Alma Vilches
Redacción Diario Co Latino
“Quisiera ser siempre, y sobre todo, en estas horas de confusión, de psicosis, de angustia colectiva, un mensajero de esperanza y de alegría”, esas fueron las palabras que Monseñor Oscar Arnulfo Romero pronunció el 10 de febrero de 1980, y que en la actualidad cobran vigencia ante los altos índices de inseguridad en el país.
La Comunidad Monseñor Romero, de la Cripta de Catedral, junto a los feligreses que participaron en la misa dominical, reflexionaron sobre esta homilía.
En esa fecha, Monseñor hizo un llamado al pueblo para construir con Dios la historia del país, resumiendo este pensamiento en tener un encuentro del hombre con Dios. Tomar el proyecto que Dios ofrece al hombre y adquirir el compromiso cristiano de construir la historia según el proyecto de Dios.
En su homilía, Romero dijo que “hay razones para ello: El horizonte claro que nos presentan las palabras de revelación de Dios, no es para afligirse, es un horizonte en el cielo salvadoreño que le está marcando la salida luminosa a la situación”.
Asimismo, manifestó que todos los proyectos de progreso en el mundo no se deben confundir con el proyecto del Reino de Dios, pero sí, deben hacerse cada vez más con un reflejo de Dios, solamente así, el país podrá resolver su gran problema “cuando no nos opongamos al proyecto de Dios y no se deje que unos pocos lo tengan todo y una mayoría no tenga nada”, reiteró.
Asimismo, se refirió al encuentro que sostuvo con el Papa Juan Pablo II, y las palabras de aliento que Su Santidad le mostró, “para mí son un aliento para toda la Arquidiócesis, que yo quisiera transmitir, el Santo Padre conoce plenamente nuestro trabajo y está de acuerdo en la defensa de la justicia social que aquí tratamos de llevar”, agregó.
Por su parte, el sacerdote Miguel Vásquez, encargado de celebrar la misa de ayer, dijo que como sociedad y pueblo cristiano se debe luchar por la opción preferencial de los pobres, pero sin distorsionar la imagen de Monseñor Romero, como muchos lo han hecho durante estos años, sino acercándose cada vez más a la forma de vida, al testimonio del obispo mártir.
“Ahora se nos invita que asumamos nuestra misión, a pesar de las dificultades que se puedan dar, y los costos que se puedan tener, el mensaje es que como comunidad trabajemos y unamos esfuerzos por trabajar en la misión que Cristo dejó, al igual que nuestros mártires: Vivir la palabra que predicaba”, agregó el padre Vásquez.



