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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Lunes, 22 de Febrero de 2010 / 07:58 h

El Capital (parte CCXVII)

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Capítulo XVII
LA CIRCULACIÓN DE LA PLUSVALÍA

Karl H. Marx

I. Reproducción simple
En la reproducción simple, la plusvalía producida y realizada anualmente o varías veces al año, periódicamente, cuando se den varios períodos de rotación dentro del año, es consumida por quien se la apropia, por el capitalista, individualmente, es decir, improductivamente.

El hecho de que el valor del producto se halle formado en parte por plusvalía y en la parte restante por la porción del valor consistente en el capital variable reproducido en él más el capital constante a él incorporado, no altera en lo más mínimo ni la cantidad ni el valor del producto total que entra constantemente en la circulación como capital–mercancías y que es sustraído a ella, también constantemente, para entregarse al consumo productivo o individual, es decir, para servir de medio de producción o de medio de consumo. Si prescindirnos del capital constante, esto sólo afecta a la distribución del producto anual entre obreros y capitalistas.

Por tanto, aun partiendo del supuesto de la reproducción simple, una parte de la plusvalía tiene que existir constantemente en dinero y no en productos, pues de otro modo no podría convertirse de dinero en productos para los efectos del consumo. Esta transformación de la plusvalía de su primitiva forma–mercancías en dinero debe ser investigada más a fondo aquí. Para simplificar el asunto se parte de la forma más simple del problema, a saber: de la circulación exclusiva de dinero metálico, de dinero consistente en un equivalente real.

Según las leyes establecidas para la circulación simple de mercancías (libro I, cap. III [ pp. 103 ss.]), la masa del dinero metálico existente en un país no sólo debe ser suficiente para hacer circular las mercancías. Debe serlo también para hacer frente a las oscilaciones del curso del dinero, que en parte obedecen a las fluctuaciones que se observan en el ritmo de las circulaciones, en parte al cambio de precios de las mercancías y en parte a las distintas y variables proporciones en que el dinero funciona como medio de pago o como verdadero medio de circulación.

La proporción en que la masa de dinero existente se divide en tesoro y en dinero circulante varía constantemente, pero la masa de dinero es siempre igual a la suma del dinero existente como dinero circulante y como tesoro. Esta masa de dinero (masa de metales preciosos) es un tesoro de la sociedad, gradualmente acumulado. La parte de este tesoro consumida por el desgaste debe reponerse anualmente, al igual que cualquier otro producto.

En la realidad, esto se efectúa, mediante el cambio directo o indirecto de una parte del producto anual del país por el producto de los países productores de oro y plata. El carácter internacional de esta transacción encubre, sin embargo, su límpido desarrollo. Por tanto, para reducir el problema a su más simple y diáfana expresión, debemos partir de la hipótesis de que la producción de oro y plata se efectúa dentro del mismo país, es decir, de que la producción de estos metales forma parte de la producción social global de este país.

Prescindiendo del oro y la plata destinados a la fabricación de artículos de lujo, el mínimum de la producción anual de estos metales debe ser igual al desgaste de los metales monetarios ocasionado por la circulación anual de dinero. Además, sí aumenta la suma de valor de la masa de mercancías que se producen y circulan anualmente tiene que aumentar también necesariamente la producción anual de oro y plata, siempre y cuando que la suma acrecentada de valor de las mercancías circulantes y la masa de dinero necesaria para su circulación (y el correspondiente atesoramiento) no sean compensadas por la mayor celeridad de la circulación monetaria y por la función más extensiva del dinero como medio de pago, es decir, por un mayor saldo mutuo de las compras y las ventas sin la interposición de dinero real.

Una parte de la fuerza social de trabajo y una parte de los medios sociales de producción tienen que invertirse, por tanto, anualmente, en la producción de oro y plata.

Los capitalistas que explotan la producción de oro y plata que –partiendo, como lo hacemos aquí, del supuesto de la reproducción simple– sólo la explotan dentro de los limites del desgaste medio anual y del consumo medio anual de oro y plata que eso ocasiona, lanzan su plusvalía –la cual, según la hipótesis establecida, consumen anualmente, sin capitalizar ninguna parte de ella– directamente a la circulación en forma de dinero, que es para ellos la forma natural y no, como en las otras ramas de producción, la forma transformada del producto.

Además, por lo que se refiere a los salarios –la forma–dinero en que se desembolsa el capital variable–, éstos son repuestos aquí igualmente, no por la venta del producto, por su transformación en dinero, sino por un producto cuya forma natural es desde el primer momento la forma–dinero.

Finalmente, esto ocurre también con la parte del producto de metales preciosos igual al valor del capital constante periódicamente consumido, tanto del capital constante circulante como del capital constante fijo absorbido durante el año.

Fijémonos en el ciclo o en la rotación del capital invertido en la producción de metales preciosos, primeramente bajo la forma D–M... P...D’. En la medida en que, en la fase D–M, M no está formada solamente por fuerza de trabajo y medios de producción, sino además por capital fijo, del cual sólo una parte del valor es absorbida por P, es evidente que D’ –el productor– representa una suma de dinero igual al capital variable invertido en salarios más el capital constante circulante invertido en medios de producción, más la parte de valor del capital fijo desgastado, más la plusvalía.

Si la suma fuese menor, conservando el oro su valor general inalterable, la inversión del capital en minas sería improductiva o –si éste fuese el caso, en términos generales– subiría en el futuro el valor del oro, comparado con las mercancías cuyo valor no aumenta; es decir, los precios de las mercancías descenderían y, por tanto, la suma de dinero invertida en D–M sería menor en el futuro.

Sí nos fijamos ante todo en la parte circulante del capital desembolsado en D’ punto de partida de D – M ... P... D’, vemos que se desembolsa, se lanza a la circulación una determinada suma de dinero para el pago de fuerza de trabajo y la compra de materiales de producción. Pero esta suma no es sustraída de nuevo a la circulación por el ciclo de este capital para ser lanzada otra vez a ella. El producto en su forma natural es ya dinero, no necesita, pues, convertirse en dinero por medio del cambio, por medio de un proceso de circulación.

No pasa del proceso de producción al proceso de circulación bajo la forma de capital–mercancías que necesita volver a convertirse en capital–dinero, sino como capital–dinero que necesita volver a convertirse en capital productivo, es decir, volver a comprar fuerza de trabajo y materiales de producción.

La forma–dinero del capital circulante, consumido en fuerza de trabajo y medios de producción, no es absorbida por la venta del producto, sino por la forma natural del producto mismo; es decir, no por la nueva sustracción de su valor a la circulación en forma de dinero, sino por dinero adicional, nuevamente producido.

Supongamos que este capital circulante sea = 500 libras esterlinas, el período de rotación = 5 semanas, el período de trabajo = 4 semanas y el período de circulación = 1 semana solamente. Es necesario desembolsar de antemano dinero para 5 semanas, una parte en reserva de producción y otra parte como reserva en dinero para ir invirtiéndola gradualmente en el pago de salarios. Al comienzo de la 6ª semana, habrán refluido 400 libras esterlinas y quedarán disponibles 100. Esta operación se repite constantemente.

Aquí, como en el caso anterior, se encontrarán durante cierto tiempo del período de rotación 100 libras esterlinas constantemente en la forma vinculada. Pero estas 100 libras consistirán en dinero adicional nuevamente producido, exactamente igual que las 400 libras restantes.

Este capital describe 10 rotaciones al año y el producto anual producido es = 500 libras esterlinas oro. (Aquí, el período de circulación no lo determina el tiempo que cuesta convertir la mercancía en dinero, sino el tiempo que tarda en convertirse el dinero en elementos de producción.)

En cualquier otro capital de 500 libras esterlinas que refluye bajo las mismas condiciones, la forma–dinero constantemente renovada es la forma transformada del capital–mercancías producido que se lanza a la circulación cada cuatro semanas y que al venderse –es decir, mediante la sustracción periódica de la suma de dinero con cuya forma entró primitivamente en el proceso– vuelve a recobrar constantemente esta forma–dinero.

Aquí, por el contrario, se lanza en cada período de rotación del mismo proceso de producción al proceso de circulación una nueva masa adicional de dinero por valor de 500 libras esterlinas, para sustraer constantemente a él materiales de producción y fuerza de trabajo.

Este dinero lanzado a la circulación no vuelve a sustraerse a ella por el ciclo de este capital, sino que aumenta aún más mediante las masas de oro que constantemente se producen de nuevo.

Si nos fijamos en la parte variable de este capital circulante y lo suponemos como arriba, = 100 libras esterlinas, vemos que en una producción normal de mercancías estas 100 libras esterlinas bastarían, con una suma de diez rotaciones, para pagar constantemente la fuerza de trabajo.

Aquí, en la producción de dinero, basta con la misma suma; pero las 100 libras esterlinas de reflujo con que se paga la fuerza de trabajo cada 5 semanas no son ahora la forma transformada de su producto, sino una parte de su mismo producto constantemente renovado. El productor de dinero paga a sus obreros, directamente, con una parte del oro producido por él mismo.

Por tanto, las 1,000 libras esterlinas invertidas aquí anualmente en fuerza de trabajo y lanzadas por los obreros a la circulación no retornan por medio de la circulación a su punto de partida.

En lo que se refiere al capital fijo, éste requiere, en la primera inversión, el desembolso de un gran capital–dinero, el cual se lanza, por tanto, a la circulación.

Y como ocurre con todo capital fijo, sólo refluye fragmentariamente a la vuelta de varios años. Pero refluye como una parte directa del producto, del oro, no mediante la venta del producto y su consiguiente transformación en dinero.

 Por tanto, no va adquiriendo gradualmente su forma de dinero mediante la sustracción de dinero a la circulación, sino mediante la acumulación de una parte correspondiente del producto. El capital–dinero así restaurado no es una suma de dinero sustraída gradualmente a la circulación para compensar la suma de dinero primitivamente lanzada a ella en concepto de capital fijo. Es una masa de dinero adicional.

Finalmente, por lo que se refiere a la plusvalía, ésta es también igual a una parte del nuevo producto–oro lanzada a la circulación en cada nuevo período de rotación, para invertirse –según la hipótesis de que partimos– improductivamente, en pago de medios de subsistencia y de artículos de lujo.

Pero, según el supuesto de que aquí partimos, toda esta producción anual de oro –por medio de la cual se sustraen constantemente al mercado fuerza de trabajo y materiales de producción y se aporta constantemente a él dinero adicional –sólo repone el dinero desgastado durante el año, sólo sirve, por tanto, para mantener en su plenitud de medio de pago la masa social de dinero que existe constantemente, aunque en proporciones variables, bajo las dos formas de tesoro y de dinero en circulación.

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22/08:47 | LIBRES COMO EL PENSAMIENTO No. 54



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