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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
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Jueves, 15 de Octubre de 2009 / 10:17 h

El golpe de Estado de 1979 pretendía un cambio y evitar un baño de sangre

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Rodrigo Guerra y Guerra, escribió el libro «Un Golpe al Amanecer», historia del golpe de Estado de 1979, del cuál fue protagonista directo. Foto Diario Co Latino/Wilfredo Lara

Rodrigo Guerra y Guerra, escribió el libro «Un Golpe al Amanecer», historia del golpe de Estado de 1979, del cuál fue protagonista directo. Foto Diario Co Latino/Wilfredo Lara



Francisco Valencia
Beatriz Castillo
Redacción Diario Co Latino

El 15 de octubre de 1979 fue una fecha histórica para el país. La juventud militar ejecutó, con ayuda de civiles, el último golpe de Estado en El Salvador. Dos de los principales protagonistas fueron los hermanos Guerra y Guerra, uno civil, y el otro militar. El golpe, según Rodrigo Guerra y Guerra, buscaba enrumbar el país, hacia un “cambio en la estructura ideológica y económica” que parecía obsoleta bajo la administración del General Carlos Humberto Romero.

Romero asumió la presidencia del país 1 de julio de 1977, con mal pie por las acusaciones de “fraude electoral”, y tiñó de sangre lo largo y ancho del país, a tal grado de que su gobierno era insostenible.

Hoy, 30 años después, Rodrigo Guerra y Guerra, en su obra, “Un Golpe al Amanecer”, revela detalles del golpe y de personajes que participaron o que conocieron del mismo, como Monseñor Oscar Arnulfo Romero.

El autor también devela la traición de ciertos militares golpistas y el oportunismo de otros, y también describe como se fundamentó para redactar la Proclama de la Fuerza Armada, el programa de los golpistas. Sobre esto aspectos, Diario Co Latino, conversó con el protagonista de ese episodio de la historia contemporánea salvadoreña.

- ¿Qué significado tiene para usted la proclama después de 30 años?
Pues, le puedo referir algo que aparece en mi libro y que existen autores como Rafael Menjívar que escribió “Tiempos de locura” y William Stanley que escribió “El Estado que protege a las pandillas” y está en la biografía del libro, ellos hablan que ese documento es un preámbulo de los Acuerdos de Paz. En 1990, acá en el Diario Latino (hoy Co Latino) hubo publicaciones de la proclama del 15, aparecen publicaciones del FMLN, de FENASTRAS, del Comité Permanente de Debate Nacional y de la Alianza Democrática Campesina, donde hablaron de un documento que era válido. FENASTRAS dijo que si la proclama se hubiera cumplido se habría evitado el baño de sangre. Ese documento no fue preparado de la noche a la mañana, en el libro relato cómo se armó y conformó.

- ¿Usted se considera el padre de esa proclama?
No el padre, sino el autor, porque la terminé de escribir el 8 de octubre de 1979, y tengo la última versión que fue la que llevé a la casa de Román Mayorga (en aquella fecha Rector de la UCA) la mañana del 15 de octubre para que lo comparara con otros dos documentos que se tenían (se refiere al del doctor Francisco Roberto Lima y del coronel Mariano Castro Morán) y este documento lo preparé tomando en cuenta las homilías de Monseñor Romero. Además, la proclama la basé en cinco libros, entre ellos el libro “El Salvador la Tierra y el Hombre”, donde se habla del despojo de las tierras comunales allá por 1875, allí hay otro libro “El porqué de las Rebeliones”, donde habla de las razones por la que los pueblos se revelan. En el libro del “Por qué de las rebeliones” establecen un término bien interesante que se llama la “privación relativa” que es nada más y nada menos de como percibe una persona que no tiene acceso a la producción o la vida digna, con una personas que tienen mucho y entre más grande es esa privación hay muchas más prioridades de una rebelión…

- ¿La lectura de esos libros justificaba lo que estaba pasando en el movimiento social, el nacimiento de la guerrilla?
Sí. Todos sabemos que a raíz de ese despojo de las tierras comunales, donde las masas campesinas que se refugiaron en las tierras altas del país fueron desplazadas para sembrar café  y eso creaba malestar histórico porque decía “me quitaron mi tierra y ahora solo soy peón” y en eso sucede el levantamiento del 32, pero es aplacado con sangre y allí queda el fermento. Eso demuestra que los salvadoreños tienen una tendencia respetable a revelarse… cuando las condiciones no los satisfacen.

- Sin embargo, el golpe y la proclama lo que buscaban era que esa revolución no llegara a lo que llegó...
No, lo que se buscaba era evitar el baño de sangre que llegó después y, además, se estaba haciendo alianza con sectores de la izquierda. Por ejemplo, Schafik Handal le dio su aval al movimiento cuando ya estaba consumado. Handal mencionó que era algo que valía la pena apoyar.

- Esa reacción fue en apoyo al golpe, no que él participó en la planificación...
Sí, en apoyo, él no participó para nada. Cuando se da el golpe Román Mayorga, el rector de la UCA, una de las condiciones que puso fue que se tomara en cuenta al Foro Popular y en el foro popular estaban ellos.

- ¿Cuantas condiciones puso el rector de la UCA?
Tres. Una, participar si el golpe tiene éxito, la otra la depuración del ejército y la otra que se incluyera al FORO, y las tres se le aceptaron porque no había más remedio y eso lo dijo ante dos personas que estaban presente en esa reunión: Ricardo Navarro, quién era presidente de la Comisión de Derechos Humanos (ahora director del CESTA) y Jesús Delgado, sacerdote que en esa fecha estuvo muy relacionado con el ex Arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero, quién era la persona más interesada en evitar un baño de sangre.

- ¿Qué paso con Monseñor Romero, porqué no se sabía mucho de él en el proceso del golpe?
Monseñor Romero nos inspiraba a todos, yo relato como se da cuenta él de la situación, con el asesinato del padre Rutilio Grande y allí empieza a denunciar.

- ¿Avaló el golpe de Estado?
No lo avaló, fue informado y dio su apoyo espiritual. Recuerdo que en una de las reuniones decía que si era para evitar un baño de sangre, eso es lo que Dios quiere y Dios los ha inspirado a ustedes.

- ¿Cuántas reuniones tuvo con ustedes?
Tal vez unas cinco o seis. El estaba informado, pero no a nivel de que nos diera ideas o que nos apoyara. El era el hombre más respetado de El Salvador y consideramos importante que él estuviera informado, no es que era un conspirador, para nada.

- ¿En algún momento dio algún consejo?
Mi hermano René (otro de los planificadores del golpe de Estado, el principal) pensaba que en la junta que se iba a formar solo fueran civiles y Monseñor Romero por medio de Chus (Jesús Delgado) decía que en vista de la tradición histórica del país y para incorporar verdaderamente al ejercito, él pensaba por medio de la juventud militar, él no pensaba en las personas que llegaron de último a la junta como Adolfo Majano y Abdul Gutiérrez, él pensaba que, por ejemplo, mi hermano René, que en ese tiempo tenía 35 años, y otros jóvenes iban a llegar a posiciones de poder en la junta como  militares, siempre pensó que los militares deberían de estar representados. En el libro yo menciono cómo Gutiérrez es incrustado en el golpe en una forma accidental, así que Monseñor no esperaba esto, él esperaba que verdaderos jóvenes militares estuvieran integrando la junta. Siempre nos dijo que histórica del país tenía una tradición militar y por eso era importante jalarse al sector joven del ejército para que acompañe el proyecto. Pero, nosotros pensábamos que solo civiles tenían que conformar la junta.

- Usted lanzó la preocupación...
La preocupación se la lancé a mi hermano, en 1972, en Colombus, Ohio, Estados Unidos, después del Golpe en que participó Duarte, yo hice  un viaje familiar, en eso le informé cómo estaba la situación de El Salvador

- ¿Cómo nace el golpe de 1979?
Nosotros pensábamos del cambio de gobierno, pero no por un golpe de Estado. Creíamos que por la vía parlamentaria se podía lograr algo, hablamos con el presidente de la Asamblea Legislativa, Leandro Echeverría, después tratamos de acercarnos a la ANEP, por medio de un hermano nuestro, y lo que pensamos que teníamos que hacer presión porque se veía que el país estaba en completo caos, el general Romero no podía con el oficio. Cuando esas cosas fallan, entonces, en marzo es que decidimos irnos por la vía militar.

- ¿Fue idea suya?
No, en realidad de mi hermano, pero lo que pasó es que él era dos años menor que yo, pero este cambio en El Salvador lo habíamos empezado hablar desde 1972.

- ¿Crear un cambio?
Crear un cambio estructural, esa limpieza del país, tal vez fuimos ingenuos. Estábamos informados de lo que estaba sucediendo y lo que creíamos que trabajando dentro del sistema podríamos reformarlo, a través de círculos de influencia o posesionarnos, haciendo trabajo de una manera honesta. Nosotros jamás estuvimos involucrados en actos de corrupción. Nosotros no buscamos una salida revolucionaria más cuando conocíamos los métodos de Joaquín Villalobos y de Cayetano Carpio, pero también no estábamos de acuerdo con la represión que estaba ejecutando el gobierno. Queríamos cambios económicos y justicia….

- ¿Tenían confianza en el partido comunista?
Es que no hubo reuniones con el partido comunista.

- Pero les informaban...
No, no, para nada, el proyecto era secreto. El asunto sale cuando ya se toma en cuenta al Foro Popular.

- Ricardo Navarro trata de involucrar a un sector revolucionario...
Unos días antes del golpe, Ricardo, estábamos preocupados por los tanques del Regimiento de Caballería  y decidimos en detenerlos en Los Chorros (Santa Tecla), se pensaba para eso hacer una alianza con la FARN (brazo armado de la RN), pero eso se decidió abandonarlos porque podía generar temores. Además sabíamos que podíamos manejarlo.

- Usted conformó el Comité Civil y su hermano el militar, ¿cómo los conforman?
Habíamos conformado la Sociedad de Energía Solar, en 1977, la primera en Latinoamérica y no fue como un elemento conspirativo, entonces nos hacía contactarnos con diversos sectores y Ricardo Navarro tenía el Centro de Tecnología Apropiado, en la UCA, y el hacía foros, así comenzó una buena amistad, al principio no conspirativa.

Pero después hablamos con él sobre los cambios y el círculo de influencia. Después un ingeniero que trabaja conmigo, Julio Oliva, le dijimos que se necesitaba un síndico en la sociedad y pues llamamos a su papá don Julio César Oliva para que nos acompañara, él era del MNR, pero no fue por eso, sino porque su hijo trabajaba con nosotros.

Yo había sido compañero de Guillermo Salazar, en las empresas petroleras y el tenía pensamiento progresista y nosotros buscamos gente así. De allí Carlos Moreno, era vecino mío y trabajaba en la CEL, era una persona muy preparada en temas económicos y fue el que me dio varias ideas para el plan económico.

Luego Guillermo Quiñónez, un médico patólogo, lo conocí en el viaje del 1972, y el regresó a finales del 74 al país, llegó a ser presidente de la Asamblea General Universitaria, entonces por allí teníamos en el Comité Civil: a Ricardo Navarro, a Carlos Moreno, Guillermo Quiñonez, Guillermo Salazar, Julio Oliva y luego yo lo coordinaba. Cada uno aportaba sus ideas, ideas sólidas, ustedes podrán ver que se hablaba de políticas energéticas y la utilización del agua.

- ¿Por qué decidieron que fueran seis y no tres o menos o más?
Hay que buscar gente de confianza y que tuviera alguna compatibilidad.

- El Comité Militar, ¿cómo lo formaron inicialmente?
Mi hermano René, Salazar Brenes -quien después se voltió -  también estaba Román Barrera y estaba Alexander Méndez, esos dos eran los dos capitanes de artillería con los que mi hermano comenzó la conspiración militar, enseñándoles el cálculo de proyectiles… y luego trasmisiones que era clave. René tenía mucha experiencia y había sacado un posgrado con buenísimas notas en Ohio y cuando vino fue nombrado segundo Jefe del Centro de Transmisiones de la Fuerza Armada, allí hizo muchos contactos y uno de ellos fue Roberto Rodríguez Soca, quién el encargado de tomarse el centro. Allí habían solo jóvenes. La llegada de Gutiérrez fue solo dos meses antes del golpe, en agosto y fue accidental

- Antes que apareciera Gutiérrez y Majano ¿cómo habían pensado en la conformación de la junta?
Habíamos pensado en Román Mayorga, Guillermo Salazar y probablemente Julio Oliva.

- ¿No se conformó esa junta antes de ellos?
Teníamos nombre ubicados, pero incluso no les habíamos notificado.

- Entonces, pensaban en tres civiles y dos militares
Y fue donde elegimos a Majano.

- ¿Por qué Majano?
Tenía una buena imagen, de niño bien portado, era de los pocos coroneles que no eran corruptos; en realidad, pensamos que él iba a ir como una figura representativa del sector limpio y el mando militar iba estar en manos mi hermano, obviamente, porque él fue el gestor desde el principio del movimiento.

- Antes de su libro, se tenía pensado que el capitán Francisco Mena Sandoval era un actor fundamental en el proceso del golpe.
Y yo entiendo que Paco Mena era el resultado de alguna formación que se le daba a los militares, pero lo que no me parece es  que en su libro no aclara en la forma en que llegó a la junta, cómo desplazó a mi hermano de la posición que le habían dado. Yo cuando regresé, en el 90, un amigo común nos trató de reunir y organizó una reunión, y cuando le dije “mira Francisco por qué no lo reconociste”, allí se acabo la reunión.

- ¿Por qué nadie había desmentido lo de Mena Sandoval hasta hoy?
Porque no había aparecido el libro que contará la verdadera historia.

- ¿Y porqué 30 años después?
Había que esperar el momento. Este libro significa muchas cosas en estos días… además estaba ocupado en otras cosas. Pero también cuando se cumplieron los 30 años del golpe de Pinochet, salieron muchas cosas a la luz.

- ¿Eran significativo los 30 años?
¡Claro!, Además, viene después la conmemoración de 20 años de la muerte de los jesuitas, la conmemoración de los 30 años de Monseñor Romero, va a ser un periodo muy ocupado. En toda la historia del país es el momento más álgido. No ha existido un momento más álgido en la historia del país, después de 1997, allí se terminaron los gobiernos militares, desgraciadamente comenzó la guerra civil, fue un quiebre histórico y había que contar la verdad en su momento.

- Las captura ordenada contra Mena ¿no fue pantomima?
No, fue real. El 12 de octubre, es cuando el alto mando se da cuenta que el golpe ha caminado mucho porque Mena estaba haciendo bulla, entonces, decretan la captura de varios oficiales, en particular la de Mena y cuando Gutiérrez le dicen que tienen que capturarlo saca su pistola y se les escapa, se esconde en un motel.

- Pero en su libro, usted deja flotando la pregunta de porqué Mena Sandoval pone a Gutiérrez..
Son dos cosas. Primero la tradición militar, de allí que a toda costa lo de impulsar a su comandante. El oficial que no es consciente como Mena, que, además, tenía un agradecimiento a Gutiérrez. Porque el hermano de Mena que murió ahogado allí por el 90’s y trabajaba en el Banco Cuscatlán, y ese empleo se lo consiguió Gutiérrez. Pero después se arrepintió, cuando Gutiérrez lo quiere capturar y él se tiene que ir a esconder.

Llega la noche del 15 al cuartel San Carlos todo agitado, es mas, ese día en la mañana había citado a Román Mayorga como a las 5 de la mañana porque las cosas no iban a salir como habían pensado y después él (Mena Sandoval) recapacitó porque cómo era posible que el tipo que él promovió para la junta lo quería capturar y después Gutiérrez quiere neutralizarlo.

- ¿Cómo se eligen la fecha del 15?
Se elige el 12 de octubre, resulta que ese día que se da cuenta el presidente del detalle, decidimos reunirnos en mi casa y esa tarde nos reunimos con Román; René se encargo de contactar a Majano y a Gutiérrez para la reunión para ver que se hacía porque ya querían capturar a varios, pero curiosamente no habían decretado la captura de René. Entonces, esa tarde se decide el lunes 15, cuando los sargentos están desarmados y eso era clave.

El momento era que todos estuvieran desayunando, fue como una película, muy sincronizada y muy bien organizada. Ese plan lo organizó Majano y mi hermano, ese plan existe…, pero fue una cosa muy bien organizada porque solo hubo un muerto, en San Miguel.

- Después de dos meses y medio las cosas cambiaron, y la junta del golpe fue desplazada..
Sí, fue lamentable. Poco a poco el grupo militar alrededor de Gutiérrez, García, Vides Casanova y Carranza.

- En un inició, en el plan se manejó que después del golpe se sacarían desde los mayores hacia arriba.
Desgraciadamente, con la incrustación de Gutiérrez, esa gente sobrevivía, entonces, se lograron sacar unos 50 tenientes coroneles.

- ¿Dónde estuvo usted, durante la guerra?
Exiliado, en California.

- ¿Por cuanto tiempo?
Casi 10 años, regresé a fines del 89, para la ofensiva, pero no estaba informado para serles sincero.

- ¿Su hermano siguió en la milicia?
No, a él le dieron baja deshonrosa en el 80 y esa es una reparación que tendrían que hacer, él esta fuera del país, no quiere saber nada de eso, sufrió un descalabro emocional por el fracaso y la guerra que vino.

- 30 años después de vivir el golpe, ¿cómo visualiza estructuralmente El Salvador?
Que todavía tenemos cosas pendientes.

- ¿Cuál es el mensaje para los militares, para el pueblo salvadoreño y para el gobierno?
Es uno de los objetivos de libro, primero se tiene que decir la verdad y segundo que aprendamos de nuestros errores. Yo mismo reconozco que cometimos errores. Esos son los dos objetivos. Que sepamos además documentar la verdad, con hechos.
 
- ¿No se arrepiente de haber participado en ese proceso?
No, no, lo único que lamento es que no pudimos evitar la guerra. Pero, cuando uno está en una situación tiene que hacerlo lo que concientemente y moralmente tiene que hacer. En mi libro, en el epígrafe, digo “ser o no ser, esa es la pregunta, si es noble para el espíritu sufrir los golpes y tormentos de la vil fortuna, o tomar las armas en contra de un mar de problemas, y haciéndoles frente ponerles término”, son palabras inmortales por eso las puse de epígrafe.
Nosotros estamos en el escenario.

- ¿No se arrepiente entonces?
No, me arrepiento del resultado, y de los errores. Pensamos que todos iban a ser éticos.

- Hoy en día podría repetirse un golpe
No, no, creo...

- A pesar de lo que pasó en Honduras...
Me preocupa que se hable del llamado de la Fuerza Armada, para que participe en la seguridad, porque en aquellos años se decía que el día que nos marchemos los civiles nos van a rogar, y leí a Munguía Payés, de la disposición de los soldados y eso puede ir creando aquel fantasma.

- ¿Es una mala señal?
Uno tiene que poner orden, y trabajar todos, en el gobierno hay gente capaz, no podemos andar apagando incendios… y ahora vienen esos llamados.. ojo con eso porque el ejército ha respetado los Acuerdos de Paz, pero por allí pueden empezar a salir apetitos.

- No es buena idea de llamar a la fuerza Armada
No, creo que organizando (a la población) se puede trabajar bien.

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