El titular podría sonar a lástima, lo cual no es nuestra pretensión, es simplemente una evocación a tres situaciones harto conocidas por toda América Latina, a saber: es el país más pobre del continente, el más invadido por fuerzas foráneas y, recientemente, devastado por un terremoto de más de 7 grados, que ha dejado incalculables cifras de víctimas mortales.
También es un país altamente vulnerable a las expresiones extremas de la Naturaleza.
La mayoría de informes económicos de organismos internacionales señalan que el país de América más pobre, es Haití, y que la mayoría de su población, que asciende a 8 millones de habitantes, viven con menos de dos dólares diarios. Y es que sólo el 1% de la población acapara el 60% de la “riqueza” de ese pueblo.
Además, desde 1940 ha perdido “dos tercios de sus tierras cultivables”, afirma la periodista Claude Marie Vadrot, en parte, por la deforestación, que según los ambientalista lleva el primer lugar en América Latina.
Haití fue invadido por Estados Unidos por primera vez en 1914, quedándose en esa condición durante 19 años. A la salida de los invasores, dejaron una tiranía, la de la familia Duvallier, que durará 50 años.
En febrero de 2004 fue derrocado el Presidente Jean Bertrand Aristide, luego de década de crímenes y revueltas sociales iniciadas en 1991, tras el derrocamiento de la dictadura. A partir del derrocamiento de Aristide, las Fuerzas de Paz de la ONU, mayoritariamente estadounidense se quedan controlando el país.
Tras el terremoto del martes 12 de enero, y con la excusa de que están desorientados y necesitados los haitianos, Estados Unidos desembarca su tropas, y toma el control de la destruida capital y otras ciudades, incluyendo el sucumbido palacio nacional de Puerto Príncipe.
“Este es el renovado escenario de una guerra mediática en la que se manejan 3 ejes principales: La presencia militar de EE.UU. en Haití es para brindar ayuda humanitaria a un pueblo castigado. En Haití hay caos y por ende deben imponerse el orden y la disciplina. Los marines son los únicos capaces de hacerlo, ya que, el resto de países nucleados en torno a la misión militar de la ONU (MINUSTAH) no están a la altura de las circunstancias”, critican Andrés Sallari y Rafael Rico Ríos, en una publicación en Rebelión.
Haití, por supuesto, sumido en su miseria, agudizada por el terremoto reciente, necesita de la ayuda de todos y todas. De las naciones pobres y de las ricas, pero, nadie debería aprovecharse, para invadirla militarmente, pese al visto bueno, que han dado su presidente y el primer Ministro, René Preval y Jean Max Bellerive, respectivamente.
¿Qué pasaría, si los demás países, en vez de enviar cuadrillas de médicos, bomberos o rescatadores enviaran soldados?, seguramente, convertirían a ese pobre nación, en un escenario de guerra.
Ojalá, y el mundo civilizado, el primer mundo, luego de lo visto en Haití, dan un giro a su ayuda, para salvar a los país pobres y vulnerables, para salvar a la humanidad.



