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El Salvador, Jueves 23 de Mayo de 2013
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Miércoles, 02 de Septiembre de 2009 / 10:04 h

El Salvador: un país democrático, pero sin equidad de género en la política (Segunda entrega)

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En las aulas de los centros escolares puede evidenciarse que la tasa de inscripción de niñas y niños es equilibrada. Foto Diario Co Latino/Roberto Márquez.

En las aulas de los centros escolares puede evidenciarse que la tasa de inscripción de niñas y niños es equilibrada. Foto Diario Co Latino/Roberto Márquez.



Soraya Canales
Redacción Diario Co Latino

Dificultades culturales y sociales
Como muchas actividades cotidianas en el país, la política es un área que todavía no es vista como apta para la mujer y son interpuestas muchas dificultades en sus vidas para poder aspirar a un importante cargo.

“La política de una manera u otra nunca ha sido un tema de mujeres, no lo han visto así las mujeres y no lo han visto así los hombres, y continúan tanto los hombres como muchas mujeres pensando que ese es un tema de hombres”, manifiesta la ex Vicepresidenta de la Repúblcia, Ana Vilma Albanez de Escobar, y aclara que todo puede cambiar en la medida en que la población piense diferente.

Pero ese pensamiento diferente debe inculcarse desde el seno del hogar, trasladarse a los centros educativos y a la sociedad en general para que apoyen y acepten los aportes que la mujer puede dar al país. Todo esto se logra a través de la educación.

“Todas las mujeres tenemos la obligación de sumarnos de una manera u otra a hacer país”, enfatiza de Escobar. Asimismo, dice que hay mucho por hacer en los partidos políticos y en la reeducación de las mujeres.

“La política tradicionalmente ha sido vista como un tema de hombres y debe irse ampliando… sólo si eso se logra se tendrá una verdadera democracia en el país”, enfatiza.

Las mujeres históricamente han sido relegadas sólo a las actividades del hogar y con mucho esfuerzo han logrado prepararse académicamente, pero aún en este espacio no logran obtener los puestos y oportunidades que se merecen.

Esta teoría es reforzada en el “Cuaderno sobre Desarrollo Humano”, de 2004, que establece que “la asignación del tiempo dentro del hogar, especialmente de las horas de trabajo dedicadas a labores que no son remuneradas” es llevada a cabo por las mujeres.

Según este estudio, en el país, el trabajo doméstico es realizado principalmente por las mujeres y menos de un 1% de los hombres participan en esta área.

El informe añade que el trabajo doméstico no es remunerado hacia las mujeres ni ofrece prestación alguna, más bien, las hace dependientes y les reduce la capacidad en la toma de decisiones en su hogar.

Ya en el ambiente académico, muchas veces la tendencia continúa, pues como dice Marlene Lozano, Directora del Centro de Estudio de Género de la Universidad de El Salvador, los maestros son formados desde un ambiente de no equidad y esto es trasladado a los estudiantes. De esta forma, sigue el círculo vicioso que no deja prosperar los múltiples esfuerzos por la igualdad de género.

Es por eso que esta universidad, junto al sector estudiantil, están trabajando por construir una cultura de género. Para ello, realizan una serie de talleres con la finalidad de fomentar el equilibrio de oportunidades entre los hombres y las mujeres.

Gloria Salguero Gross, exdiputada de ARENA, dice que el principal problema tiene que ver con el patrón cultural y la educación.

La también ex Presidenta del Órgano Legislativo, expresa que esta percepción puede ser superada, ya que la mujer tiene toda la capacidad para tomar de decisiones y eso lo demuestra desde el hogar.

“El reto es grande, hay que cambiar ese patrón cultural a través de la educación, demostrando que un mundo mejor sólo se puede tener cuando hay integración de hombres y mujeres”, apuntó Salguero Gross.

La perspectiva en El Salvador no es muy alentadora, considerando que como país no se logra avanzar en el desarrollo humano. Según los datos proporcionados por la organización América Latina Genera, El Salvador “se encuentra en una ubicación cada vez más precaria en la escena mundial con la posición relativa 101 entre 177 (con un valor de 0,729)”.

Estos datos los confirma el Informe Sobre Desarrollo Humano Mundial 2006, que ubica a El Salvador en la categoría de países con desarrollo humano medio.

En este mismo estudio se detalla que la tasa de alfabetización de la mujer es menor en 5.5% que la de los hombres, pero la matrícula combinada es de 65.4% para los hombres y de 64.3% para las mujeres, lo que significa que la brecha en el acceso a estudios ha disminuido entre ambos géneros.

A pesar de la alta tasa de inscripciones a centros de educación, la participación de las mujeres en puestos ejecutivos aún tiene índices muy bajos, no más del 35%, según el Informe Mundial de 2005 y 2006.

Incluso, con la preparación académica de la mujer, los ingresos económicos todavía no alcanzan la remuneración adecuada según su asignación, en comparación con el hombre.

Por su parte, la diputada Nidia Díaz, del partido FMLN, y Vicepresidenta del Parlamento Centroamericano (PARLACEN), considera que los factores que intervienen “tienen que ver con la superación del auto centrismo, la visión del mundo a través de los hombres, el machismo y el patriarcado”.

Díaz insiste en que hasta que se acabe esta forma de vida, la mujer podrá tener el espacio en la sociedad que se merece y que se va ganando a pulso.

La dificultad entonces radica en que en El Salvador, la política se ve a través de los ojos del hombre, aunado a que las mujeres que han llegado a altos cargos no tienen la visión de igualdad y equidad y no defienden los derechos de la mujer como debería ser, según la diputada Díaz.

La aspiración de las organizaciones femeninas y las mujeres que están en la política, es que más mujeres se integren en los espacios de poder públicos y administrativos. Además, le apuestan a cambiar la cultura que insiste en que la mujer permanezca en casa y que cuando haya que elegir entre hombres y mujeres se valore la capacidad real sin prejuicios.

De acuerdo al libro Proceso Electoral 2006, de la organización feminista “Las Dignas”, en El Salvador existe un “techo de cristal” que niega el paso a quienes pretenden el ejercicio político de legislar y gobernar y sigue siendo una práctica predominantemente masculina.

En el país hay mucho por hacer, la encuesta realizada por el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP), en febrero de 2006, refleja que la población necesita más sensibilización y promoción ante el trabajo político de las mujeres, ya que a pesar de que un 63% apoya la participación femenina en la política, un alto porcentaje considera que el hombre es mejor líder político que la mujer.

Pero también hay que analizar los espacios que le son otorgados a las líderesas políticas en los medios de difusión para conocer la ardua labor que realizan desde sus cargos.

El documento “30 años de democracia ¿en la cresta o en la ola?” contempla cuatro áreas que son los mayores obstáculos para la mujer en la política. La primera establece que los partidos políticos en algunos casos son “porteros de la representación”, ya que en sus manos está el postular o no a mujeres para una campaña política, pero indica también que éstos pueden ser promotores de liderazgos.

A este obstáculo se agrega que existe “El mito ´no hay mujeres´”, basados en una investigación del Instituto para la Democracia y Asistencia Internacional (IDEA), realizada en 2007, sobre esta frase y que reveló que en Latinoamérica la gran mayoría de partidos políticos no tienen estadísticas de la militancia femenina en sus filas. Sin embargo, aún sin datos específicos, las instituciones políticas están conscientes de que las mujeres representan entre 40 y 50% dentro de sus filas. Por lo tanto, esta tesis sólo demuestra que hay mujeres trabajando dentro de los partidos políticos, pero no son tomadas en cuenta para aspirar a puestos importantes dentro de la misma cúpula partidaria y mucho menos para postularse como candidatas a ejercer como funcionarias del Estado.

También se incluye la tesis de que a “más poder, menos mujeres”, ya que a pesar de que el sector femenino ha logrado instalarse, con mucho esfuerzo, en altos cargos políticos, no se ha logrado promover mayor participación y apertura de espacios en todos los ámbitos de la sociedad.

La segunda consideración es: “Mujeres, política y dinero ´lagunas´ en el financiamiento público”, pues las mujeres tienen menores ingresos en comparación a los hombres y la existencia de una visión denominada “pobreza con rostro de mujer” le dificulta integrarse a los espacios públicos y el desempeño político.

El tercer factor mencionado en este informe es: “Presencias y ausencias de las mujeres en los medios de comunicación”, pues es conocido que los medios determinan la agenda y los actores de la escena política y muchas veces dejan de lado las noticias generadas por el sector femenino y se enfocan sólo en el trabajo del hombre, dándole mayor protagonismo. Incluso, hay muchos medios de comunicación que no tienen una política de género en el tratamiento de la información.

El último obstáculo se refiere a: la “opinión pública y la resistencia a la igualdad”, ya que en la región tradicionalmente se ve a la mujer en su función de reproducción, lo que se relaciona a la dificultad de integrarse a la vida laboral y productiva, afectando con ello la posibilidad de la participación política.

El Latinobarómetro, en la edición de 2004, destacó importantes resultados en cuanto a la participación de la mujer en la vida política. Ante la pregunta “¿es mejor que la mujer se concentre en el hogar y el hombre en el trabajo?”, las respuestas muy de acuerdo y de acuerdo se pudo observar en más del 40% de los ciudadanos en 11 países.

A pesar de que la mujer está elevando sus niveles educativos, continúa abriéndose campo en el mercado de trabajo y participa activamente en los partidos políticos, aún no logra incorporarse igualitariamente en las plazas de elección interna y peor aún en los registros electorales.

Contando con todos estos datos, no se puede obviar que la mujer históricamente ha estado expuesta a la exclusión social y que el camino a la política, como en otras áreas, será lento.

Las cuotas no son la solución para mayor participación
Mujeres con un rol importante en la vida política nacional coinciden en que las cuotas “no son una salida mágica” para asegurar la participación protagónica de las féminas en la política, pero que es un buen punto para iniciar con este importante esfuerzo.

Las cuotas tienen como finalidad principal igualar las condiciones de acceso de las mujeres a los espacios de toma de decisiones y elevar la representación de éstas en la política.

Sin embargo, en la Asamblea Legislativa salvadoreña no se observa que se le de importancia a la discusión de este tema, es por ello que la Asociación de Mujeres por la Dignidad y la Vida, como otras organizaciones nacionales en pro de los derechos de las mujeres, exigen a dicho Órgano retomar la propuesta de Ley de la reforma al Derecho 417, relativo al Código Electoral, con el cual se garantizaría la inclusión de un mínimo de 40% de mujeres en las planillas electorales.

La también ex diputada, Celina Monterrosa, dice que las cuotas deberían convertirse en una ley que se vea reflejada en el Código Electoral, pero aclara que “no es suficiente, por los aspectos culturales de nuestro país”. Agrega que se debe trabajar mucho en la formación del liderazgo de las mujeres y su participación.

La diputada Nidia Díaz, una de las impulsadoras del proceso de paz en El Salvador, asegura que es importante establecer un piso de participación de mujeres y hombres en los organismos políticos, sin embargo, insiste en que no bastan las cuotas.

_Díaz está de acuerdo en que debe haber un piso de participación, no menor al 40% en los organismos públicos.

Según la también diputada del PARLACEN, el Partido al que pertenece estableció, desde hace más de 15 años, en sus estatutos, una participación no menor de 35% de mujeres en los cargos de decisión de dicho organismo, candidaturas y cargos públicos, lo que permite una importante participación femenina en las filas de este instituto político.

_La diputada pone como ejemplo el organismo centroamericano al que también representa (PARLACEN), ya que a pesar de no tener una ley de cuotas de participación establecida, las mujeres tienen un rol protagónico.

Así, por ejemplo, en la bancada nacional, donde hay 20 integrantes, 6 son mujeres, según comentó. En la junta directiva hay equidad ya que está conformada por 6 mujeres, incluida la Presidenta y 6 hombres. “No llegaron por cuotas, así que no es necesario establecer una cuota”, enfatiza.

Lo ideal para estas lideresas entonces es que se apruebe una reglamentación que exija la aplicación de la ley y que existan entes que vigilen su cumplimiento. Ana Vilma Albanez de Escobar también ofrece otra recomendación: “estoy convencida que la iniciativa de las cuotas por sí solas no vienen a favorecer a que las mujeres tengan más espacios de participación. Cualquier medida que sea obligatoria debe acompañarse de estimulación a la participación de la mujer y que la empodere”, afirma la ex Vicepresidenta de la República.

Sin embargo, no se dan las condiciones igualitarias de estimulación, aunque en El Salvador se ha logrado la matrícula igualitaria para niños y niñas, es difícil lograr la distribución equitativa de los recursos, a veces desde el hogar, así como igualdad de oportunidades y el reconocimiento a la labor realizada por la mujer en la sociedad.

De acuerdo a experiencias internacionales, la ley de cuotas tampoco ha sido la solución a este tema, ya que países como Brasil que ha aprobado una ley similar, estableciendo un 30% de participación, sólo ha logrado un 8%, muy por debajo de la ley indicada. Caso similar se observa en Ecuador, donde a pesar de tener una alta participación de las féminas en la política con un 25%, no logra alcanzar el 50% exigido en su ley nacional.

El primer país en adoptar las cuotas fue Argentina. En 1991 estableció un 30% como mínimo de participación de la mujer en las listas de candidaturas. Cinco años después siguieron este importante ejemplo Costa Rica, México y Paraguay. Al año siguiente, en 1997 también se sumó Bolivia, Brasil, Ecuador, Panamá, Perú y República Dominicana. En 2000 Honduras también estableció su propia ley de cuotas.

Ecuador y Costa Rica son los países latinoamericanos que tienen la más alta reserva de puestos para las mujeres en la política con 50% y 40% respectivamente.

Este avance histórico en la región fue sustentado en la aprobación, en 1979, de las Naciones Unidas contra la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), la cual dio paso al establecimiento de la temática de la desigualdad género en las agendas llevadas hasta los organismos internacionales.

Pero el tema de las cuotas fue tratado casi 20 años después de este importante suceso. En 1995 en la IV Conferencia sobre la mujer celebrada en Beijing, se aprobó la Plataforma de Acción para legitimar en la región las cuotas electorales con la finalidad de apoyar la participación de la mujer en los cargos públicos y de poder.

Ahora, con 12 años de la aplicación de las cuotas en la región se puede observar que hay una evolución significativa en la igualad de género en la política, aunque sólo se ha avanzado la mitad de la meta propuesta, según el recuento global, la cifra es mucho mayor a la que existía antes de exigir a través de la ley la paridad.

Cabe destacar que no en todos los países ha funcionado de la misma manera la aplicación de esta ley y que en algunos casos la representación establecida está muy distante de la real en los parlamentos y gabinetes.

Por lo tanto, el Instituto Internacional por la Democracia y la Asistencia Electoral a través del informe “30 años de democracia ¿en la cresta o en la ola?” recomienda que “la cuota debe ser vista como uno de los mecanismos –no el único- para lograr una mejor participación: debe ser un medio y no convertirse en un fin en sí misma”, establece.

Aún con todas las “trabas” que instaura la misma sociedad, hay que resaltar que la participación igualitaria es parte de la democracia de cualquier país y que la democracia verdadera se alcanzará cuando haya una participación mixta paritaria en los cargos de poder.

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