C. Marchelly Funes
Hace unos días el Presidente de la República, Mauricio Funes, anunció que su Gobierno saldaría la deuda de pensiones de los lisiados de guerra, pendiente de 1993.
Al Gobierno del Cambio le ha tocado saldar deudas de las gestiones anteriores: El perdón en nombre del Estado por todos los crímenes de lesa humanidad cometidos en el pasado tanto por el Ejército como la ex guerrilla, y la deuda económica y moral con los lisiados de guerra, son solamente dos ejemplos todos los pendientes que dejaron las gestiones anteriores. Enumerar cada una se llevaría una, dos o más entregas continúas.
A mediados del mes pasado los lisiados de guerra promovieron una protesta para demandar que se les pague las pensiones atrasadas. Pese a eso, los periódicos de mayor circulación dieron la siguiente cobertura al hecho. El Diario de Hoy, por ejemplo, en su edición del día 15 de enero tituló: “Lisiados se apoderan de Catedral Metropolitana”.
En la nota se vio plasmado el número de participantes, la contribución que hicieran los demandantes durante el pasado conflicto armado, la blasfemia que significa usurpar el principal templo católico de la capital y las exigencias que este grupo de hombres y mujeres hacían al gobierno. Uno de los elementos y argumentos ausentes en las notas y comentarios posteriores fue el hecho de que las pensiones adeudadas datan de hace más de una década.
Posterior al hecho, el presidente Funes se reunió, en Casa Presidencial, con un grupo de lisiados que por primera vez hicieron su entrada a la casa de gobierno y que han esperado más de quince años el pago de sus pensiones, compensaciones que no fueron entregadas en los años de 1993 y 1995.
El no pagar una pensión simbólica, porque hay que decirlo, eso es un pago simbólico para todos estos hombres y mujeres que prestaron sus servicios militares durante el pasado conflicto armado, no debió ser ineludido por los gobiernos de ARENA, mucho menos por la gestión firmante de los Acuerdos de Paz.
Estos hombres y mujeres fueron vil mente ignorados tal y como lo dijera el presidente en su discurso, mismo en el que se comprometió a saldar una deuda que se aproxima a los 20 millones de dólares, en un plazo de un año.
“Es para este gobierno un acto de responsabilidad y justicia, con uno de los grupos humanos que más ha sufrido las consecuencias del conflicto armado. Es el acto de reconocimiento de una deuda económica, moral e incluso, afectiva, que lamentablemente se ha prolongado, durante 16 años”, dijo el presidente Funes.
Con estas acciones el presidente no sólo está siendo coherente con su discurso de inclusión y opción por los desprotegidos, sino que está pasando del dicho al hecho y esto vale y merece la pena difundirlo y aplaudirlo.
Lo que tampoco debe dejarse de lado, es el cuestionamiento a los ex presidentes Alfredo Cristiani, Calderón Sol, Francisco Flores y Elías Antonio Saca, quienes durante sus mandatos violentaron los acuerdos firmados en Chapultepec, México, donde se estableció que los lisiados de guerra tenían derecho a tierra y a una pensión mensual.



