María Jesús Villalobos, junto a su nieta Brenda Henríquez, ingieren sus alimentos, sobre lo que quedó de su casa en Verapaz. Foto Diario Co Latino/Rodrigo Sura.
Daniel Trujillo
Redacción Diario Co Latino
María Jesús Villalobos y sus dos nietos no desayunaron en el comedor de su casa. Eran las nueve de la mañana y entre los tres comían un plato de frijoles con tres tortillas sobre unas piedras y una gruesa capa de lodo.
Llenos hasta las rodillas, “Mamá Chus” trataba de no pensar un momento sobre el desastre sucedido en Verapaz, y el que tenía en frente.
Su nieto, Dennis Henríquez, de seis años de edad, parecía disfrutar del desastre. Con una agilidad envidiable, el pequeño se movía sobre las piedras, troncos y cogía un pedazo de tortilla con frijoles para luego ayudar a su mamá a sacar las pocas pertenencias que podían rescatar de su casa, que quedó soterrada bajo tres metros de tierra y piedras.
“Mamá Chus” le pedía a su nieto caminar con cuidado. El lodo es traicionero y podría hundirse para no salir con vida de los tres metros de profundidad.
María Jesús está impactada. Lo que tiene de vivir en la zona jamás había visto cosa parecida y recuerda que su padre le contó una vez que hace mucho tiempo un alud de tierra, de piedra y de troncos dañó Verapaz. Pero eso fue hace unos setenta años.
“Mi papá decía que era peligroso porque bajaba la correntada”, comentó la anciana.
Inesperadamente Dennis deja a su abuela y a Brenda, su hermana menor. Con rapidez se acerca a lo que queda de su casa y le ayuda a su mamá con unas bolsas.
Rosa Delmi Villalobos, la mamá de Dennis, luce cansada. Prácticamente no ha dormido en tres días. Tiene una herida en su brazo derecho, que se le hizo al tratar de subir a un muro y no ser arrastrada por el alud.
Dennis escucha y me indica con su dedo que él también se lastimó. Con naturalidad levanta su calzoneta y muestra su muslo derecho. Es un raspón leve, pero también sufrió para salvaguardar su vida.
El infante logra sacar una leve sonrisa a su madre y, de repente, se escucha que alguien tose. Era José Eulalio Marroquín, el abuelo de Dennis y padre de Rosa.
Entre sus manos abraza un buen número de zapatos. Son de las pocas cosas que logran rescatar de lo profundo del lodo y las piedras.
Rosa está resignada, sabe que su casa es inhabitable. A esto se le suma un profundo miedo, porque el próximo invierno se puede repetir esta imagen y tanto ella como su familia y todo Verapaz no lo soportarían de nuevo.
La lluvia de la madrugada del domingo dejó al descubierto la vulnerabilidad de El Salvador y las 170 casas destruidas, las 16 muertes y los 800 damnificados en Verapaz es una muestra significativa de ello.
El Secretario Municipal de la Alcaldía del lugar, Carlos Ulises Sandoval, está agitado. Es de menos, no ha parado de caminar y correr desde las primeras horas del domingo para movilizar la ayuda.
El funcionario informó que en la zona están habilitados tres albergues, para que todos los que han perdido su casa, puedan refugiarse.
Los lugares de protección están en los cantones Cañas, San Isidro y El Carmen, al norte del casco urbano de Verapaz.
“Lo principal es darle atención a la gente que lo ha perdido todo y fueron albergadas”, resume Sandoval.
El primer albergue donde se refugió el pequeño Dennis y su familia fue el puesto de la policía rural El Molinero, uno improvisado durante la noche del sábado y madrugada del domingo.
“Allá al Molinero nos fuimos”, comentó Dennis.
Ahora, la familia de Dennis se irá de Verapaz, aún no saben donde, pero están seguros que ya no vivirán en ese municipio de San Vicente.
Quien quiera ayudar con víveres, ropa o colchonetas a los verapenceses afectados, pueden llamar a los teléfonos 7333-4326 y 7856-0202, ambos de la Alcaldía de Verapaz.
Censo e informe de Derechos Humanos
Muchas personas circulaban por las que se supone eran las calles de Verapaz. Unos curiosos, otros llenos de lodo y algunos bien vestidos, limpios y con papeles en sus manos.
Estos últimos eran personal de FONAVIPO, quienes realizaban un censo para elaborar un informe de la casas destruidas.
Los trabajadores no eran mucho de hablar con la prensa, pero aseguraron que era preliminar determinar el número de viviendas afectadas por los estragos de la lluvia.
Sólo adelantaron que trabajaran lo más rápido posible para tener un informe certero de los daños en las casas.
En medio de las piedras, el Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos, Óscar Humberto Luna, no salía de su asombro.
“Es algo que cuesta creer. Lo que yo he visto es poca presencia de seguridad pública, de los cuerpos de socorro y creo que es necesario en este momento”, expresó Luna.
La presencia de ambas entidades es para garantizar la vigilancia de bienes materiales que aún quedan y ayudar a los lugareños con el rescate de cuerpos y remoción de escombros.
La Procuraduría elaborará un informe de lo observado y podría presentarlo este día o mañana.
El texto contendrá un llamado al Gobierno central para que adopte medidas preventivas a futuro.
Luna dijo también que se tienen que revisar las alertas del Sistema de Protección Civil y si fueron oportunas.
El funcionario no daría una posición si las alertas emitidas por el gobierno durante el fin de semana fueron oportunas, ya que eso se estudia y será en el informe donde se detallará.



