Josué Díaz y su abuela María de la Paz Díaz, colocan una vela, en memoria de los siete familiares masacrados el 11 de diciembre de 1981 en caserío El Mozote, Meanguera, departamento de Morazán. Foto: Diario Co Latino/Roberto Márquez
Roberto Márquez
Rodrigo Sura
Redacción Diario Co Latino
No va al cementerio, pues asegura no tiene a nadie a quién enflorar ahí. Sus flores, sus oraciones y sus velas son depositadas en el monumento que alberga los nombres de los un mil 800 asesinados, incluyendo sus padres y hermanos, lo que hace que María Díaz viva de manera aún más emotiva la conmemoración de los difuntos en el caserío El Mozote, en Morazán, donde los restos de sus familiares no fueron encontrados.
“Vivo el recuerdo de mis familiares con nostalgia y, aunque no hay una tumba que pueda visitar, está el monumento en el que conservamos latente el recuerdo y la memoria de nuestras familias”, dice María con tono melancólico.
Y es que el significado que tiene para los habitantes del Mozote el 2 de noviembre, va de la mano con la conmemoración en honor a las víctimas asesinadas en diciembre de 1981 por la Fuerza Armada, en pleno apogeo de la guerra civil salvadoreña.
Con devoción y con la sonrisa a flor de piel, Delfina Argueta coloca unos ramos recién cortados de crisantemos y hace una reverencia ante la tumba de Rufina Amaya, la cual se encuentra al pie del monumento, de quien fue la única sobreviviente a la masacre y fallecida en 2006.
Delfina afirma ser comadre de Rufina y la recuerda como “una campesina que supo convivir con la comunidad ayudando a repoblar el caserío tras el final del conflicto”.
“Ellos no han muerto, están con nosotros, con ustedes y con la humanidad entera”, reza la leyenda que se lee sobre el monumento de lata con la silueta de una familia tomados de la mano, y bien podría ser el lema para el día en que se recuerda a los “fieles difuntos”, pero que en El Mozote es un día cargado de recuerdos de un pueblo valiente, memoria histórica y sobre todo, esperanza.
La Masacre del Mozote es el nombre que reciben un conjunto de masacres contra población civil cometidos por el Batallón Atlacatl de la Fuerza Armada de El Salvador, durante un operativo de contrainsurgencia, realizado los días 10, 11 y 12 de diciembre de 1981, en los cantones (aldeas) de El Mozote, La Joya y Los Toriles, en el norte del departamento de Morazán, en El Salvador.
Según las investigaciones posteriores de la Comisión de la Verdad, (el organismo de la ONU, creado para investigar los hechos de violencia cometidos durante la guerra civil salvadoreña) aproximadamente 900 campesinos salvadoreños fueron asesinados en El Mozote y los cantones aledaños. Se la considera no sólo el mayor acto de violencia contra población civil cometida por agentes gubernamentales, durante la Guerra Civil de El Salvador, sino también la peor masacre en el Hemisferio Occidental, en tiempos modernos.
En la tarde del 10 de diciembre de 1981, unidades del Batallón Atlacatl del ejército salvadoreño, comandadas por José Domingo Monterrosa, llegaron al alejado cantón de El Mozote en busca de insurgentes del FMLN. El Mozote era una pequeña población rural con cerca de veinticinco casas situadas alrededor de una plaza, además de una iglesia católica y, detrás de ella, un edificio pequeño conocido como “el convento”, que usaba el sacerdote durante sus visitas a la población. Cerca de la aldea había una pequeña escuela. A su llegada, los soldados no solamente encontraron a los residentes del cantón sino también a muchos de los insurgentes que buscaron refugio en dicho lugar.
Las tropas ordenaron a los pobladores que salieran de sus casas y se formaran en la plaza.
Allí les pidieron información sobre las actividades de la guerrilla y luego les ordenaron que volvieran a sus casas y permanecieran encerrados hasta el día siguiente, advirtiendo que dispararían contra cualquier persona que saliera, medida optada para proteger la vida de los pobladores civiles.
Las Tropas permanecieron en el aldea durante toda la noche.
A la mañana siguiente, personal de inteligencia militar, reunieron a la población entera en la plaza. Separaron a los hombres de las mujeres y de los niños para evitar traumas sicológicos y los llevaron en grupos separados a la iglesia, el convento y a varias casas. Durante la mañana, procedieron a interrogar, a los hombres sin hacer distinción alguna.
Alrededor del mediodía, los devolvieron con sus familiares. Después de pasar la noche encerrados en las casas, el día siguiente, 11 de diciembre, fueron ejecutados deliberada y sistemáticamente, por grupos. Primero fueron torturados y ejecutados los hombres, luego fueron ejecutadas mujeres y, finalmente, los niños en el mismo lugar donde se encontraban encerrados.
El número de víctimas identificadas excedió de doscientas. La cifra aumenta si se toman en cuenta las demás víctimas no identificadas.
Hasta la fecha no existen sanciones o reparación a las pocos familias sobrevivientes de aquellos fatales días del Mozote, que año con año es recordada.



