NARRADORA: En la China imperial, los mandarines se dejaban las uñas largas, larguísimas, para mostrar que sus manos nunca habían trabajado.
CHINO: Un mandarín no hace labores manuales. Eso es cosa de la gentuza.
NARRADORA: Los filósofos griegos entendían que un hombre libre no se rebajaba a trabajar con sus manos. Eso era tarea de mujeres y esclavos. Aristóteles lo explicaba así:
ARISTÓTELES: Los trabajos manuales carecen de nobleza y oprimen la inteligencia. El trabajo manual corrompe al hombre porque mezcla el cuerpo material con el alma espiritual.
NARRADORA: Cicerón y los senadores romanos heredaron de los griegos el desprecio hacia el trabajo manual. La misma palabra “trabajo” viene del latín “tripalium”, tres palos, el yugo en que amarraban y azotaban a los esclavos.
ROMANO: Un ciudadano romano no se ensucia las manos trabajando.
NARRADORA: En la cultura judía, el trabajo es visto como consecuencia del pecado original.
DIOS: Por haber comido del árbol que te prohibí, maldita será la tierra. De ahora en adelante, comerás el pan con el sudor de tu frente.
NARRADORA: Los teólogos cristianos entendieron que el trabajo era un penoso castigo por la desobediencia de Adán.
NARRADORA: La nobleza española vio la agricultura y el trabajo manual como un oficio vil, tan vil que...
HIDALGO: No, no y no. Aunque muera de hambre, no me rebajaré a trabajar. Señora, ¿dónde están los palillos?
NARRADORA: Muchos hidalgos arruinados no tenían ni para comer. Pero salían a la calle después de la hora de almuerzo con un palillo escarbándose los dientes para disimular ante los vecinos...
LOCUTOR: ¡Qué equivocados estaban los mandarines chinos y los filósofos griegos y los senadores romanos y los teólogos cristianos y los hidalgos españoles! ¡Qué ignorantes!
LOCUTORA: Porque fueron las manos las que desarrollaron el cerebro.
LOCUTOR: Fue el trabajo manual de nuestros antepasados, fabricando hachas de piedra para cazar y agujas de hueso para coser, lo que permitió la aparición de la inteligencia en la especie humana.
LOCUTORA: Primero fueron las manos y luego vinieron las ideas.
LOCUTOR: Una palma y cinco dedos: lo más humano de lo humano.
LOCUTORA: Mira tus manos, acaricia una con otra. Bésalas. Y recuerda:
LOCUTOR: Nos hicimos hombres y mujeres gracias a nuestras manos.



