Mariano Ramírez
Con la velocidad del rayo, la emisora que había acompañado positivamente la campaña electoral del actual Presidente Mauricio Funes, se convirtió en el medio más opositor y cuestionador del joven gobierno del FMLN. De un día para otro, el periodista que había realizado la epopeya de derrotar en las urnas a la derecha, después de cuatro mandatos constitucionales sucesivos, se convirtió en un enemigo a combatir para la Radio Cadena Mi Gente.
Su propietario, el pastor Chamagua, residente en los Estados Unidos en los últimos 30 años y quien ahora se presenta como “el redentor” de este sufrido pueblo, ha pasado a tener un alto protagonismo en una función que, cuanto menos, se puede calificar de insólita: la de víctima.
En efecto, los locutores de turno preguntan a la gente si vamos a dejar que al pastor el suceda algo. ¿Qué puede sucederle al pastor? ¿Algún peligro lo amenaza?, ¿alguien lo persigue? A propósito de amenazas, nunca quedó aclaró lo de las amenazas que Chamagua denunció a principios del 2008.
De dónde provenían y cuáles las razones. Siempre quedó la duda de por qué el pastor Chamagua, nunca presentó pruebas y se negó a interponer la denuncia ante la Fiscalía y optó por el escándalo público.
Si se da entender algo semejante, sobre lo que ahora se dice en la misma radio que podría sucederle al “hermano Chamagua”, es porque se supone que de parte del joven gobierno de izquierda puede generarse algo que amenace o ponga en peligro al autoexilado pastor. No creo que nadie en su sano juicio comparta tamaño disparate.
Es difícil imaginar qué es lo que ha llevado al pastor y su emisora a tomar una posición que ni las de corte derechista tienen. Es que cada día su audiencia es invitada a expresarse en contra del gobierno, del Presidente Funes y de algunos de sus ministros y funcionarios. Incluso se ha recurrido a las ofensas, insultos y falta de respeto a diario.
Cabe una reflexión al respecto. La confusión entre el universo recortado que alcanza un medio de comunicación con sus mensajes y “el pueblo” –categoría que abraza a todos y cada uno de los habitantes del país- es el fruto de la falta de método y rigurosidad. ¿A quién creerle: al pastor que juzga en nombre “del pueblo” al gobierno o a las encuestas de opinión, que coinciden todas en dar al Presidente Funes una adhesión de más del 80%?
A todas luces, cuando tres o más casas encuestadoras coinciden en datos de tal magnitud es imposible no aceptar que sus resultados reflejan acertadamente la realidad. En el caso de los juicios del pastor y su personal radical hacia el gobierno del FMLN se trata de eso: juicios de valor, propios de los pensamientos antidemocráticos y autoritarios.
“La gente está indignada”, dicen de pronto. ¿Qué gente? Son algunos llamados telefónicos de oyentes que responden a la incitación pastoril. Esa categoría “la gente” –una vez más: confundir a un recorte minoritario con las grandes mayorías populares- no se les cae de la boca. Tales recursos sólo son comparables con los más recalcitrantes medios de la derecha ortodoxa.
Es una constante de ciertos sectores radicales en América Latina actuar en contra de los movimientos populares y progresistas. En nombre de posiciones radicales, esa “izquierda boba” –como ha dado en llamarse- hace el juego de manera infantil a la derecha.
¿Qué pretende el pastor de este gobierno? Mucho me temo que sea solamente pauta, publicidad. Mucho me temo que “la gente indignada” no sea otra cosa que la exigencia de una suma de dólares mensuales que contribuya a las arcas pastoriles.
La extorsión siempre ha sido un arma de la derecha y ahora de los delincuentes. Y eso conlleva una actitud criminosa.



