Alma Vilches
Redacción Diario Co Latino
En la acostumbrada misa dominical celebrada en la Cripta de Catedral Metropolitana, se recordó la homilía pronunciada el 17 de febrero de 1980, por el entonces Arzobispo de San Salvador, Monseñor Óscar Arnulfo Romero.
Monseñor Romero dijo en aquel momento, que como cristianos, se tiene la obligación de iluminar los caminos del país, y aportar como Iglesia la contribución que como tal se debe dar, ya que se siente la responsabilidad de meditar el evangelio, para luego, cada uno en su ambiente, ser un multiplicador del evangelio, un iluminador de los caminos del país.
“No somos políticos para confiar en las fuerzas meramente humanas, somos ante todo cristianos, y sabemos que si el Señor no construye nuestra civilización, en vano trabajan todos los que la construyen, por eso sabemos que nuestra fuerza viene de la oración y de nuestra conversión hacia Dios”, afirmó Romero.
También se refirió al evangelio de esa fecha, que narra las Bienaventuranzas, donde Jesús proclama una práctica de renunciar a las comodidades egoístas y tener una entrega al servicio de los pobres, “no gritemos solo cambios de estructuras, porque de nada sirven las estructuras nuevas, cuando no hay hombres nuevos que manejen y vivan esas estructuras que urgen al país”, dijo.
Durante la celebración eucarística celebrada ayer, en la cripta, el sacerdote pidió porque termine la situación de inseguridad y temor que atraviesa el país, y que abunde el espíritu de vida para que libere de la violencia a todas las personas, pero en especial a los jóvenes, y que sean capaces de contribuir a la construcción de la patria nueva.
De una forma especial se rogó a Dios por los pobres del país, y que los ricos acepten el llamado y se conviertan, para compartir con el necesitado los bienes del reino de Dios.
Los miembros de la Comunidad Monseñor Romero, de la Cripta de Catedral, presentaron en la procesión de ofrendas, una fotografía del Arzobispo mártir compartiendo con gente pobre, como símbolo de que él vivió las Bienaventuranzas, por lo que fue aborrecido, insultado y expulsado, por hacer sentir su opción preferencial por los pobres.



