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El Salvador, Sábado 26 de Mayo de 2012
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Viernes, 31 de Julio de 2009 / 09:53 h

Funes: un gobierno difícil

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Carlos Girón S.

Quizá pocas personas envidiarían y quisieran estar en los zapatos del Presidente Mauricio Funes sabiendo lo duro, difícil y escabroso que le será el camino que le tocará andar en el ejercicio del Gobierno durante los próximos cinco años por todos los enemigos que le van saliendo al paso, como era de esperarse. Empero, aunque él lo sabía de antemano valientemente aceptó el reto.

Pienso que fue más fuerte e intenso el deseo de servirle y trabajar por el pueblo al que se siente pertenecer, desde un puesto en donde puede contar con herramientas apropiadas para hacerlo, que el miedo que podía haber sentido a las dificultades y los ataques de que sería objeto por el pecado de tener un pensamiento y una ideología no capitalista, no neoliberal, es decir, no explotadora e inhumana como lo han sido los gobernantes anteriores que gobernaron para sí mismos y los poderosos, a quienes les ha dolido al alma que el pueblo les arrebatara de las manos el poder político. No es de dudar que habrán jurado venganza desde el primer momento. Así han comenzado ya a demostrarlo.

La lucha del Presidente Funes tendrá que librarla en tres frentes: o contra tres poderes, contra tres fuerzas que parecen invencibles: la fuerza política, la económica y la de la mayoría de los medios de comunicación social. David contra tres Goliats bravucones. Pero Funes puede estar confiado: tiene como su mejor aliado al gran pueblo luchador y trabajador, la fuerza más grande de este país, sobre cuyos hombros se impulsan de veras el desarrollo y el progreso.

Hay un cuarto adversario contra el que también el Presidente tiene que batallar duramente: unas finanzas del Estado en bancarrota –el mayor logro que pudo tener y heredarle Saca a los salvadoreños. Jamás en la historia patria había sucedido algo semejante. Y eso es algo de lo que legítimamente, sin que nadie se los dispute, pueden enorgullecerse los areneros en general, pues todos ellos han contribuido a esa proeza, comenzando desde luego con los de arriba, los de la sempiterna cúpula.

Ninguno de los tres primeros frentes de lucha u oposición han esperado mucho para emprender sus ataques contra el nuevo Gobierno. Lo que no alcanzan a ver es que todo ataque a los actuales gobernantes va dirigido en realidad contra el pueblo al que ellos legítimamente representan y por el cual han comenzado ya a trabajar y dar muestras de su sinceridad. Son cosas nuevas que irán en verdadero beneficio de los más necesitados.

Dar uniformes, útiles y refrigerios a los escolares de los primeros grados en todo el país; eliminar la “cuota voluntaria” para las consultas y atención médica y hospitalaria en los hospitales y clínicas del Estado; donaciones de 50 dólares al mes a ancianos de los poblados más aislados y pobres del país que jamás habían sido objeto de la menor atención de gobierno alguno.

El Gobierno se ha comprometido también a llevar agua y energía eléctrica a los villorrios abandonados, así como la construcción de miles de viviendas decentes para las familias que viven en champas y ranchos sin ningún servicio. ¿Cómo logrará realizar todo eso si no tiene dinero, si las arcas del Estado las dejaron vacías los areneros? Una de las pocas formas será evitar que siga dándose la evasión fiscal de muchos, por cierto los que más tienen, como ha ocurrido hasta ahora; recuperar los millones en impuestos perdonados a tres de los bancos comerciales del país, que suman buen dinero. Otra medida necesaria e inevitable será el recurrir a préstamos internacionales y gestionar la ayuda de gobiernos y países amigos donde quiera que estén.

Fue afortunada la idea de Funes, cuando era candidato presidencial, de visitar a varios gobernantes de países de nuestra América y de Europa. Lo que le conviene es alzar alto la bandera de la integración política, social y económica de Centro América, pues es lo que la Unión Europea espera y pide para ofrecer más ayuda a nuestros países. No me cabe duda de que Funes sí tendrá la voluntad política para impulsar ese proyecto que poco ha importado hasta ahora y por lo cual las pomposas momias del PARLACEN nunca han dado un paso en concreto.

Los que más le harán la vida imposible al presidente Funes y su Gabinete son, como ya se vio, los medios de comunicación social, que resienten hasta el tuétano el cambio de Gobierno, sin querer aceptar lo que es una ley de la vida y de la historia: el cambio, y en este caso que otros grupos humanos que profesan credos e ideologías políticas diferentes y opuestas a las tradicionales, asuman el compromiso de dirigir los destinos de una Nación.

Es la guerra que le hacen en Bolivia al presidente Evo Morales por su pecado de pertenecer y representar a los indígenas, etnias autóctonas, marginadas y discriminadas por antonomasia en el pasado, condenándolas a la pobreza y la marginalidad. No debe olvidarse que en esta vida nadie es depositario absoluto de la verdad. Y que cada quien tiene el derecho de pensar y actuar conforme a sus ideas, sus ideales, sus deseos toda vez que no atenten contra los derechos de los demás y que no sea en defensa de ambiciones egoístas.

Por el solo hecho de ser Gobierno y, sobre todo, por representar ahora de veras a las grandes mayorías de salvadoreños, el Presidente Funes y su Gabinete merecen respeto, y no sólo eso, también la comprensión y el apoyo de todos los sectores para que pueda remontar los grandes desafíos que representa una gestión gubernamental.

Quienes se sientan salvadoreños de corazón y quieran con el alma la Patria deben renunciar a sus actitudes hostiles y de rechazo al Gobierno de Mauricio Funes.

Mientras, es cosa de aguardar. Tiempo al tiempo. Por sus frutos los conoceréis. 

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