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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
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Jueves, 29 de Octubre de 2009 / 08:48 h

Arena: Cristiani y su cuarto reich

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Oscar A. Fernández O.

Una característica fundamental de la derecha dura, la derecha halcón, es flotar en un delirio supremacista incapaz de reconocer la validez de los argumentos del otro. La derecha no perdona, se encuentra en una lucha histórica que la opone a sus enemigos, quienes deben ser reducidos a papilla por cualquier método al alcance de la mano. Esta intransigencia de “mano dura” en política ha roto, después de tantos años, lo que hace pocos días calificaban de indivisible unidad de todos los hermanos areneros.

Sus contradicciones internas por el control del partido han rebalsado y el secreto a voces hoy es manifiesto, la disidencia de un buen número de sus diputados y directores departamentales ya es de dominio público. Se han constituido en una “nueva fracción legislativa” que votará independientemente de su ex partido, según sus integrantes.

Es el reflejo de las contradicciones de la derecha que ante la supuesta amenaza del comunismo, se sigue planteando el conservadurismo y el neoliberalismo encarnado en  su expresión fascista (la del estado autócrata, el capital y la propiedad privada), como la solución ante la supuesta destrucción con que amenaza la “acción fundamentalista del progresismo y el marxismo revolucionario en El Salvador”.

Una reunión de viejos “capos” está al frente del derruido edificio de ARENA. Los ex presidentes, responsables de la debacle de la economía y la democracia, vuelven a la palestra prácticamente impuestos por la facción fundamentalista. La derecha se encuentra en una encrucijada, que por ahora no logra superar y pretende demostrarse cómo  una opción política que se auto regenera a pesar de sus tropiezos, en la búsqueda de alternativas para regresar al gobierno.

Una de las contradicciones en la ideología del capitalismo globalizado y su transnacionalización, es que no garantiza su propia estabilidad.

Ese conservadurismo radical y moralista fue inflexible y ante una corta respuesta de la oposición progresista y de izquierdas  en el ámbito político internacional, se tornó en un dogma fundamental, en una nueva religión, en una «teología del mercado» como lo afirmara en algún momento Fidel Castro, quien agrega además que, «Es hipócrita afirmar que la libertad del hombre y la absoluta libertad del mercado son conceptos inseparables, como si las leyes de este, que han originado los sistemas sociales más egoístas, desiguales y despiadados que ha conocido el hombre, fuesen compatibles con la libertad del ser humano, al que el sistema convierte en una mercancía».

La derecha cada vez es más vacilante y más confusa en el plano de las ideas; sus contradicciones son palpables en los giros que acomete y como el escorpión enloquecido, que se pica a sí mismo para calmar el dolor de sus aguijonazos, no encuentra el antídoto para contener la reacción de sus propias acciones torpes.

La corrupción intestina del sistema que crearon, el desempleo, la creciente violencia social y estatal, el narcotráfico y los delitos asociados, y la destrucción de los ecosistemas del planeta, rompen la aparente estabilidad del proyecto globalizador y su promocionado «desarrollo»; la derecha neoliberal no puede explicar que a mejor situación de la economía, peor situación para las gentes, a pesar de que maquille esta realidad, con el manejo imperial de las comunicaciones y la prensa al servicio de estos intereses, manosean vulgarmente las estadísticas.

Ahora, sus mismos representantes destapan el carácter de esta lucha intestina, que si bien no es apocalíptica, sí expresa una profunda descomposición de las derechas neoliberales que hoy parecen caer estrepitosamente junto con el monstruo que crearon “las economías de libre mercado”, en defecto de un Estado que fue debilitado al máximo, tanto que hoy tenemos que reinventarlo. Hay acusaciones mutuas entre las facciones que “descomponen” ARENA, mismas que han permanecido en silencio pero fortaleciéndose durante mucho tiempo, debido a la tozudez y abuso de poder de los grupos pudientes que lo han comandado.

Pareciera que, las cosas apuntan a un enfrentamiento entre las mafias fascistas de viejo cuño y los corruptos más nihilistas, que asaltaron al partido y prácticamente desfalcaron al Gobierno. Ambos quieren volver a las andadas. El resto está en alguna medida, con alguno de los bandos. Mientras, entre este forcejeo de bandas, la mayoría es espectadora atónita y desencantada.
En este no tan nuevo escenario, la intermediación de los partidos políticos tradicionales –o si se prefiere el monopolio de la intermediación- se ha desnaturalizado y está comprometida.

Cada vez más los partidos son vistos por la población como muros que se interponen entre el Estado y la sociedad, antes que como puentes que los ponen en contacto con las instituciones.

Crece más la sensación de que la única preocupación de los partidos tradicionales son las cuotas de poder, antes que pensar en el pueblo y sus necesidades, como si toda la atención estuviera en cómo llegar al poder, antes que preguntarse para qué.

Existe una obsoleta “clase política” que no tiene otro objetivo que su propio poder y cada vez más, el enriquecimiento personal de sus miembros y que sin duda, no hace posible la democracia, ya que cualquier intento de construir democracia puede ser destruida “desde ella misma, por el control ejercido desde el poder de las oligarquías o por partidos que acumulan recursos económicos o políticos para imponer su elección a ciudadanos reducidos al simple papel de votantes” afirma Alain Touraine (¿Qué es la democracia?)

Al mismo tiempo, insistimos, su función de representación también se encuentra seriamente debilitada. Su vinculación con la opinión pública es cada vez más conflictiva. Es como si los partidos tradicionales se han convertido en sectas cerradas, en logias de intereses, en roscas como se dice popularmente. En esa medida, los acuerdos políticos, uno de los elementos importantes de la democracia, se juzgan crecientemente, como si apenas se tratara de componendas entre grupos interesados en conservar sus privilegios.

En estos tiempos de fortalecimiento de las democracias populares, y auge de las izquierdas y el progresismo ¿estamos presenciando el derrumbe de los agentes del neoconservadurismo o frente al ressourcement del fascismo más tradicional?

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