Diana Aranda durante una de sus intervenciones en la gala de despedida realizada en su honor.
Beatriz Menjívar
Redacción Amigos
La noche del miércoles fue una velada especial para la Fundación Ballet de El Salvador, quienes despidieron a Diana Aranda con una gala extraordinaria.
La baletista, miembro de la Fundación Ballet viajará rumbo a Argentina para audicionar para una compañía de danza, “esto es más que nada un homenaje a Diana, porque es nuestra alumna desde los ocho años”, afirma Alcira Alonso, productora general de la Fundación.
“Es una gran alegría que se pueda presentar a una competencia como esa. Creo que tiene el talento y la calidad como para estar ahí, será evaluada por un jurado de cinco personas con calidad internacional y ya están incritos en la competencia 150 bailarines, de los que se van a escoger 25”, afirma Alcira.
Sin embargo la maestra se muestra más bien contrariada, la partida de Diana le alegra porque se perfila dentro de los artístas con calidad internacional, pero le entristece que no se pueda quedar a hacer historia en suelo salvadoreño.
“Ya hay otros bailarines destacados internacionalmente, pero lo más triste es que no se entienda que hace falta una política gubernamental enfocada hacia una verdadera preparación con maestros internacionales, porque talentos como Diana están buscando otros caminos para crecer”, destaca Alcira.
La noche avanza, y las declaraciones de Alcira son cortadas por el inicio del evento, el telón abre y da paso a la muestra de un estudio académico.
Después aparece Diana, ataviada con un vestido morado, en la que es su última presentación antes de partir, para encarnar el clásico de Romeo y Julieta junto al bailarín Stephan Moys, luego Irina Flores y Alex Cornejo danzan al ritmo de la Dama de las Camelias.
Y para cerrar el primer bloque, surge una Diana envuelta en un toque de inocencia, ternura y sensualidad para interpretar un solo al ritmo de “Anytime, Anyway”, que deja en claro su calidad artística.
Pero no todo está concluido, el intermezzo da tiempo para que el público resuelva urgencias, comente lo visto y se reacomode en sus butacas para la interpretación de la clásica Carmina Burana.
El montaje, a cargo de Francisco Castillo, muestra a una Diana imponente en sus ejecuciones fríamente medidas a fuerza de ensayo, que le roba aplausos espontáneos al público a cada instante.
La velada ha mantenido absorto al público en el Teatro Presidente, pero el final es inevitable, “con esto se le diría hasta pronto y que le vaya bien”, resume en términos sencillos la maestra Alcira Alonso.



