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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
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Martes, 10 de Noviembre de 2009 / 09:50 h

Opinando sin politica (559)

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Eduardo Badía Serra

Hay un acuerdo general en el sentido que los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años debido a un calentamiento global muy fuerte de la corteza terrestre. Sin embargo, hay desacuerdo en cuanto a la causa de dicho calentamiento. Según una hipótesis, este pudo haber sido causado por el impacto de un meteorito enorme, o un cometa, con la liberación de una cantidad de energía equivalente a seis mil millones de veces la energía liberada por la bomba de Hiroshima. Otra hipótesis habla de que dicho calentamiento fue debido a un período de numerosas, intensas y frecuentes erupciones volcánicas.

Ambas hipótesis predicen una presencia generalizada de partículas de cuarzo fracturadas en los estratos sedimentarios de esa era, en un primer caso, por colisión y onda expansiva, y en un segundo caso, por efecto combinado de erupciones y altas presiones. La ciencia ha concluido que la mayor probabilidad del hecho se ubica en la primera hipótesis, es decir, que los dinosaurios se extinguieron debido al impacto de un enorme meteorito que calentó desproporcionadamente la corteza terrestre.

Siempre habrá que sostener un margen de duda sobre estos casos. El de la extinción de los dinosaurios es un caso de retrodicción confirmada por observación sin experimentación. Si así fue, así debió haber sido; igualmente, pudo no haber ocurrido. Por ello, las ciencias naturales son ciencias de lo contingente, esto es, modos de apropiación de una realidad que igual pudo haber sido o no. Solo la matemática y la lógica son ciencias de lo necesario, porque ellas son como son sin poder serlo de otro modo, esto es, son ciencias cuyos opuestos no son posibles. El universo es contingente, pues nada de lo que en él sucede es necesario.

Los dinosaurios pudieron haberse extinguido o no; de hecho, en el primer caso, quedaron algunos que escaparon al golpe del meteorito y al calentamiento global, y andan todavía por allí haciendo política y otras cosas. Fue su desaparición, como su aparición, algo contingente. Pero que dos más dos son cuatro no tiene opuesto posible; este es un hecho necesario.

El universo es contingente, y por ello, como es de un modo puede serlo de otro o simplemente no serlo. Por eso es que al universo hay que respetarlo, porque nadie sabe lo que con él pasará.

Sin embargo, la naturaleza nos envía signos claros y precisos que, si fueran interpretados correctamente, evitarían que ocurran desgracias como la que le ha ocurrido al país con las lluvias del último fin de semana. Tres, cuatro o cinco horas de lluvia han causado una enorme desgracia sobre nuestros pueblos, abatidos desde siempre por la imprevisión y la necesidad, lo que los hace altamente vulnerables y los desprotege.

No fue la lluvia precisamente la causante del desastre, por más que haya que reconocer que su intensidad fue desproporcionada. (El promedio de lluvia diaria sobre el país es del orden de los cinco milímetros, y el sábado por la noche cayeron casi cuatrocientos milímetros en cuatro o cinco horas).

El desastre fue causado por las condiciones vulnerables en que vive la población, debido, claramente, a la pobreza y la injusticia social que todavía prevalece entre nosotros. La necesidad nos obliga a vivir dentro de la precariedad, no considerando los signos y los ejemplos que la naturaleza nos envía constantemente.

Cada año, en el comienzo de los noviembres, llueve así, y estas lluvias ocasionan problemas y desgracias casi siempre en los mismos sitios. Verapaz es un claro ejemplo de ello; la colonia Málaga es otro.

Pero nosotros persistimos en seguir haciendo lo que la naturaleza nos indica que no hagamos. Vivimos a la orilla de los ríos, en las quebradas, en los volcanes, a ambos lados de las líneas férreas, y lo hacemos hacinadamente; en una país altamente sísmico, levantamos edificios que son un peligro latente para los que los habitan y para los que se sitúan en sus contornos.

Para colmo de males, a pesar de las propias características de nuestro suelo y de nuestra tierra, en vez de formar en nuestros centros de educación superior, especialistas en ciencias de la Tierra, hidrólogos, vulcanólogos, geofísicos, geoquímicos, sismólogos, etc., continuamos formando abogados,  administradores y operadores de Office. 

El universo, repito, es contingente. Como es, pudo no haberlo sido, y como es del modo que es, pudo haber sido de otro modo. Por ello, por esa naturaleza contingente, no es predecible.

Es entonces razonable ser prudente con él, respetarlo, leer adecuadamente los signos que nos envía, prevenir situaciones. Esto es mejor que las lamentaciones que siguen siempre a la imprevisión y a la imprudencia. De otra manera, ya la naturaleza se encargará de extinguir finalmente a los dinosaurios residuales que nos quedan por acá, lo cual sería saludable si no fuera por el peligro colateral de que con ellos nos vayamos todos los demás.

Por eso, yo digo:
Pueblo, ¡Rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡Levántate y anda!
¿De política?
¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.

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