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El Salvador, Viernes 10 de Febrero de 2012
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Miércoles, 19 de Agosto de 2009 / 09:09 h

El espiritismo en la educación (1)

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René Martínez Pineda
(Coordinador General del M-PROUES)*

En el centro escolar de Oratorio se apareció el demonio… el demonio de la ignorancia bestial, que no está emparentado, por cierto, con las tradiciones culturales que dan cuenta de la historia y la identidad. Cuerpos en trance, miradas extraviadas, bocas babeantes, puteadas litúrgicas, manos de pandereta, gritos orgásmicos, frentes supurando, sudores escatológicos… la ignorancia dándose un festín medieval con el cuerpo; el telenoticiario haciendo de las suyas con la razón y pervirtiendo la información, todo ello con la venia (lo deduzco de las afligidas declaraciones dadas por unos maestros) de quienes fueron mandados ahí, expresamente, para luchar a muerte contra la ignorancia. Para controlar al cuerpo y domar a la mente, en las culturas han sido una constante las ideas de las entidades irreales que se vuelven reales -sin llegar a serlo, en verdad- por el efecto que provocan en el comportamiento humano.

Entre esos irreales están los queridos fantasmas que nos ayudan a soportar la muerte de los seres queridos; y los demonios que regresan al mundo de los vivos a causar pestes y lanzar maldiciones, según pregonan los charlatanes de la dictadura del diezmo prolífico que se justifica en las amenazas proféticas y se garantiza bajo la forma de dinastías.

Incluso una rebuscada etnografía del cuerpo nos indicaría que éste –como metáfora del sufrimiento o pleonasmo de la inseguridad, en tanto se construyen en él una serie de figuras innecesarias, o irreales, para que tenga un sentido completo su vida- es un laberinto sin centro, pero, ello no implica que debamos sucumbir a la ignorancia, olvidando los aportes dados por la: filosofía, historia, antropología y literatura (con Octavio Paz) pues, con ellas logramos develar el fraude de los vivos que hacen uso de los muertos. Partiendo de ese referente, se llega a la conclusión de que las posesiones vocingleras y los demonios de carne y hueso son formas de, por acá, implorar el afecto y atención de los padres o maestros; y, por allá, de darle legitimidad y dinero a las iglesias reaccionarias.

En tal sentido, la posesión demoníaca es la metáfora que se escribe en el cuerpo para no darse por enterado de la realidad, o para negarla. En su construcción participan factores físicos, sociales y culturales; su mensaje es, así, un símbolo, una subjetividad materializada que nos indica que algo anda mal en la carne y el espíritu; al mismo tiempo denuncia que algo anda mal en el contexto social y en la cotidianidad familiar.

Parece mentira que, en el inicio de un nuevo siglo y un nuevo milenio, el espiritismo más oscurantista se apodere otra vez de las aulas, poniendo a la sociedad en una particular encrucijada.

Por un lado, una sociedad construida sobre la racionalidad moderna que llega, incluso, a definirla como “sociedad del conocimiento”; por otro, un conjunto de manifestaciones mágico-religiosas que se erigen sobre la ignorancia y el fanatismo envalentonados, pues, la derecha religiosa se ha tomado las aulas. Como es notorio, estamos frente a una crisis de sociedad en ambos campos, tanto de la vida material como espiritual que, en nuestro caso, abarca las relaciones económicas, la desigualdad, la pobreza, los conflictos políticos y generacionales, la seguridad ciudadana y la mutilación de la cultura.  

Amañando esas crisis de sociedad, se constata una labor de vulgaridad radical por parte del segmento “Noticias 4 visión” que deja como un juego de niños lo que conocemos como amarillismo, junto con un notable incremento de lo mal-espíritu en sus múltiples modalidades y expresiones. Han emergido nuevos métodos de reclutamiento religioso que han llegado, irónicamente, hasta los recintos universitarios, violando el derecho a una educación laica y autónoma, poniendo en peligro la formación científica y la conciencia social y proponiendo tesis de vuelta a los orígenes instintivos, es decir a las concepciones primigenias.

Este fenómeno, comprobable en varias áreas culturales, halla en El Salvador un lugar propicio cuyo carácter excepcional está dado por la carencia extrema y el bajo nivel de escolaridad real -tal como en los primeros años de la Colonia- poniendo de nuevo en riesgo la propia identidad, ya que no se trata en muchos casos de reacciones populares, de corte cultural, en busca de soluciones a viejos y no resueltos problemas.

En contextos de crisis de sociedad, se constata un reavivamiento espiritista no sólo a nivel cuantitativo (aumento en la asistencia a iglesias lucrativas, uso de códigos mágico-religiosos, proliferación del satanismo y diezmos tan salvajes como voluntarios entre la gente) sino también de otra naturaleza, como la ampliación del espacio social de las instituciones eclesiales (eso lo vimos en las pasadas elecciones), la mayor intervención en la vida social controlando los cuerpos-sentimientos, y la intensificación artificial de la vida religiosa del creyente, sin llegar a desplazar al fútbol, claro está.

Pero, en lo que a las ciencias sociales se refiere, un abordaje desprejuiciado y realista constituye no sólo la clave científica para la descripción de la problemática, sino también para descubrir las implicaciones de tales fenómenos, y descifrar su capacidad de intervención en las relaciones sociales de cara a combatir el oscurantismo moderno.

No hay dudas de que en las diversas fuentes sociológicas dedicadas al estudio de la religión, se ha presentado lo que se llama “mito iluminista de la secularización”, que más que en una postura ficticiamente antirreligiosa, tiene sus causas en la idea heredada del positivismo y el racionalismo cientificista que, hipócritamente, concibe el camino hacia la soberanía de la razón, el progreso ideológico y la libertad del hombre, en la expansión de la ciencia y la educación (y otros de sus relatos seculares) así como en su necesario enfrentamiento a la religión y la consiguiente desaparición de esta última. Pero, ese perfil ficticiamente antirreligioso es el que ha generado pocos avances al respecto, y ha convertido tales fuentes en una forma de religión teórica.

La comprensión de la secularización desde las ciencias sociales –tema de debate universitario que retomará el M-PROUES- es un concepto multilateral, o sea un proceso que actúa por múltiples flancos: a nivel macrosocial (laicización), a nivel institucional (cambio religioso) y a nivel individual (compromiso religioso).

*renemartezpi@yahoo.com

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