Licda. Norma Guevara de Ramirios
De todos es conocido que el gobierno del Presidente Mauricio Funes presentará esta semana, una propuesta de reformas tributarias a la Asamblea Legislativa. Con las reformas el gobierno se propone evitar la evasión de pago de impuestos, la elusión como forma de aprovecharse de vacíos de ley para obviar pago de tributos, la desigualdad de tributación en actividades equivalentes; las reformas se proponen además, mejorar la capacidad de fiscalización y de juzgamiento de las faltas y los delitos fiscales; y con todo ello aumentar la recaudación fiscal para invertir más, aumentar la capacidad crediticia del país y sobre todo procurar justicia y progresividad tributaria.
Pero quienes más y mejor comprenden el alcance de las reformas, posiblemente sean aquéllas personas o sectores que se benefician de los vacíos o de la debilidad legal e institucional del país; estos sectores y personas son capaces de presentar ante la opinión pública una medida que es necesaria y justa como peligrosa , mala o inconveniente; y en un marco de dominio de los recursos mediáticos también pueden crear confusión y temor en las mayorías o en sectores, que si bien tributan, no están siendo afectados ni directa, ni indirectamente por las propuestas del gobierno.
Se convierten en piezas de propaganda teorías que a fuerza de repetirse llegan a parecer ciertas, como el argumento de que aumentar tributos en tiempos de crisis, ahuyenta a los empresarios que crean empleo y riqueza; no obstante, para quienes sostienen este argumento, todos los tiempos son críticos y en un país como el nuestro que sólo en cortos períodos alcanza un crecimiento del Producto Interno Bruto(PIB) igual o mayor a 5%, siempre será inoportuno tocar la estructura tributaria por ningún lado como no fuera la disminución.
Para quienes tienen la capacidad de crear un clima de temor a las reformas son capaces de convencer a sus propios empleados de que ellos sufrirán despidos como se ha visto ya en campos pagados de organizaciones laborales que en otros tiempos, y frente a problemas graves del país, jamás dicen una palabra.
Otro argumento favorito para desacreditar la reforma es que ellas producirán un efecto de incremento en los precios, se les olvida el alza inmoderada de precios que hemos vivido siempre sin que necesariamente gobiernos anteriores hayan cargado con impuestos; baste recordar los precios de los huevos, los frijoles, la carne de pollo antes de la elección del ex Presidente Cristiani y antes de que el ex Presidente Flores.
A pesar del cambio de estructura tributaria basada principalmente en el impuesto indirecto que hace pagar más, a quienes consumen todo su ingreso y tienen menos capacidad de ahorro, hay que reconocer que las alzas de precios se fundan más en estructuras monopólicas y el afán de lucro que en los impuestos.
Es sólo frente a la posibilidad de reforma fiscal, aunque sea tímida, que se difunde el argumento de que el impuesto que se propone se expresará en alza de precios.
Todos los sectores piden que el gobierno invierta en políticas sectoriales, esto significa invertir, pero se oponen a las reformas que pueden aumentar los recursos necesarios para hacer más efectivas las políticas sectoriales.
En síntesis, los sectores que tienen capacidad de opinar en los grandes medios de comunicación crean un contexto adverso, de oposición a la reforma fiscal necesaria, que no toca a fondo la estructura tributaria, sino que simplemente regula aspectos que cierran, como se dice al inicio, los portillos que explican la evasión, la elusión, la inequidad y sobretodo da facultades al Ministerio de Hacienda para fiscalizar mejor o a los juzgados procedimientos más claros y precisos para recuperar lo que en derecho le corresponde al fisco.
Desde el lado de quienes entendemos la democracia como método mejor de convivencia, debemos hacer esfuerzos para defender la capacidad fiscal del gobierno para invertir en lo social, en el respaldo a la dinamización de la economía, de fortalecer la institucionalidad democrática, de invertir en la reconstrucción y el desarrollo humano de nuestra gente, y ello debe llevarnos a respaldar a nuestro gobierno en las propuestas tendientes a proveer más recursos, legítimos, legales, con los cuales el Estado en su conjunto, debe cumplir su cometido redistributivo de la riqueza que creamos entre todos.
El debate y consulta previa hecha por el gobierno a los diferentes sectores económicos, a pesar de su adversidad pública, debiera servir para que respaldemos y aprobemos pronto esas reformas y creemos una atmósfera de cambio también en este ámbito siempre dificultoso de la política fiscal.



