| Ana María Aragón Ramírez, de 20 años de edad, lee la carta que escribió a la Primera Dama de la República Vanda Pignato, solicitando un beca de estudios y un buen trabajo para su padre. Foto Diario Co Latino/Ricardo Chicas Segura |
Iván Escobar
Redacción Diario Co Latino
Ana María Aragón Ramírez tiene 20 años y a pesar de sus limitaciones físicas trata de alcanzar sus sueños, de la mano de Dios y sus seres queridos.
Esta joven ha sufrido un calvario para llegar hasta donde está, testigos de ello han sido sus padres y hermanos, quienes le han acompañado en su ruta de dificultades, pero que poco a poco y con ayuda de Dios, asegura, han vencido los obstáculos.
Pese a sufrir una complicada enfermedad desde su nacimiento, los retos para Ana María han significado importantes batallas que ha ganado en conjunto con su familia.
René Aragón, padre de Ana María, asegura que la vida en una medida ha sido muy dura con ellos, pero no se lamenta, en su interior la fe hacia Dios y su interés por sacar adelante a su familia son el oxígeno que cada día le permiten vivir en este mundo, dice.
Con un modesto trabajo como agente de seguridad de una institución pública y con innumerables deudas, que lo han llevado en momentos al punto de poder perder su vivienda, “que ya la tenemos hipotecada”, único patrimonio que poseen, René ha luchado hasta el día de hoy para que su familia tenga lo primordial.
Además, su familia tiene un componente importante, el amor entre todos y la fortaleza de los hijos le ha permitido en momentos duros superar obstáculos.
Junto a su esposa, Ana Bety Ramírez de Aragón, sus otros hijos Carlos Ernesto y René Humberto Aragón son los pilares fundamentales para poder tener un hogar humilde, pero cargado de afecto y con apoyo pleno para Ana María.
Una enfermedad vrs. una vida
Conocí a Ana María cuando en los pasillos del Hospital de Niños “Benjamín Bloom”, junto a su madre, llegó hace dos semanas a una pasar una cita de rutina.
Me llamó la atención al ver aquella niña en silla de ruedas que interactuaba fácilmente con médicos, enfermeras, personal del nosocomio y otras personas. Luego, conversando con su madre, me enteré que su edad era de 20 años, recién graduada de bachillerato general y que a pesar de sus limitantes físicas cuenta con la inteligencia de toda persona muy dedicada al estudio. “El promedio de su PAES cuando salió fue muy bueno”, me expresó con entusiasmo Ana Bety, madre de Ana María.
Esta mujer no termina de hablar en bien de su pequeña, y no es para menos, es su admiración, porque ha logrado sobrellevar una vida en medio de lo que los médicos han diagnosticado y sus ilusiones.
Ana María sufre desde su nacimiento de “Osteogénesis Imperfecta” que es un trastorno genético que se caracteriza por la fragilidad de los huesos y eso hace que con mayor facilidad se fracturen. “Es decir, es de aquellos niños que se les llama: Niños de Cristal”, advierte el padre de Ana María.
Pese a que la pequeña Ana María naciera con este mal, fue hasta mucho después que los médicos diagnosticaron la enfermedad y además la “Escoliosis Congénita”.
Al escuchar el diagnóstico, el impacto fue fuerte en el circulo familiar, aunque confiesan que no entendieron en realidad la dimensión del problema. Más cuando habían venido viendo que la pequeña Ana María, en numerosas ocasiones sufría fracturas de cadera o extremidades durante su niñez.
Sin embargo, el diagnóstico con los años se ha ido relegando al accionar de la familia, que ha venido luchando para revertir los efectos negativos de esta enfermedad y que se ha transformado en un apoyo incondicional hacia Ana María para vencer este mal.
Aunque uno de los problemas que enfrentan desde hace tres años, es el económico donde no han logrado reunir el dinero para la compra de cinco medicamentos que debe tomar constantemente y que por falta de recursos no logran suplírselo.
Lo poco que consiguen lo utilizan para la familia, y en los últimos 20 años, asegura Ana Beti, “con todo lo que he gastado en taxis para llevarla al hospital, ya me hubiera conseguido un carrito”, manifiesta entre la seriedad y una leve sonrisa.
La educación ha sido fundamental, en la vida de Ana María es así como ha logrado conllevar la enfermedad entre el hospital, el hogar y los estudios.
El año pasado se graduó de Bachillerato General, del Instituto Nacional “General Manuel José Arce”. Sus calificaciones no bajaron de 8, 9 y 10. “Las compañeritas me decían que ella era un ejemplo”, comenta Ana Beti.
Una carta para la Primera Dama
Luego de conocer a Ana María, me comentaron que ella quiere conseguir una beca para estudiar en la universidad, porque sus sueños son conseguir un empleo para ayudar a su familia.
Quiere estudiar la carrera de Idiomas, en la especialidad de Inglés o Informática, “son las dos cosas que más me gustan”, dice con entusiasmo la joven.
Y no es para menos, sus calificaciones del bachillerato son un ejemplo de su constancia y dedicación en el estudio.
Pero además, ahora tiene otro deseo que desde junio de este año ha querido hacerlo realidad.
Poder entregar personalmente una carta a la Primera Dama de la República, Vanda Pignato.
Dos cosas son las cosas que plantea en la carta redactada por ella misma, y que mantiene en un sobre con atención a la Primera Dama: que pueda ayudarle para conseguir una beca de estudios en la universidad “y si no se puede, que pueda conseguirle un trabajo seguro a mi papito, eso es lo que le pido básicamente”, dice con emisión.
La familia Ramírez Aragón no pierde la fe de encontrar una base que les permita salir de los problemas financieros que sufren. Sus otros dos hermanos junto a Ana María, se capacitan actualmente en informática, pero su deseo “es poderle ayudar a mi papá, porque por ahora él es el único que sale a trabajar”.
Mientras que René asegura que las fuerzas las sacará de donde sea para lograr satisfacer las necesidades de su familia, pero con un trabajo estable y educando bien a sus hijos, las cosas cambiarían.
Los sueños no los pierden, es más, Ana María contagia a todo aquel que conversa con ella, y es un ejemplo que los sueños no son imposibles de alcanzar, por el contrario, se convierten en retos que “con la ayuda de nuestros seres queridos y la fe puesta en Dios los podemos alcanzar”, expresa René Humberto, el mayor de los hermanos Aragón.




