Los estudiantes se empeñan para que sus comidas deleiten el paladar de los comensales. Foto Diario Co Latino/Josué Parada
Beatriz Menjívar
Redacción Diario Co Latino
El vaporoso ambiente es inundado por un suave olor dulzón que despiden fresas en rodajas que, salteadas en aceite, van tornándose color canela. Más adelante, unos cebollines presumen el verde inmaculado mientras son llevados a la nevera para ser cocidos bajo el método de congelación, y los chiles son cortados a velocidad por manos diestras.
Las voces, los consejos se dispersan entre rostros jóvenes que van y vienen entre recetas; un bote de pimienta va de mano en mano hasta llegar a la última cocina. En el trajín, unas pechugas de pollo se despiden del congelador para que en minutos sigan su siesta en un platón con aderezos.
Silencio es lo que menos impera en el lugar, las frituras crujen al toque del aceite y generan un ritmo melódico en las cacerolas; el ingenio y la creatividad van y vienen por montones para florecer en delicadas recetas elaboradas a base de tradicionales ingredientes, que poco a poco van tomando sazón y color en manos de los “aprendices” de cocina.
“La salsa va a darle el toque al platillo, y combinada vamos a degustar si el punto está bien o no”, son las indicaciones que resuenan en las paredes de la casa de encuentros juveniles de Santiago de María, en Usulután, y vienen de José Rodríguez, Chef instructor del curso de “Cocina profesional” al que 20 jóvenes han aplicado gracias al “Proyecto Esperanza”.
Un proyecto cuyo objetivo es impulsar oportunidades de empleo a través de talleres que incluyen componentes, no solo de formación técnica, sino de cultura de paz, formación empresarial básica y preempleo, herramientas prácticas para que los ahora estudiantes de cocina puedan lanzarse al mundo de los negocios y despeguen poco a poco una vez concluido el curso.
Joel Morán, Director ejecutivo de Instituto Salvadoreño de Formación profesional (INSAFORP), una de las instituciones involucradas en el proyecto, está convencido de que el curso cumple con estrategias que permite acceder a oportunidades más reales de trabajo. “Queremos ir más allá de lo convencional de la capacitación e integrar la posibilidad de que los beneficiarios del programa puedan insertarse productivamente, que puedan obtener un empleo remunerado o generar actividades propias de autoempleo”, afirma Morán.
El curso abarca un período de seis meses, que los once jóvenes y nueve señoritas de Santiago de María iniciaron el 25 de mayo, y que desarrollan en dos fases.
La primera, relacionada a afianzar el conocimiento teórico, y la segunda, en una práctica profesional de 400 horas a las que acceden después de los primeros dos meses de clases teóricas.
“Los preparamos en doce áreas, primero tuvieron una inducción para ver si tienen vocación, luego pasamos al reconocimiento de utensilios de cocina y manipulación de alimentos. Vimos la preparación de arroces, pastas, ensaladas, vinagretas, aderezos, carnes, aves y mariscos, cómo preparar los caldos, cremas y sopas, además del servicio al cliente. Después, pasamos al montaje de platos y vamos a terminar con las pruebas finales”, explica el Chef Rodríguez.
Mientras el Chef habla, Joni Benedicto Vásquez y José Guadalupe Vásquez sacan del aderezo las pechugas de pollo para freírlas a fuego lento, la salsa blanca que las acompañará, poco a poco va tomando consistencia.
Los Vásquez son los últimos de una familia de doce hermanos que vive en el desvío al cantón el Marquesado, a tres kilómetros de la Casa de la Juventud. Vienen a clases todos los lunes como el resto, y de miércoles a sábado hacen sus prácticas.
Sobre su familia habla Joni, quien tiene 21 años y es el último de los Vásquez. “Mi mamá hace dulces para vender, mi papá es vigilante, y de mis otros hermanos unos se han ido a Estados Unidos. Nosotros nos graduamos el año pasado del Instituto, pero no estábamos trabajando antes de esto”, explica mientras cuida que las pechugas se cocinen parejo porque deben lucir presentables para el montaje del plato.
Efectivamente, el “Proyecto Esperanza” está diseñado para jóvenes que viven en zonas sociales de riesgo, como Joni y José, que al no desarrollar una actividad productiva estable pueden caer en tentaciones ilícitas por diversos “Factores de Riesgo”.
Dentro del municipio de Santa María esos «factores» los hace enlistarse, ya sea en el tráfico de armas, venta y consumo de drogas, puntos de secuestros y maras, según la página Web de la Unidad de Drogas y Delitos Conexos del Ministerio de Seguridad Pública, o en casos menos trágicos: víctimas de la migración.
Sin embargo, vivir dentro de un municipio que presenta riesgos de este tipo, también les permite a los Vásquez y a sus compañeros de curso comprometerse con la construcción de un futuro diferente, alejado de estos factores, puesto que para los jóvenes formar parte de este curso “Superior de Cocina” no solo es una oportunidad para aprender a preparar platillos, sino de volverse un semillero de cambios positivos que impulsen al municipio como destino turístico.
Bajo esta perspectiva reciben formación para aprender lo que es el costo de un plato, cómo sacar el gasto, cómo hacer una proyección de negocios y motivarlos a que den el paso decisivo.
Y en esto los Vásquez están claros. Al terminar el curso hablan de trabajar en el área culinaria para hacerse de un capital que les permita asociarse con otros amigos y ofrecer banquetes.
Un factor de compromiso de trabajo aseguran tanto el INSAFORP, como la Fundación Pestalozzi, SWISSCONTACT, Ágape El Salvador y el equipo que trabaja en diseñar y ejecutar “Proyecto Esperanza”.
El Chef también hace su parte, desde su área e intenta incentivarlos de una manera más práctica. “Para las fiestas patronales vendimos comida, obtuvieron experiencia e imagen porque la gente los ve y los va conociendo. Estamos tratando de acompañar la teoría con la práctica para llevarlos a un nivel más profesional”, explica.
El tiempo ha transcurrido en el improvisado salón culinario en que se ha convertido la casa de encuentros juveniles, y es hora de ver como van surgiendo gloriosos platillos a base de pollo, pechugas deshuesadas, rellenas de chipilín con queso acompañadas con una exótica salsa agridulce de fresa, presumidos cebollines que siguen destacando con su verdor entre un manjar de pollo encebollado con salsa jalapeña, y los chiles cortados por las diestras manos destacan entre el pollo con salsa blanca y hongos que el grupo de José y Joni han preparado.
Los estudiantes pusieron su mejor empeño para montar el plato, la hora de la evaluación llega, el Chef dicta su veredicto inapelable: “me gustaría ver algo más para que le de altura al plato, pero vamos a ver cómo saben”.
“Nosotros hacemos una valoración muy importante y quizás el mensaje es que si queremos cambiar la realidad de nuestro país es de suma importancia la articulación de los esfuerzos encaminados a mejorar las condiciones de vida de la gente beneficiaria de las capacitaciones”, subraya el Director Ejecutivo del INSAFORP, Joel Morán, afirmación que sin duda, a José y a Joni les cambió la realidad.
La exigencia de esta rama profesional es otro de los ingredientes de los que no se eximen estos estudiantes que están preparándose para obtener no sólo un buen sabor de boca, sino para conquistar el paladar de más salvadoreños. Con ello, se forjarán un futuro exitoso, al tiempo que lanzarán a Santiago de María como un municipio de destino turístico, que tendrá como atractivos algo más que los cultivos de café y su singular clima templado: un delicioso platillo de alta cocina.



