El puente fracturado del río Huiza fue testigo de la fuerza de la naturaleza. Foto Diario Co Latino/Wilfredo Lara
Daniel Trujillo
Redacción Diario Co Latino
José Mejía llegó tarde, tan tarde que sólo rescató el cadáver de su madre María Mejía. El agua avanzó con tanta fuerza que botó un ropero, el cual golpeó a esa mujer de 68 años, dejándola inconsciente.
No se sabe qué corriente se encargó de arrebatarle la existencia a María, ya que su casa estaba en medio de dos ríos: el Huiza y el Muerto. El primero pasa por La Libertad y, el segundo, en el último rincón de San Salvador, a la orilla del cantón Cerco de Piedra.
Ambos se unen y fortalecen al río Huiza, que pasa por el cantón Melara en La Libertad, el mismo que destruyó el puente que estaba en ese municipio.
José trató de correr, pero el agua se lo impedía, detrás de él venían sus tres hermanos. A como de lugar querían salvar a su mamá. Ya era la madrugada del domingo, cuando levantaron el ropero que cayó sobre María.
Ya no podían hacer nada, el agua había entrado en sus pulmones y le quitó la vida.
Ahora, José repite una y otra vez: “Yo le dije que se viniera a vivir conmigo, yo se lo dije antes que pasara esto”.
María vivía sola en el cantón Cerco de Piedra. Era su voluntad estar así, porque no quería apartarse del terreno que tanto le gustaba.
“Es que a ella le gustaba su casita”, dijo José, señalando un montón de láminas y madera, los escombros de la vivienda de su mamá.
Tanto José como sus hermanos sienten en lo profundo la pérdida de su madre, sin embargo, hay alguien que no logra concebir que esa persona dejó de existir.
Fue hasta el lunes que Kati, la nieta de María, vio a su abuela. Esta vez no fue a verla para platicar con ella o comer juntas, sino, a darle el último adiós.
José dice que no hay cosa que logre consolar a la pequeña; desde ese día Kati no para de llorar.
Y desde ese día José cayó en la cuenta de que en Cerco de Piedra no se puede vivir. La vulnerabilidad en la que viven varias familias de ese cantón es alta.
A un lado pasa el río El Muerto y, al otro, el río Huiza. La noche del sábado y madrugada del domingo ambos se unieron y causaron destrozos en ese cantón del departamento de San Salvador, vecino del cantón Melara.
Sólo en Cerco de Piedra hay 18 familias afectadas, quienes con sus propias manos están sacando el lodo de sus casas.
La mayoría andan con los pies descalzos y los mosquitos ya comienzan a picar partes de sus cuerpos.
El mal olor empieza a aparecer en el ambiente y eso hace más difícil sobrellevar la tragedia y sus secuelas. El lodo empieza a secar y, con ello, a ponerse duro.
El río El Muerto volvió a su cauce, ya no es el gran cuerpo de agua que se unió con el río Huiza para hacer desaparecer por unas horas a dos cantones.
El Huiza ahora está tranquilo. El puente destruido es el gran testigo de la furia que puede desatar en tiempo de invierno.
A sólo unos cuantos metros del cantón Cerco de Piedra está el cantón Melara, otra de las poblaciones que sufrió por la vulnerabilidad existente en el país.
“Los dos ríos afectaron (Huiza y El Muerto), por eso la correntada venía con todo”, así es como resume Osiel Mena el desastre ocurrido en el cantón Melara.
Está sentado en una silla. Trata de descansar un rato para luego seguir sacando lodo de su casa. Estos cuatro días han sido difíciles para Osiel.
Lo único que ha hecho es sacar lodo y más lodo, no ha quedado tiempo para otra actividad. Ni siquiera para dormir con tranquilidad.
La última vez que cerró los ojos y pensó que descansaría con tranquilidad fue el sábado por la noche.
Ya en la madrugada del domingo, un vecino le tocó la ventana de su casa para advertirle que el río estaba creciendo y que no se detendría con nada.
Osiel pensó que era “un loco” el que le hablaba. Agarró el machete y fue a ver quién era. Cuando su mirada volteó hacia la izquierda, no sabe si la corriente del río Huiza o del río El Muerto estaba cercano a su casa.
Despertó a toda su familia y rápidamente su papá y él sacaron un camión y un pick up de la cochera, para que el agua no los arruinara.
“Nos fuimos a la iglesia la Luz del Mundo, allí nos refugiamos”, dijo Osiel.
Durante la madrugada del domingo y la noche del lunes esa iglesia sirvió de albergue. Ahora, solo la escuela “Eduardo Guirola” sirve de refugio para aquellas familias que todavía no se pueden instalar en sus casas.
En el cantón Melara hay 35 casas dañadas y se registra una persona muerta. El total de familias afectadas por la vulnerabilidad son 166 y las que todavía están albergadas son 45.
Osiel le da gracias a Dios que él y su familia sobrevivieron a lo peor de la tragedia, ahora, el trabajo para reconstruir el cantón es grande.
Y los primeros pasos ya se dan. Buena parte de la gente que vive en Melara y Cerco de Piedra se dedica a la agricultura.
Algunos se dedican a secar el maíz y el maicillo. Es pasado el mediodía y es el momento de mover los granos para que se sequen bien y venderlo al mercado y guardarlo para el consumo propio.
Es así como poco a poco la población afectada trata de volver a la normalidad, haciendo lo que hacían antes de que la intensa lluvia los afectara: dedicarse a sus cultivos.



