Karen Duke1
Le invitan a ver el último partido de la selección nacional de las eliminatorias para mundial, una selección que ha trabajado y que ha tenido buenos resultados; acepta la invitación y es su primera vez en el estadio Cuscatlán.
La persona que le invita, pasa por usted dos horas antes, para estar temprano y encontrar buenos puestos, llegan al estadio y mientras hacen la cola para entrar, alguien corriendo roba su cartera e inmediatamente sale fuera del Estadio. Obviamente usted se sorprende y mientras sale de su asombro, y uno de los policías persigue al ladrón, la persona que la invito le dice “gracias a Dios solo fue el susto, estas con vida, sano y salvo”. Ante lo cual usted reflexiona sobre el nivel de delincuencia que se vive en El Salvador.
Continúa haciendo la cola, entra al estadio y lo primero que llama su atención es la grama, verde fríamente marcada en blanco para ser el lugar donde dos equipos competirán por ganar esa tarde un partido más.
Sin embargo, nota algunas cosas interesante que le ilustran el día a día de las y los salvadoreños, primeramente observa que la mayoría de gente se acomoda en graderías para ver el partido y que existen unos pequeños cuartos en la parte superior del estadio, además nota que hay varias puertas para poder entrar al estadio, acto seguido le pregunta a la persona que lo invitó ¿Por qué nosotros entramos por acá?, a lo que él responde: “existen diferentes entradas para ingresar al estadio, dependiendo de la localidad que hayas pagado, existe sol, sol preferente, sombra, tribuna, platea y unos cuantos que tienen palco” mientras le explica, usted se da cuenta que estas localidades están asignadas de acuerdo al valor que usted paga, y que se encuentran separadas por una maya metálica color amarillo para que la gente no se pase a una localidad que no ha pagado, inmediatamente se da cuenta que la mayoría no tienen para pagar platea y que una sección reducida puede tener acceso al palco, parece que la distribución de los ingresos no es tan equitativa.
Mientras espera el inicio del partido, escucha la conversación de cuatro hombres, comentando que uno de ellos que no tiene empleo y que eso les facilitó llegar temprano, mientras que otro de ellos no le tocaba trabajar ese día, porque solo trabaja 3 días a la semana, ya que la empresa así lo requiere. Le recuerda todas las estadísticas que ha escuchado y toda la gente que en el país está desempleada o es parte de los subempleados.
Se cantan los himnos nacionales correspondientes de cada país competidor, y se da inicio al partido, llama la atención que dentro de la cancha, fuera del área de juego, se encuentran policías que tienen la responsabilidad, con sus instrumentos de trabajo, de usar la fuerza en caso de ser subvertido el orden público.
Así también se encuentran personas de los medios de comunicación, quienes tienen el privilegio de contar la historia a quienes no pueden ir al estadio, el poder mediático y su relevancia en el papel de contar las historias. Se percata que hay alrededor de la cancha, siempre, fuera del área de juego, una serie de anuncios, pancartas comerciales de grandes empresas, lo que le recuerda que estas, constantemente se anuncian para que usted compre las mercancías y servicios que ofrecen, incluso algunas de ellas se les conoce como transnacionales y se les reconoce el impacto que tienen en los consumidores, incluso en aquellos que no tienen la capacidad de compra, y buscan maneras para poder comprar esos artículos que los hacen sentir justamente lo que proyectan en sus comerciales.
Termina el primer tiempo y empiezan aparecer una serie de mujeres, hombres, niños y niñas, ofreciendo “cerveza helada en vaso”, “maní con chile y limón”, “tostadas de plátano, yuca, papa, con chile, limón y sal”, “gaseosas enlatadas”, “hamburguesas” (propiedad intelectual salvadoreña) y un par de gente que ha entrado de las afueras del estadio con camisas de la selección nacional para vender al público dentro del estadio.
Es sin duda el creciente sector informal de la economía (en donde actualmente se reconoce que más del 40% de la Población Económicamente Activa se encuentra en este sector), en donde no importa sexo y edad, no hay salarios fijos, las jornadas laborales son largas, no tienen vacaciones pagadas y cuando se enferman, si no pueden pagar un doctor privado, deben asistir al Rosales, entre otras cosas que viven aquellos que se encuentran en el sector informal, aquellos que viven en la “rebusca” diaria.
Se escucha un pito que nos indica que inicia el segundo tiempo, interesante observar que además de los jugadores de cada equipo en el área de juego hay un personaje llamado árbitro cuyo papel es cuidar de la aplicación del reglamento, sin embargo, no puede decir nada porque unos jugadores sean más grandes, más astutos, hábiles que otros, mientras que no se violen las reglas explícitas. Dentro de las políticas neoliberales, se espera que el Estado también juegue un papel de árbitro en la economía donde el papel debe ser que se cumplan las reglas del juego, no importan si una de las partes se encuentra en desventaja.
El reloj del estadio marca los últimos 45 minutos y uno de los árbitros anuncia que se le concederá al partido 5 minutos extra, y es entonces cuando nos damos cuenta que no importa cuánto se enardezca el pueblo o cuanto exija un gol, los que tienen la posibilidad real de cambiar el marcador son los jugadores que se encuentran en el área de juego, los que tienen la pelota en los pies, los que se les permite jugar, en fin los que tienen el poder o a los que les hemos concedido el poder…
Los 90 minutos (un poco más con el extra tiempo) se acabaron, y la selección perdió un partido; pero la delincuencia, la mala distribución del ingreso, los desempleados y sub empleados, los sesgos en los medios de comunicación, con el impacto en consumo de las transnacionales, con un sector informal creciente… con eso hermanas y hermanos salvadoreños, con eso vivimos todos los días.



