: Las chicas lo admiraban, los chicos lo envidiaban. Miguelito era un triunfador.
NARRADORA: Y así fue cosechando éxitos…
VOZ (3 P): ¡Número uno, el licenciado Miguel García!
NARRADORA: En los estudios, en los negocios, hasta en el amor…
MUJER (3 P): ¡Es el mejor!... ¡Y tan guapo! (SUSPIRA)
NARRADORA: Rápidamente, se volvió un líder… un líder político…
MIGUEL: ¡Eso les prometo, ciudadanos, ése es mi compromiso con ustedes cuando llegue al Congreso!
AMIGO: ¡Hey, Miguelito, ven, te quiero decir una cosa!
MIGUEL: ¿“Miguelito”?... Un poco más de respeto, por favor.
AMIGO: Bueno, Miguel, “don Miguel”… te quiero decir algo, amigo…
MIGUEL: Dime pronto, que tengo otra reunión…
AMIGO: Lo que prometiste en el discurso de ayer no es realista.
MIGUEL: ¿Por qué no es realista?
AMIGO: Yo no sé, pero a mí me parece que…
MIGUEL: “Yo no sé… yo no sé”… ¿No sabes? Pues si no sabes, cállate. Adiós.
NARRADORA: Y sucedió que Miguelito, perdón, el candidato Miguel García, fue elegido como diputado de la República. Y le llovieron más aplausos, más felicitaciones…
CORO: ¡Miguel, Miguel, Miguel, Miguel!
NARRADORA: Cuentan los de su círculo íntimo, que el diputado Miguel se impacienta con mucha facilidad…
MIGUEL: ¡No se discuta más!
UNO: Pero señor diputado...
MIGUEL: Es así porque lo digo yo. Y basta.
NARRADORA: Los aplausos se le subieron a la cabeza. Porque el éxito y el poder emborrachan más que el alcohol.
MIGUEL (REVER): Es así porque lo digo yo. Y basta.
LOCUTOR: Esta parábola está dedicada a los políticos de América Latina, de derecha y de izquierda, a los diputados, a los senadores, a los presidentes… a los líderes que serían mejores líderes si en vez de escucharse a si mismos, escucharan a su pueblo. Pero, arrogantes, prepotentes, se van quedando solos. Como Miguelito.



