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Viernes, 18 de Diciembre de 2009 / 11:15 h

EE.UU. y China ponen la cumbre al borde del naufragio

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Copenhague/Dpa

Mientras el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, instaba hoy al mundo a "actuar" antes de que sea "demasiado tarde" y el primer ministro chino, Wen Jiabao, seguía sin mover ficha, los dos gigantes, responsables del 40 por ciento de la contaminación global, mantenían la cumbre de Copenhague en su puño.

Según informaciones a las que ha tenido acceso dpa, la cumbre internacional podría terminar con un compromiso "de mínimos". De acuerdo con varios borradores que circulaban esta tarde, entre ellos uno de Naciones Unidas, los líderes mundiales podrían ponerse de acuerdo -al menos- en el objetivo de intentar evitar que la temperatura del globo no supere los 2 grados centígrados, respecto a los niveles pre-industriales.

Los montantes de ayuda del mundo rico para que los menos favorecidos puedan luchar contra el cambio climático podrían elevarse a 30.000 millones de dólares para los tres próximos años y a 100.000 millones de dólares anuales para a partir de 2020.

De acuerdo con esos borradores, podría haber acuerdo sobre un recorte de emisiones de gases de efecto invernadero, sin establecer cantidades, pero sólo hasta 2020, sin fijar objetivos a largo plazo.

Si se confirman esos planteamientos "minimalistas", la cumbre podría acabar en un fracaso sonado, extremo sobre el que alertó Obama en su intervención.

"El cambio climático supone un peligro creciente para nuestra población. Este riesgo no es ficción, sino ciencia", fueron las primeras palabras de Obama, esperado en Copenhague como el mesías que podría salvar la cumbre de Naciones Unidas del naufragio.

Obama, que llegó esta mañana temprano -el avión "Air Force One" se posó en el aeropuerto de Copenhague cerca de las 8.00, en medio de una fuerte nevada- mostró buena disposición y mejores palabras, pero subrayó que su país no se moverá -en lo sustancial- de sus posturas, respecto al recorte de emisiones contaminantes.

"Mientras nadie duda del cambio climático, nuestra habilidad para actuar sí que lo está", destacó Obama, en la intervención más esperada de toda la cumbre, que se inició el pasado 7 de diciembre en medio de expectativas que -salvo un cambio radical de la situación- podrían quedar defraudadas.

El ambiente de pesimismo era hoy generalizado. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, no ocultaba esta mañana su decepción al afirmar, ante una nube de periodistas, que "se han hecho muy pocos progresos, China sigue empeñada en que la verificación de sus emisiones por parte de terceros supone una injerencia en su soberanía, no entiendo por qué", afirmaba.

Ese es el nudo gordiano que deben cortar hoy (o nunca) Obama y Wen Jiabao. Estados Unidos hizo un gesto simbólico ayer, por boca de su secretaria de Estado, Hillary Clinton, al afirmar que su país se sumará al esfuerzo económico internacional de 100.000 millones de dólares anuales para 2020 con el fin de ayudar a que los países pobres puedan luchar contra el cambio climático.

Clinton intentaba así abonar el terreno para que Obama cerrase hoy un acuerdo, que a pesar de los intensos esfuerzos diplomáticos realizados durante toda la noche pasada no lograron llegar esta mañana a buen puerto, en medio de la frustración y la decepción generalizada. "No entiendo por qué no logramos ponernos de acuerdo (...) ¿Es tan difícil acercar posturas cuando de lo que se trata es de salvar la humanidad?", dijo contundente un miembro de la delegación francesa.

A cambio de su oferta económica, Washington esperaba un movimiento paralelo de Pekín, que de momento no se ha producido. El gigante asiático valoró como "positivo" ese gesto estadounidense, pero se niega a que sean organismos internacionales, por ejemplo equipos de Naciones Unidas, quienes verifiquen que procederá a recortar sus emisiones futuras según su última propuesta, que abarcaría hasta un máximo del 45 por ciento en función de su PIB.

Transparencia. Esa parece ser la palabra mágica que podría hoy desbloquear el tenso pulso que mantienen Jiabao y Obama entre bastidores. Se trata de la "batalla de los grandes contaminadores globales", según la definió un miembro de la delegación italiana.

Transparencia equivale a control y supervisión internacional, sobre eso no quedan dudas, según reiteró Obama.

"Debemos tener un mecanismo de revisión (de emisiones de C02) que no sea una intromisión y no afecte a la soberanía nacional. Pero ¿Cómo puede haber un acuerdo internacional si no intercambias información?. Llevamos dos décadas hablando y no hemos visto más que crecer el fenómeno del cambio climático. Este es el momento final", alertó el presidente de Estados Unidos.

El eje central de la disputa está en el exponencial crecimiento económico chino, con una previsión de casi un 9 por ciento para 2010, según varios estudios. Pekín, apuntan los analistas, no quiere comprometer en exceso ese "milagro económico".

Precisamente a ese "egoísmo" se refirió hoy nuevamente el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, quien en una metáfora muy clara subrayó que la cita de Copenhague no debería ser "un juego de póker, en el que algunos se guardan un as en la manga y juegan según sus intereses".

Mientras, el reloj avanza inexorable y la cumbre de Copenhague, que pretende materializar un acuerdo que sustituya al desfasado Protocolo de Kyoto, parecía este mediodía abocada al fracaso.

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