Juan José Callejas Hernández de 60 años muestra la fotografía de su hija de 16 años, a quien pide le ayuden a encontrar entre los escombros de la que era su casa. Foto Diario Co Latino/Ricardo Chicas Segura
Leonor Cárdenas
Redacción Diario Co Latino
Sentados en una silla de plástico y semidesnudos, doña María Guzmán de 90 años de edad y su hermano Julio de 80, agradecen a Dios el haberles librado de la muerte, luego de que su humilde vivienda quedara totalmente destruida por el deslave del domingo en la madrugada.
Según doña María, quien desde niña reside en el cantón San Agustín, Caserío Arriba Peña Colorada de San Pedro Perulapán, en el departamento de Cuscatlán, ya no recuerda la última vez que vio a su hija Mirtala, quien desde hace varios años ha dejado en el olvido a su madre, según sus vecinos, quienes dicen que todos los días se pregunta dónde y cómo estará su hija.
“Mirtala, ella es mi hija… por allá vive, ¿dónde está? ¿Por qué no viene?”, gritaba la anciana con todas sus fuerzas, mientras sobaba sus piernas y pantorrillas raspadas por los escombros de la vivienda que la protegió del frío y el sol durante varios años.
Mientras doña María lamenta el haber perdido su casa, su hermano Julio, quien hace mucho esfuerzo para levantarse y caminar, busca leña para el fuego con el cual, pretendía calentar unos macarrones que, debido al poco espacio en la cacerola, ya se le estaban quemando.
A la par de los ancianos, tres perros descansaban en un colchón aún enlodado, en el que desde el domingo 8 de noviembre reposan los cansados cuerpos de la pareja de hermanos, quienes se han tenido que resignar a sobrevivir en soledad los últimos días de su vida.
Pero la angustia de estos ancianos de haberlo perdido todo, no se compara con la desesperación de Pedro Mendoza, quien desde la madrugada del domingo busca a su amada esposa Rosa Margarita Mata de Mendoza, de 33 años de edad.
“Todo pasó en cuestión de segundos, de repente yo escuché el grito de mi esposa que decía que el río se la llevaba, yo traté de ayudarle, pero no pude; el agua era más fuerte que yo y me la arrebató de las manos”, comentó don Pedro, quien no pudo contener las lágrimas y perdió la voz en cuestión de segundos.
Según don Pedro, quien aún no entiende lo que pasó y no sabe cómo fortalecer a sus tres hijas ante la pérdida de su madre, le preocupa no saber adónde acudir y a quién pedirle ayuda para encontrar y darle santa sepultura a la mujer que le dedicó 20 años de su vida.
Al igual que don Pedro, don Juan José Callejas Hernández busca desesperadamente a su hija de 16 años, quien según el anciano padre se encuentra bajo los escombros de la vivienda, la cual, quedó totalmente destruida.
“Yo necesito que me ayuden a buscar a mi hija, yo todos los días la busco, hemos escarbado por horas, pero no tenemos las fuerzas para levantar tanta piedra y troncos de árboles, ya no sé qué hacer; yo quiero ver a mi hija”, manifestó el anciano padre, quien desde el día de la tragedia carga en sus manos una fotografía de su hija. El panorama en dicha zona es desolador, unos viven la desesperación de haber perdido a sus seres queridos, otros esperan vivir dignamente los últimos días de su vida y otros se lamentan y buscan entre los escombros algo bueno que rescatar.
“Gracias a Dios nos libramos de la muerte, las cosas se perdieron en su mayoría, pero lo que se puede rescatar lo hemos rescatado, el martes encontré un zapato y hoy en la mañana encontré el otro, eso me alegra mucho porque ya no ando descalzo”, dijo Reinaldo Noel Peña, quien residía en el Caserío la Ensenada, donde 28 familias perdieron totalmente sus viviendas.
Es importante resaltar que la ayuda para estas personas no se ha hecho esperar, ya que todos los días personas altruistas, iglesias y cuerpos de socorro les llevan alimentos cocidos y para preparar. Sin embargo, estas personas suplican a las autoridades de gobierno que les ayuden con ropa y maquinaria para levantar los escombros.



