Si la fuerte institucionalidad que ha alcanzado la sociedad chilena, permite a su ciudadanía gozar sin traumas intentar mejoras dando el voto a un candidato con nexos con la dictadura de Pinochet, el ejemplo puede ser un peligroso precedente para países como el nuestro, con minorías ávidas de medrar en el autoritarismo para favorecerse con el desmantelamiento y el saqueo del Estado.
Como la victoria del millonario chileno es prácticamente un 50 – 50, su próximo gobierno confirmará si una visión de derecha puede concertar para incrementar el desarrollo social y económico alcanzado por los anteriores gobiernos de centro izquierda.
Una buena primera señal es la venta que hará el futuro Presidente de su 26 % de acciones de LAN, evitando el conflicto de intereses; sin embargo los observadores políticos hacen ver que siendo el sr. Piñera dueño de una editorial y de una cadena televisora, podrá seguir usando estas fuerzas para manejar la opinión pública, en un momento en que los Medios de comunicación en Latinoamérica se han convertido en Partidos Políticos y, como sus espacios son vendidos mayoritariamente a las grandes empresas, son los intereses de éstas las que privan en sus franjas informativas y de opinión.
Frustracion ?
Ya se maneja la percepción de, que como la Concertación no desmontó el régimen económico de Pinochet y no se dieron los cambios esperados en favor de las mayorías, éstas han optado por una alternabilidad que ofrezca una esperanza. Para El Salvador es un aviso, ¿esperarán aquí las mayorías votantes 20 años la impaciencia, que ya se advierte por expectativas que no se ven cumplidas?
La decisión del electorado chileno es sólo de su incumbencia, pero para nosotros, la impaciencia y la de la derecha para retomar sus parapetos en el saqueo del Estado, hacen para nosotros que el ejemplo sea peligroso. Cierto que haya sido sorprendente que el momento que en Suramérica se vuelven más protagónicos los partidos de izquierda, en Chile no hayan podido generar la suficiente confianza con cambios que resuelvan la profunda brecha de un régimen económico que ha logrado un gran crecimiento, pero que ha ampliado la brecha con los más pobres.
Quizá la lección que aquí debemos tomar es, que un gobierno democrático no puede jugar con las expectativas de sus bases y de los votantes.



