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Toda Nigeria aguardaba la final de la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA 2009, aunque al mismo tiempo la temía: se esperaba que fuese la apoteosis de tres semanas de competición apasionantes, y también la culminación de una aventura maravillosa. Y esta fiesta del fútbol concluyó de manera magnífica para Suiza, aunque trágica para los anfitriones…
En su primera participación en la prueba, la pequeña nación europea consiguió subir al techo del mundo y adjudicarse por primera vez en su historia un título de la FIFA. Los helvéticos pusieron la guinda a un pastel que tenía a Brasil, México, Alemania o Italia como sucesivas capas deshaciéndose del conjunto anfitrión en la final, para desilusión de los 60 mil hinchas que habían preparado una inmensa fiesta.
Nigeria, tres veces campeona del mundo, defensora del título y país organizador, ansiaba disputar esta final delante de su público después de alzar el trofeo hace dos años en la República de Corea. Tenía una cita con la historia, y deseaba ceñirse los laureles por cuarta vez. Sin embargo, Suiza se le adelantó, arrebatándole su corona.
Unas horas antes, mientras el estadio Nacional de Abuja terminaba de llenarse para vibrar por la noche, España subió al podio, en detrimento de Colombia. Un gol de Isco, una de las revelaciones de Nigeria 2009, bastó a la Roja para reponerse de la decepción sufrida en semifinales. Los españoles que vean el vaso medio lleno estarán contentos de que su equipo regrese con una medalla, y quienes lo contemplen medio vacío observarán que la selección ha bajado un peldaño respecto a la plata conquistada en 2007.



