NARRADOR: Había ocurrido un accidente en el helicóptero...
VOCES: Ay, ay… ¡agárrense!
NARRADOR: El piso de la nave se abrió y los once pasajeros se aferraban a una misma cuerda que colgaba de los patines del helicóptero…
VOCES: ¡Ay, Dios Santo!... ¡agárrense!
NARRADOR: Once pasajeros: diez hombres y una mujer.
VOCES: ¡Nos vamos a caer!
NARRADOR: La cuerda no era suficientemente gruesa como para soportar tanto peso, por lo que decidieron que una persona debía sacrificarse y soltarse. De otro modo, todos caerían.
VOCES: Uno de los once, pero… ¿quién?... No, yo no… Tú… No…
NARRADOR: No se ponían de acuerdo para elegir quién sería la persona que se soltaría para aligerar el peso.
MUJER: Un momento, déjenme hablar.
NARRADOR: La mujer, con voz firme, anunció:
MUJER: Yo me ofrezco voluntariamente… a soltarme de la cuerda.
VOCES: Oh…
MUJER: Después de todo, yo estoy acostumbrada a poner mis intereses en segundo plano, ya que:
Como madre, siempre he dado prioridad a mis hijos.
Como esposa, siempre antepongo los gustos de mi marido a los míos.
Como hija, siempre estuve doblegada ante mi padre.
Como profesional, he permitido que mis jefes se queden con el crédito por mis logros.
Y como mujer…
NARRADOR: Alzó la mirada hacia el infinito y se puso una mano sobre el corazón…
MUJER: ¡Como mujer, mi misión en la vida es sacrificarme por los demás sin esperar nada a cambio!
EFECTO APLAUSOS
NARRADOR: Eufóricos de emoción, los hombres rompieron en aplausos.
VOCES: Ohhh…
MUJER: Moraleja: Las mujeres somos nobles, pero no idiotas.



