Archivo     |   Búsqueda

DiarioCoLatino.com
El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
Última actualización : 25/07:38 h.

Jueves, 18 de Febrero de 2010 / 08:13 h

El Capital (parte CCXIV)

  Versión para Imprimir

Capítulo XVI
LA ROTACIÓN DEL CAPITAL VARIABLE

Karl H. Marx

La diferencia obedece a la diversidad de los períodos de rotación, es decir, de los períodos en los cuales puede funcionar de nuevo como capital, o sea, como nuevo capital, la reposición de valor del capital variable empleado en un determinado período de tiempo. En B y en A se opera la misma reposición de valor del capital variable empleado durante los mismos períodos. Y se opera también el mismo incremento de plusvalía durante éstos.

Pero en B, aunque se produce cada 5 semanas una reposición de valor de 500 libras esterlinas más 500 libras esterlinas de plusvalía, esta reposición de valor no constituye un nuevo capital, puesto que no reviste la forma–dinero. En A, en cambio, no sólo se repone el antiguo valor–capital por otro nuevo, sino que además se lo reconstruye bajo su forma–dinero, es decir, se lo sustituye por un nuevo capital apto, para funcionar.

La temprana o tardía transformación de la reposición de valor–dinero y, por tanto, en la forma en que el capital variable se desembolsa, constituye, sin duda, un hecho que no tiene absolutamente importancia en lo que se refiere a la producción de plusvalía.

Esta depende de la magnitud del capital variable empleado y del grado de explotación del trabajo. Aquel hecho, por su parte, modifica la magnitud del capital–dinero que debe desembolsarse para, poder movilizar durante el año una determinada cantidad de fuerza de trabajo, y determina, por tanto, la cuota anual de la plusvalía.

III. La rotación del capital variable, socialmente considerada
Detengámonos un momento a examinar el problema desde el punto de vista social. Supongamos que un obrero cueste 1 libra esterlina por semana y que la jornada de trabajo sea de 10 horas.

Que lo mismo en el caso A que en el caso B se empleen durante el año 100 obreros (100 libras esterlinas por semana para 100 obreros arrojan en 5 semanas 500 libras esterlinas y en 50 semanas 5,000), y que cada uno de ellos trabaje 60 horas por semana de 6.

Según esto, 100 obreros rendirán por semana 6,000 horas de trabajo, o sean 300,000 horas de trabajo en 50 semanas. Esta fuerza de trabajo se halla incautada tanto por A como por B, sin que, por, consiguiente, pueda la sociedad destinarla a otros fines.

En sentido, pues, el problema, desde un punto de vista social se plantea lo mismo para A que para B. Además, lo mismo en A que B, cada 100 obreros obtienen un salario anual de 5,000 libras esterlinas (por tanto, los 200 en conjunto 10,000 libras) y sustraen a la sociedad medios de subsistencia cuyo equivalente lanzan también, tanto en uno como en otro caso, semanalmente a la circulación. La diferencia comienza aquí.

Primero. El dinero que el obrero lanza a la circulación en el caso A no es solamente, como ocurre con el obrero en B, la forma–dinero del valor de su fuerza de trabajo (en realidad, medio de pago de trabajo ya rendido); es, calculando ya a partir del segundo período de rotación después de iniciar la industria, la forma–dinero de su propio producto de valor (= al precio de la fuerza de trabajo más la plusvalía) del primer período de rotación, con el que se paga su trabajo durante el segundo período de rotación, No ocurre así en B.

Con respecto al obrero, aunque el dinero es aquí un medio de pago del trabajo ya rendido por él, este trabajo rendido no se paga con su propio producto monetizado de valor (con la forma–dinero del valor producido por él mismo).

Esto sólo puede ocurrir a partir del segundo año, en que el obrero, en B, es pagado con su producto monetizado de valor del año precedente.

Cuanto más breve sea el período de rotación del capital –cuanto más cortos sean, por tanto, los períodos en que sus plazos de reproducción se renueven dentro del año–, más rápidamente se transformará la parte variable del capital primitivamente desembolsado por el capitalista en forma de dinero en la forma–dinero del producto de valor creado por el obrero para reponer este capital variable (y que encierra, además, la plusvalía); menos durará, por consiguiente, el período durante el cual el capitalista necesita desembolsar dinero de su propio fondo; más pequeña será, en proporción con el volumen dado de la escala de producción, el capital adelantado en general por él y mayor, proporcionalmente, la masa de plusvalía que obtenga durante el año a base de una cuota de plusvalía dada, ya que podrá comprar con tanta mayor frecuencia, continuamente, a los obreros, con la forma–dinero de su propio producto de valor y poner así en movimiento su trabajo.

Partiendo de una escala de producción dada, disminuye en proporción a la brevedad de los períodos de rotación la magnitud absoluta del capital–dinero variable desembolsado (como la del capital circulante en general) y aumenta la cuota anual de la plusvalía. Partiendo de una magnitud dada del capital desembolsado, aumenta la escala de la producción y, por tanto, a base de una cuota de plusvalía dada, aumenta la masa absoluta de la plusvalía producida durante un período de rotación, a la par con el aumento de la cuota anual de plusvalía que se logra mediante el acortamiento de los períodos de reproducción.

De nuestra anterior investigación se desprende, en general, que, según la duración más o menos larga de los períodos de rotación, es necesario desembolsar un capital–dinero de muy diferente magnitud para poner en movimiento la misma masa de capital circulante productivo y la misma masa de trabajo con el mismo grado de explotación de éste.

Segundo. El obrero –y esto se halla relacionado con la primera distinción– lo mismo en B que en A, paga los medios de subsistencia por él comprados con el capital variable, que en sus manos se convierte en medio de circulación. No se limita por ejemplo, a sustraer al mercado trigo, sino que lo repone con un equivalente en dinero.

Pero, como el dinero con que el obrero, en B, paga sus medios de subsistencia y los sustrae al mercado no es la forma–dinero de un producto de valor lanzado por él al mercado durante el año, como ocurre en el caso A, entrega al vendedor de su medios de subsistencia dinero, pero no le entrega una mercancía –medio de producción o medio de vida– que éste pueda comprar con el dinero rescatado, como ocurre por el contrario en A.

Se sustraen, pues, al mercado fuerza de trabajo, medios de subsistencia para esta fuerza de trabajo, capital fijo bajo la forma de los medios de trabajo empleados en B y materiales de producción. Y para reponer todo eso se lanza al mercado un equivalente en dinero, pero no se lanza durante el año ningún producto para reponer los elementos materiales del capital productivo sustraídos al mercado.

Si concebimos la sociedad no al modo capitalista, sino al modo comunista, desaparecerá completamente el capital–dinero y, por tanto, el disfraz de las transacciones realizadas por medio de él. El problema se reducirá, sencillamente, a que la sociedad calcule de antemano la cantidad de trabajo, medios de producción y medios de subsistencia que puede emplear sin quebranto de ninguna de las ramas industriales que, como la construcción de ferrocarriles, por ejemplo, pasan largo tiempo, un año o más, sin suministrar medios de producción ni medios de subsistencia, ni rendir efecto útil alguno y que, sin embargo, sustraen trabajo, medios de producción y medios de subsistencia a la producción global anual.

En cambio, en la sociedad capitalista, donde la razón social se impone siempre post festum (19) pueden producirse y se producen necesariamente y sin cesar grande perturbaciones. Por una parte, presión sobre el mercado de dinero, mientras que, a la inversa, las facilidades de este mercado provocan a su vez empresas de éstas en masa, es decir, aquellas circunstancias precisamente que más tarde presionarán sobre el mercado de dinero.

El mercado de dinero se ve presionado porque aquí se hace necesario constantemente, durante un largo período de tiempo, el desembolso de capital–dinero en gran escala. Esto, sin tener en cuenta para nada que ciertos industriales y comerciantes lanzan a especulaciones ferroviarias, etc., el capital dinero necesario para la explotación de sus industrias o negocios, reponiéndolo en el mercado de dinero por medio de empréstitos. Por otra parte, presión sobre el capital productivo disponible de la sociedad.

Como constantemente se sustraen al mercado elementos del capital productivo, sin que se lance al mercado más que un equivalente en dinero para reponerlos, esto hace que aumente la demanda solvente, sin ir acompañada por elemento alguno de oferta.

Esto se traduce en el alza de los precios, tanto los de los medios de subsistencia como los de los materiales de producción. A esto hay que añadir que en tales períodos suele desarrollarse la especulación y se efectúan grandes transferencias de capital.

Los especuladores, los corredores, los ingenieros, los abogados, etc., amasan grandes riquezas. Provocan en el mercado una fuerte demanda de consumo y hacen, paralelamente, subir los salarios. Es cierto que, por lo que se refiere a los productos alimenticios, esto sirve de acicate a la agricultura. Sin embargo, como estos productos alimenticios no pueden multiplicarse repentinamente, dentro del año, aumenta su importación, y en general la importación de artículos alimenticios exóticos (café, azúcar, vino, etc.) y de artículos de lujo.

Esto conduce al exceso de importación y a la especulación en esta rama comercial. De otra parte, en las ramas industriales en que puede incrementarse rápidamente la producción (manufacturas en sentido estricto, minería, etc.) el alza de los precios provoca una repentina dilatación, seguida inmediatamente de la bancarrota.

Y el mismo efecto se produce en el mercado de trabajo para atraer hacia las nuevas ramas industriales a grandes masas de la superpoblación relativa latente e incluso de los obreros que trabajan. Empresas de éstas en gran escala, como los ferrocarriles, sustraen al mercado de trabajo una determinada cantidad de fuerzas que sólo pueden proceder de ciertas ramas, tales como la agricultura, etc., donde se emplean exclusivamente hombres robustos. Este estado de cosas se mantiene, incluso, cuando ya las nuevas empresas se han convertido en ramas industriales permanentes, que disponen, por tanto, de la clase obrera ambulante de que necesitan.

Tan pronto como, por ejemplo, la construcción de un ferrocarril se mantiene momentáneamente en una escala mayor que la media, se absorbe una parte del ejército obrero de reserva cuya presión mantenía bajos los salarios. Estos tienden en general a subir, incluso en las partes del mercado de trabajo en que hasta ahora no existía escasez de éste. Y este estado de cosas dura hasta que el inevitable crack vuelve a dejar libre al ejército obrero de reserva y los salarios descienden de nuevo a su nivel mínimo y aun por debajo de él.

  Versión para Imprimir


Artículos

18/08:23 | EL TIEMPO DEL CONSUMIDOR

18/08:21 | Geopolítica, Medio Ambiente e Institucionalidad: el nuevo rostro del llamado “humanismo” internacional (Parte II)



publicidad