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El Salvador, Domingo 12 de Febrero de 2012
Última actualización : 30/08:16 h.

Jueves, 10 de Septiembre de 2009 / 09:22 h

Los honrados

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Por Juan de la Cruz Martínez
Para Trazos Culturales

A propósito del editorial del Diario Co Latino del martes 18 de agosto de 2009, refiero lo siguiente:
Hace ya cerca de tres décadas, me entregué a la tertulia con un muchacho repartidor de El Diario de Hoy mientras la máquina completaba el tiraje. La tardanza se prolongó, dándonos oportunidad de hablar sobre muchas y variadas cosas, sencillas y corrientes, como qué película le gusta… qué teatro te gusta más… te gusta aquella muchacha… sobre las personas serias… las sonrientes… las que no les gusta hablar… así llegamos a referirnos a la buena y mala conducta de las personas, a la prepotencia de la mayoría de los que tienen poder económico.

El muchacho tenía su inclinación a la secta evangélica, en eso no coincidíamos porque yo fui y soy católico, quizá por ese contraste, él, joven y fuerte físicamente, se sentía contrariado y por alguna razón defendía a capa y espada la actitud grosera de los poderosos contra los humildes. Yo no vi la razón del enojo, pero él ya no quiso seguir platicando, dejando en mi oído esta pobre idea: te guste o no te guste, si no fuera por los que tienen dinero no comiéramos.

Poco tiempo después, mientras yo en la calle, de pie, me tomaba un refresco, se acercó a mí el mencionado muchacho y… ¡caramba, ¡qué aspecto tan deplorable! ¡Todo él ensangrentado! Camisa y pantalón con muchas roturas, grandes y pequeñas, manando sangre de sus costillas, de sus manos, muslos, piernas y pies.

– ¿Cómo te ha sucedido eso?

– Te voy a contar, pero antes quiero decirte que tenés toda la razón sobre lo que platicamos aquel día. Oime, a las seis de la mañana terminé de repartir, afortunadamente fue el último ejemplar, que dejaba cuando me sucedió esta desgracia, de lo contrario habría dejado el manojo de diarios abandonados en la calle. Esa residencia donde llegué, como las demás, está protegida por muros formidables, ventanas con balcones bien hechos, puertas y portones con buenas chapas, vigilantes con buenas armas de fuego. No conformes con esta defensa, tienen perros muy bravos.

– ¿Los perros andaban en la calle?

– ¡No hombre! Cuando llegué la dueña, todavía en traje de dormir, ya se había levantado, estaba en su corredor, situado a una altura como de metro y medio, con los brazos cruzados, apoyados en la verja, mirando hacia lo que tenía enfrente. Quise abrir la puerta, entrar, entregarle el periódico en su propio lugar, cuando me di cuenta que a pocos metros de la puerta estaba echado un perro chato y gordo. Me detuve, alargando mi mano con el diario enrollado para que la señora bajara a recibirlo. Contrariando mi actitud defensiva, me dijo con visible disgusto: “entrá, pasá, no seas cobarde, el perro no hace nada”. Obedecí, entré, pasé a un lado del perro, y en verdad, no me hizo nada.  Entregado el periódico, regresaba tranquilo hacia la puerta, cuando sentí en mi pie la primera mordida. Sin tener nada en mis manos para defenderme, decididamente no tuve más remedio que acometer con mis manos y pies. Bien mordido, como ya estaba, pude darle fuertes patadas y en la lucha cuerpo a cuerpo, le doblé la pata, no sé si se la quebré, el caso es que se quedó quieto. Entonces la señora me gritó: “¡mirá lo que has hecho con mi perro! ¡Ahorita informo a la empresa! ¡Mañana no vayas a venir, que no te vas vivo, hijo de puta!”

– Andá a la clínica –, le dije a mi amigo –y después a la empresa, tal vez te reconozcan algo.

– De allá vengo –me contestó– me quitaron el trabajo, me dijeron que me porté muy mal, que la señora es buena suscriptora que paga anticipadamente la suscripción anual y se  publican, durante todo el año, varios anuncios. En casos así los suscriptores tienen la razón.

De manera que mi amigo repartidor quedó doblemente mordido: por el perro y por la empresa.
Esas “personas honradas” pueden matar y saben que no tienen castigo.

¡Qué lejos están los violentos de aquel alto concepto que encontré entre las páginas de mi libro de lectura!: ¡Ama la vida, respeta la vida!

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